La ciudad de Lorencia es sumamente alegre durante el día. Mucha gente caminando de un lado a otro comprando cosas, conversando y riendo. Allí se vende de todo, recuerdo haber comprado varias chucherías o, más bien, mandado a comprar ya que no me dedico a esas tareas.
Era un día particularmente agradable, el cielo estaba celeste, las nubes blancas y esponjosas. Para mi gusto hacía demasiado calor, al haber pasado la mayor parte de mi vida en Devias cualquier temperatura superior a los veinte grados logra que transpire. Mas nada intolerable, estuve en el desierto de Tarkan algunas veces y sobreviví, sin duda podría con esto.
Caminé durante más o menos una hora, la fuente de Lorencia no debía quedar muy lejos. Finalmente llegué. Selena me esperaba sonriente, de pie, junto a la linda fuente de agua cristalina, no traía su armadura sino un vestido sencillo color rojo con puntillas y volados color crema. La pollera tipo enagua, que llegaba justo sobre las rodillas de la elfa, la hacía verse encantadora. No se mucho de indumentaria femenina, pero sin duda lucía preciosa. Su cabello dorado brillaba bajo el sol.
Por mi parte decidí ir vestido un poco más cómodo de lo habitual, me saqué el escudo de ZARPA del brazo, las alas y la armadura. Sólo portaba mi acostumbrado atuendo negro. Botas y guantes largos, pantalón oscuro y la parte superior con cola y mangas largas.
Me acerqué a ella, intenté besarla pero sus labios esquivaron el beso que terminó en su mejilla.
-Bueno, Selv, Lord de ZARPA -rió -¿Listo para el desafío? Si tienes miedo, lo entenderé.
-¿Miedo, yo? No me hagas reír.
-Ven, sígueme entonces- dijo al tomar mi mano y caminar conmigo unos pocos metros hasta llegar a la entrada de un bar bastante grande y lindo.
Entramos, el bar era todo de madera y sin duda acogedor. Tras la barra una chica rubia atendía sonriente a un montón de hombres que la miraban de manera algo lujuriosa. Selena la saludó.
-Hola, Lumen. ¿Haz visto a papá?
-Ya viene, fue a correr a unos borrachos de la entrada. Espantaban a los clientes- contestó la candente chica del bar.
-¡Selena! - dijo una voz gruesa y alegre de pronto tras de mí.
Se trataba de un hombre petizo, bastante gordo, con pelo canoso y abundante bigote blanco. Me apartó de su camino como si yo fuese un perchero y comenzó a conversar con mi amante.
-Si, papá, estoy bien. Soy una chica fuerte- decía Selena.
¿Papá? Pobre la madre pensé. Que suerte que le tocaron los buenos genes a mi elfa. Selena lo tomó del brazo cariñosamente, al igual que todo lo que hace, y lo giró hasta dejarlo de frente a mí.
-Pa, te presento a...
-¡¿Y ese quien es?! Mirá que si es tu novio, lo voy a...
-No, papá no es mi novio- bufó -¿Podrías dejarme terminar?- agregó con una dulce carita de fingido enojo.
-Menos mal, es muy viejo para vos.
Insolente resultó el viejo. Cómo... CÓMO SE ATREVE. Tengo a penas veintisiete años, estoy en la flor de la vida. Además, soy un buen partido para cualquier muchacha ¿qué se creía ese anciano? No, Señor, eso no se iba a quedar así. Le iba a decir quien era yo y luego le partiría el trasero de un Nova.
-Óigame, Señor, yo soy nada más y nada menos que...
-Tu nuevo mozo- interrumpió Selena.
-¡¿Mi nuevo qué?!
¡Su nuevo qué! Fue un golpe bajísimo de parte de la elfa. Qué iba a hacer... si rechazaba el reto, tendría que servirle toda la semana y, peor aún, admitir que ella tenía la razón. No me creo superior a nadie, pero ser mozo...
-¿Y papá? ¿Qué dices?
-Mmmmm, pues no sé. Sabés Selena que la gente les tiene un poco de miedo a las razas de combate. Con todos los asesinos que hay por ahí sueltos. Tu amigo no es un Dark Wizard cualquiera, es un Soul Master.
-Pero, papá. Es sólo por este fin de semana. Podemos disfrazarlo- insistió poniéndose algo melosa.
El hombre gordo me pidió que aguardara y se alejó junto a Selena. Tomé asiento y pedí algo de beber mientras esperaba. Llevaba mucho tiempo sin sentirme tan tranquilo y cómodo rodeado de tanta gente.
Cómo habría sido mi vida si hubiese nacido humano. Son esas cosas que jamás podré saber...
Estaba por mi tercer trago, uno color rosa llamado Remedio de amor, cuando el enano volvió.
-Bienvenido, mago. Comienzas esta noche -dijo extendiendo su mano la cual miré extrañado.
La elfa de vestido rojo me indicó con los ojos que debía aceptar el apretón. Pero nunca había estrechado la mano con un civil. Dudoso extendí la mano y cerramos el trato.