lunes, 4 de enero de 2021

Quinto escrito. Treceava parte. La ruptura.

Isand no necesitaba palabras para dejar claros sus puntos. Líder sagaz pero pésimo orador, motivaba a una legión completa a base de su mirada reluciente de logros y promesas cumplidas. Probablemente por eso, antes de bajar el arma, Master Baku dejó el resto de sus amenazas morir como refunfuños a mitad de la garganta.

-Son mis mujeres, Isand- comenzó.

Mi Lord se irguió con calma y sin un solo rasguño. Observó pensativo al guerrero, luego a Marina, y a mí me pasó por alto. Mientras tanto mi único deseo era ver a mi chica ponerse de pie, sana y salva.

-¡Marina es mía!-reclamé envalentonado de pronto por tener al ángel como escudo.

El carácter de Baku era un mar de altibajos que lo hacían validar sus posturas a los  golpes. Y si no quedaba del todo claro, se encargó de confirmarlo. Tomó de nuevo a la elfa por el cabello mostrándola desnuda y magullada sin que ella pudiera hacer más que paralizarse de miedo. Luego nos regaló una dosis de cinismo en forma de sonrisa.

La curandera se desvaneció en lucecitas celestes y reapareció entre mis brazos.

-Ese truco barato no te servirá de mucho, “mi Lord”. Si ese niñito vuelve a tocar a cualquiera de mis mujeres, lo convertiré personalmente en señorita a punta de espada.

Aunque su tono era venenoso y burlón, no había chiste alguno en sus palabras. Baku estaba más que dispuesto a hacer valer su hombría sobre su harem de soldados.

-Arreglaremos esto en privado- designó el Lord de ZARPA antes de volver hacia mí.-Llévala con Kiire y quédense con él.

Entonces, con mi amada tiritando escondida en mi abrazo, el Grand Master se alejó hasta perderse de vista en el horizonte nevado. Gracias a los dioses, Baku iba tras él.

 

El resto de la jornada transcurrió con tortuosa lentitud. Mi compañera descansaba completamente recuperada de sus heridas, aunque sin mirarme ni dirigirme palabra. De alguna forma todo terminó en ella enojada conmigo, cuando ni remota idea tenía yo del porqué. Nunca entenderé a las mujeres. Si hubiera podido protegerla lo habría hecho y Baku no sería más que un despojo humano por la paliza que hubiese recibido.

Señor Soul Master, claro… Ni yo me lo creía.

 

Al amanecer del día siguiente, no tuve más remedio que regresar al campamento. El colmo sería ser reprendido por no cumplir mis tareas. Esas papas no se pelarían solas. Con apenas unos minutos de sueño encima mis ojeras contrastaban con la blancura del paisaje. Qué aspecto miserable debí dar.

Tomé mi puesto y comencé con la labor limitando mis palabras a “holas” cordiales. Tampoco es que mi estado de ánimo importase a alguien.

-¿Se han marchado?- creí escuchar.

-No, saldrán en unos minutos, son muchos para simplemente partir- confirmé estar oyendo junto a mí.

-Parece que algunos abandonarán la alianza para quedarse con nuestro Lord- decía una invocadora de cabello violeta cuando miré hacia ellos.

Entonces me levanté de un salto (volcando el recipiente donde guardábamos las cáscaras de papa y demás restos de comida), pregunté un nervioso “¿Qué ocurrió?”, y salí corriendo sin esperar respuesta. Si era lo que me temía, la alianza estaba disuelta y Marina sería arrebatada de mis brazos.

Correr en la nieve con semejante estado de nervios es una proeza, pero mis tropezones y mi tobillo doblado no me impedirían llegar donde el grupo de al menos ciento cincuenta soldados que hacía unas horas eran nuestros leales aliados, se preparaban para partir y no volver.

Ante ellos Master Baku y delante de todos, Isand con sus alas relucientes.

-¿Qué pasó, mi Lord?- pregunté interrumpiendo todo atisbo de ceremonial y protocolo.

El guerrero me observó con una sonrisa ladina para luego dirigirla de nuevo al Señor de ZARPA.

-Piénsalo bien, Isand. Perderme a mí es perder un cuarto de tus tropas. No es mucho lo que pido a cambio.-dijo a sabiendas que tenía que ver conmigo.-Ese mocoso, pupilo de Kiire, ha ultrajado a una de mis mujeres. Préstalo para que compense a mis hombres y el asunto estará saldado.

“¿Qué?” Temblé aterrado ante la sola idea. ¿Ese era el trato? ¿Para que ZARPA no perdiera su alianza debía violarme medio ejército? Si me mantuve firme y callado fue a causa del terror. Temblaba por dentro creyendo que de abrir la boca saldrían sollozos.

Quise rogar perdón. Perdón a todos, pero algo se gestaba dentro de mí. Una sensación mezcla de justicia y orgullo. Puro orgullo en realidad. Marina era mi chica, ella tenía todo el derecho de estar conmigo si así lo quería. No tenía que pedir permiso a ese engendro enano bolsa de músculos sin cerebro.

-Váyase, Mater Baku, gracias por su colaboración, pero no negociaré nada más.

Una vena latía de rabia en los labios del guerrero quien sabía perfectamente que al irse también perdería a muchos de los suyos.

-Está bien, quédate con ese montón de traidores.-gruñó el ego de Baku antes de sentenciarme de nuevo con su atención.-Dile adiós a mi mujer. Marina se viene conmigo, pequeño parásito.

Isand podía defender mi vida, pero no mi dignidad, si quería decir algo tendría que hacerlo solo. Avancé hecho una bola de furia pero con cierta seguridad en mis palabras.

-¿No que podían elegir si quedarse?

-Y he elegido no hacerlo.

Volteé hacia la voz suave pero firme de la mujer que acababa de hablar. No solo vi que Isand se alejaba dando por terminado el asunto, sino que, mucho más importante, Marina avanzaba junto a Master Baku y tras ordenar este “En marcha, no tenemos nada más que hacer aquí”, todos retiraban en silencio.

Un silencio más frío que la misma nieve, más frío que mis lágrimas congeladas, mientras mi último recuerdo de ella fue su larga melena rubia perdiéndose para siempre entre soldados y horizonte.