martes, 29 de septiembre de 2009

Cuarto escrito. Segunda parte. El bar de Lorencia.

La ciudad de Lorencia es sumamente alegre durante el día. Mucha gente caminando de un lado a otro comprando cosas, conversando y riendo. Allí se vende de todo, recuerdo haber comprado varias chucherías o, más bien, mandado a comprar ya que no me dedico a esas tareas.
Era un día particularmente agradable, el cielo estaba celeste, las nubes blancas y esponjosas. Para mi gusto hacía demasiado calor, al haber pasado la mayor parte de mi vida en Devias cualquier temperatura superior a los veinte grados logra que transpire. Mas nada intolerable, estuve en el desierto de Tarkan algunas veces y sobreviví, sin duda podría con esto.
Caminé durante más o menos una hora, la fuente de Lorencia no debía quedar muy lejos. Finalmente llegué. Selena me esperaba sonriente, de pie, junto a la linda fuente de agua cristalina, no traía su armadura sino un vestido sencillo color rojo con puntillas y volados color crema. La pollera tipo enagua, que llegaba justo sobre las rodillas de la elfa, la hacía verse encantadora. No se mucho de indumentaria femenina, pero sin duda lucía preciosa. Su cabello dorado brillaba bajo el sol.
Por mi parte decidí ir vestido un poco más cómodo de lo habitual, me saqué el escudo de ZARPA del brazo, las alas y la armadura. Sólo portaba mi acostumbrado atuendo negro. Botas y guantes largos, pantalón oscuro y la parte superior con cola y mangas largas.
Me acerqué a ella, intenté besarla pero sus labios esquivaron el beso que terminó en su mejilla.
-Bueno, Selv, Lord de ZARPA -rió -¿Listo para el desafío? Si tienes miedo, lo entenderé.
-¿Miedo, yo? No me hagas reír.
-Ven, sígueme entonces- dijo al tomar mi mano y caminar conmigo unos pocos metros hasta llegar a la entrada de un bar bastante grande y lindo.
Entramos, el bar era todo de madera y sin duda acogedor. Tras la barra una chica rubia atendía sonriente a un montón de hombres que la miraban de manera algo lujuriosa. Selena la saludó.
-Hola, Lumen. ¿Haz visto a papá?
-Ya viene, fue a correr a unos borrachos de la entrada. Espantaban a los clientes- contestó la candente chica del bar.
-¡Selena! - dijo una voz gruesa y alegre de pronto tras de mí.
Se trataba de un hombre petizo, bastante gordo, con pelo canoso y abundante bigote blanco. Me apartó de su camino como si yo fuese un perchero y comenzó a conversar con mi amante.
-Si, papá, estoy bien. Soy una chica fuerte- decía Selena.
¿Papá? Pobre la madre pensé. Que suerte que le tocaron los buenos genes a mi elfa. Selena lo tomó del brazo cariñosamente, al igual que todo lo que hace, y lo giró hasta dejarlo de frente a mí.
-Pa, te presento a...
-¡¿Y ese quien es?! Mirá que si es tu novio, lo voy a...
-No, papá no es mi novio- bufó -¿Podrías dejarme terminar?- agregó con una dulce carita de fingido enojo.
-Menos mal, es muy viejo para vos.
Insolente resultó el viejo. Cómo... CÓMO SE ATREVE. Tengo a penas veintisiete años, estoy en la flor de la vida. Además, soy un buen partido para cualquier muchacha ¿qué se creía ese anciano? No, Señor, eso no se iba a quedar así. Le iba a decir quien era yo y luego le partiría el trasero de un Nova.
-Óigame, Señor, yo soy nada más y nada menos que...
-Tu nuevo mozo- interrumpió Selena.
-¡¿Mi nuevo qué?!
¡Su nuevo qué! Fue un golpe bajísimo de parte de la elfa. Qué iba a hacer... si rechazaba el reto, tendría que servirle toda la semana y, peor aún, admitir que ella tenía la razón. No me creo superior a nadie, pero ser mozo...
-¿Y papá? ¿Qué dices?
-Mmmmm, pues no sé. Sabés Selena que la gente les tiene un poco de miedo a las razas de combate. Con todos los asesinos que hay por ahí sueltos. Tu amigo no es un Dark Wizard cualquiera, es un Soul Master.
-Pero, papá. Es sólo por este fin de semana. Podemos disfrazarlo- insistió poniéndose algo melosa.
El hombre gordo me pidió que aguardara y se alejó junto a Selena. Tomé asiento y pedí algo de beber mientras esperaba. Llevaba mucho tiempo sin sentirme tan tranquilo y cómodo rodeado de tanta gente.
Cómo habría sido mi vida si hubiese nacido humano. Son esas cosas que jamás podré saber...
Estaba por mi tercer trago, uno color rosa llamado Remedio de amor, cuando el enano volvió.
-Bienvenido, mago. Comienzas esta noche -dijo extendiendo su mano la cual miré extrañado.
La elfa de vestido rojo me indicó con los ojos que debía aceptar el apretón. Pero nunca había estrechado la mano con un civil. Dudoso extendí la mano y cerramos el trato.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Cuarto escrito. Primera parte. Encuentro en el castillo de Devias.

Descansaba el cuerpo sentado cómodamente en un suave pero avejentado trono, en el abandonado y congelado vestíbulo de un castillo. La deteriorada alfombra roja se abría camino ante mí, bajo varias columnas caídas, en casi una completa oscuridad sólo violada por pequeños destellos de luz lunar que se colaban por las rajaduras del techo, hasta la enorme puerta de madera a la cual las ratas habían dado ya sus habituales tratos. Aquel lugar, tan prohibido entonces, es ahora otra de mis más frecuentadas guaridas. Es enorme y callado, ideal para estar solo. Los novatos no se aventuran por aquí convirtiendo así este lugar en un refugio para muchos asesinos poderosos. Mas el castillo es demasiado grande para que nos crucemos con alguno y, si bien estoy bastante a la vista, no les temo a esos truhanes.
El viento se escuchaba por sobre los chillidos de los ratones pero algo más se oyó de pronto. Las inconfundibles pisadas de una armadura, extinguí las luces de mis hechizos y aguardé en silencio. Mis ojos verdes escudriñaban la noche.
-¡Sé que estás ahi!- dijo quebrando el silencio una voz de mujer.
No contesté. Podía ver a la elfa, con su deslumbrante armadura roja conocida como Red Spirit, parada justo en frente de mí. Únicamente una columna caída nos separaba.
-Como quieras- dijo.
Le bastó un segundo para tomar su enorme arco y lanzar una flecha luminosa que, gracias a un rápido movimiento de mi parte, se clavó a pocos centímetros de mi cabeza.
-¿Y bien, mago? ¿Sigues pensando que no sé dónde estás? - rió.
Un instante se iluminó a sí misma al ponerse bajo un rayo de luna mas siguió avanzando hacia mi dirección. Saltó sobre la columna, como si su cuerpo no tuviese peso alguno, y elegante cual tigresa caminó firme hacia mí. Al llegar a mi lado se inclinó un poco y con sus delicados dedos recorrió mi mejilla bajo el casco.
-Estaba deseosa de verlo, Lord de ZARPA - susurró antes de unir sus carnosos labios a los míos en un sensual beso.
Me saqué el casco con desesperación y mis manos se dirigieron de inmediato a sus suaves y desnudas piernas a las cuales la armadura no intentaba cubrir. Cada vez que aquella elfa susurraba "Master, mi Master" sobre mi cuello se me erizaba cada célula de la piel. Al sentarse ella sobre mis piernas noté que las armaduras y la pasión no se llevan bien. Desesperado como lobo en celo me puse de pie, sin dejar de besarla, con la intención de despojarme de todo lo que pudiese interponerse entre nosotros.
-Calma, mi Master, calma - susurró con la voz más hermosa y sensual que puedan imaginar antes de arrodillarse ante mí y sacarme la parte baja de mi armadura.
Suavemente le quité su casco para poder apreciar su largo cabello dorado, ondulado y largo hasta pasados sus glúteos. Ella tomó luego mi pantalón y lentamente lo bajó hasta mis rodillas. La deseaba tanto... Sentir sus cálidas bocanadas de aire sobre mi hombría ahora descubierta me volvía loco.
Cuando sus labios y su lengua se dedicaron a cumplir mi deseo, un grito de placer se escapó de mí antes de caer sentado sobre el trono y dedicarme a acariciar los dorados cabellos de mi gatita sedienta.
Sentado en aquel trono, en un castillo completamente para mí, con la elfa asistente del Master de un conocido clan satisfaciéndome y llamándome "mi Master", me sentía en la cima del mundo.
De todos modos contaré lo que ocurrió luego de aquel encuentro. Satisfechos, creo, los dos, nos encontrábamos sentados juntos en el trono. Selena, la elfa, descansaba acurrucada en mis brazos, completamente desnuda. La luna dejaba ver sus perfectas curvas. Yo por mi parte me encontraba totalmente vestido pero sin mi armadura. La única parte de esta que no yacía en el piso eran las botas.
Tras recobrar el aliento y enfriarnos, literalmente ya que helaba allí, Selena comenzó a vestirse. Mis ojos no podían despegarse de su entrepierna, aquellos vellitos tan suaves me encantaban. Ella lo sabía y aprovechaba cada ocasión para mostrarse ante mí. Si seguía acariciándose de ese modo al vestidse pronto estaría desvestida de nuevo.
Ya vestidos nos pusimos a conversar. Ella tomó asiento sobre la columna, permanecí en el trono.
-Ven, Selv, siéntate conmigo - sonrió invitándome a su lado.
-Estoy cómodo así - contesté.
-Tengo un cargo importante también, además soy tu amiga - dijo bajando la mirada. -Es algo incomodo hablar contigo si estás ahi sentado.
-No digas tonterías. No es para tanto.
-Sino es para tanto, ven. Siéntate aquí y yo en el trono.
De muy mala gana me levanté y me senté junto a ella. Mas cumplió su promesa y se sentó en el trono. Sentí de pronto como un puñal en el pecho, me sentía incómodo al límite y cuando eso ocurría era que un Nova estaba por venir. De pronto, antes de darme cuenta, lancé mis estacas de hielo sobre ella quien las esquivó de un salto. Aun en el aire ella tomó su arco y lanzó varias flechas luminosas hacia mí. Tuve suerte de poder teletrasportarme a tiempo, pero un descuido hizo que la elfa terminase detrás de mí con una de sus flechas apuntándome directamente a la nuca.
-Ríndete, mago- amenazó.
-De acuerdo.
Mas cuando bajó el arco me teletransporté lejos de ella e hice brotar del suelo una torre de fuego justo bajo sus pies. Sin duda logré tocarla pero aquellas chispas fueron mi sentencia de muerte. Únicamente vi una luz y luego sentí mucho dolor.
Cuando pude darme cuenta que tenía varias flechas atravesadas en el cuerpo, todas goteando sangre, supe lo que había ocurrido. Selena, sentada a mi lado, hizo desaparecer las flechas y sanó mis heridas del mismo modo en que Blanie lo había hecho tantas veces.
-No puedes con tu ego, Selv. Te crees superior a todos y no es así.
-No es cierto - dije encaprichado y furioso de haber sido derrotado tan fácilmente.
-Algún día te meterás en problemas. Lo digo por tu bien - dijo para luego besarme en la frente.
-No es verdad, no me creo mejor que nadie. Soy como todos los demás, una persona común.
Se notaba que Selena estaba al borde del hartazgo pero de pronto sonrió. Esa sonrisa maliciosa que sólo tienen las mujeres.
-Te hago una apuesta, Selvheen, Lord de ZARPA. Si tú ganas, puedes pedirme lo que quieras. Si yo gano te unirás a mi clan una semana y estarás a mi servicio.
-De acuerdo ¿Qué debo hacer? - pregunté curioso y desafiante, seguro de que podría ganarle.
-Nos vemos mañana a esta hora en la fuente principal de Lorencia. Allí te contaré.
Nos dimos la mano para cerrar el trato, nos miramos un rato a los ojos y supe por su mirada traviesa y el furtivo beso que me dio que haríamos de nuevo el amor antes de despedirnos aquella fría noche en el castillo Este de Devias.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Tercer escrito. Última parte. El traidor.

Como si mi vida estuviese en juego, y así era, invoqué altísimas columnas de fuego que brotaron de la piedra cual dragones. Los aros de fuego aún me envolvían y, al ver que las columnas resultaban inútiles, decidí concentrar toda mi energía en ellos.
Sircancer embestía como un toro a la imponente puerta mas esta no se movía un ápice. Pude sentir algo de desesperación en el aura de aquel guerrero que, de pronto, tomó distancia de la puerta y, luego de respirar profundamente, arremetió contra ella con sus dos brillantes espadas.
El Blade Knight abrió los ojos para contemplar si había conseguido algo con su arremetida. De inmediato notó una tercera espada, mucho más ancha que las suyas, incrustada también en la madera. Se trataba del sujeto pelirrojo que vimos en la entrada. A penas pude verlos ya que me encontraba luchando mano a mano con las criaturas a la vez que Blanie sanaba una y otra vez mis heridas.
El pelirrojo Magic Gladiador y Sircancer continuaron abalanzándose sobre la desgraciada puerta. Ambos bañados en sudor y con la mente fija en aquel inmenso montón de madera. Hasta que de pronto el puente tembló...
Blanie y yo nos sobresaltamos ante el estruendo que acompañó al temblor, volteamos y vimos que la puerta había sido derribada.
El misterioso sujeto de armadura violeta se escabulló entré las criaturas tras la puerta desapareciendo tan rápido como apareció.
-¡Vamos!- ordenó Sircancer internándose entre unos enormes seres negros con largos brazos y manos enormes.
Aquellas nuevas criaturas negras, sin ojos y de apariencia animal corrían encorvadas pero veloces tras Sircancer y el desaparecido Gladiador. Con la elfa avanzamos nuevamente como pudimos tratando de seguirle el paso a nuestro guía. El tiempo y las fuerzas se nos agotaban y aún no encontrábamos la espada. Para colmo ignorábamos cuantas criaturas nos faltaba matar para volver a nuestra época.
Luego de unos metros se mostró ante nosotros una pequeña escalera y a su final un pequeño altar donde la espada del Arcángel relucía. Pero quedamos atónitos al ver que el Magic Gladiador se nos había adelantado y era él quien la esgrimía.
-Maldición- dijo por lo bajo Sircancer mientras el pelirrojo volvía hacia el puente cortando cabezas de demonios con toda la facilidad del mundo gracias a su nueva espada.
El sonido poderoso y abrasador de unas campanas nos recordó de pronto que no nos quedaba tiempo.
-Olvídalo, Sircancer. Tenemos que regresar - dije intentando lograr que el guerrero entrase en razones.
Dando un último resoplido el master de Cancer se resignó y me siguió de regreso. La puerta caída no estaba lejos así que rápidamente estuvimos de nuevo en la entrada del castillo. El Gladiador nos sonrió de manera burlona desde allí.
-¿De qué te ríes, desgraciado? Jamás llegarás al comienzo a tiempo. No podrás matar a tantos- atacó Sircancer.
-¿Ah, no? - sonrió mientras desaparecía ante nosotros mágicamente y rodeado por una luz azul claro.
-¿Cómo ray... - dije mientras esquivaba los espadazos de los demonios.
En ese momento lo recordé. Los malditos Dark Lords de la entrada... Ellos muy probablemente estaban aliados con él y lo habían teletransportado al inicio junto a ellos con su hechizo Summon. Tramposos, desgraciados, egoístas. Mas de nada sirvió quejarme.
Para nuestra fortuna, fue más fácil el camino de regreso que el de ida. Las criaturas, conmocionadas por el robo de la espada, parecieron perder el interés en nosotros haciendo más fácil la tarea de arrojarlas del puente.
Luego de mucho dolor y varios golpes pudimos distinguir el comienzo del puente. Allí se encontraban los dos Dark Lords, en sus caballos, matando criaturas desde la seguridad de la tierra firme. Todo quedó claro... mientras el Gladiador buscaba la espada los caballeros de verdiazul se encargaron de matar las criaturas necesarias para el retorno.
-¡AAAAAAAAAAH!
Un segundo de distracción y una de las criaturas lanzó a Blanie al abismo de un espadazo salpicando mi armadura con su sangre. Y, aunque reaccioné, no pude sostener a mi amiga a tiempo.
-¡¡¡BLANIE!!!- grité con el corazón paralizado a medida que el grito de mi elfa se perdía en la oscuridad.
-No te preocupes, Selvheen, estará bien. Debemos regresar- dijo Sircancer de manera firme pero comprendiendo mi dolor.
Intenté avanzar para poner un pie en tierra firme.
-¿A dónde crees que vas, maguito de cuarta?
No tuve tiempo de reaccionar, la sorpresa fue tal que cuando entré en razón supe que la enorme espada del Gladiador había atravesado mi estómago de lado a lado. Comenzó a nublárseme la visión y, antes de poder hacer nada, una de las criaturas me arrojó del puente. Lo último que vi mientras caía fue al master de mi alianza peleando a muerte con un Magic Gladiador y dos Dark Lords.

Una lengua babosa me empapó la cara. Curiosamente mi cara era lo único que sentía. Abrí los ojos y vi a Chester casi sonriente ante mí.
-Despertaste, pájaro - dijo una voz familiar.
Me senté y pude ver que me encontraba en algún lugar perdido de Devias donde los vientos eran medianamente controlados por pequeños pinos. Blanie y Sircancer estaban frente a una pequeña fogata cuyas llamas hacían relucir sus armaduras de manera vivaz. Sacudí la nieve de mi set, me puse de pie y me senté junto a ellos. La herida en mi vientre se había esfumado.
-¿Sircancer, qué sucedió?- me aventuré a preguntar segundos después.
Blanie me susurró al oído que el guerrero no se encontraba de humor. La proximidad sus cálidos labios a mi oreja y el cosquilleo que me produjeron cuando habló resultaron interesantemente placenteros.
Hablamos poco y no pasó media hora hasta que nos despedimos. Blanie montó conmigo a Chester y abrazados partimos de regreso a casa. Sircancer, prometiendo que estaría bien, se aventuró solo entre la nieve y la ventisca.
Luego de varias horas de viaje llegamos a la ciudad y nos detuvimos frente a una acogedora casita de madera de roble cuya ventana superior aún se encontraba abierta. El sol amenazaba con salir y el rocío de la mañana cubría las calles.
Un último beso en la mejilla, varias risitas y con la agilidad de un leopardo Blanie trepó a su habitación.
La calle quedó en silencio y, a hurtadillas como vine, a hurtadillas me retiré.