sábado, 13 de junio de 2015

Mi guardaespaldas pelirrojo (Concurso Webzen)

Nos conocimos en la puerta de Lorencia por la época en la que yo todavía era un novato feliz con mi Set Legendary +6+12+luck. Mgxviolinx era uno de los PK más poderosos que había visto hasta ese entonces, mataba novatos como si fueran insectos. Me sorprendía que el Guard no le hiciera ni cosquillas. Fue amor a primera vista.
Cuando la masacre terminó y solo quedamos él en las afueras y yo en la Safe Zone comenzamos a hablar.
-Sos increíble, ojalá yo fuera tan fuerte- recuerdo haberle dicho.
Se rió y me ofreció ir a Icarus diciéndome que no tuviera miedo, que él me cuidaría. Cumplió con su promesa. Yo en mi Dinorant y él con sus segundas alas. Ni un mob me hizo daño.
Desde entonces se convirtió en mi guardaespaldas, me cuidaba de todos los PKs y siempre estuvo cuando lo necesité. Pronto la amistad se volvió más íntima y los piropos a escondidas de todo el mundo comenzaron a llegar. Letters, chats privados y whispers cariñosos. Como ese momento yo era Lord de un guild llamado ZARPA mientras que él era un rebelde sin causa, nuestra relación no podía de ningún modo conocer la luz. Sin mencionar las burlas que tendríamos que soportar por ser un Soul Master y un Magic Gladiador.
Solo puedo decir que gran parte de mis mejores momentos en el MU fueron a su lado. Hoy en día él ya no juega, pero los recuerdos no me los quita nadie. Ese Magic Gladiador arrogante se hizo un lugar en mi vida.

(English version translated by Webzen)

We met at the gate by Lorencia, when I was still a happy rookie with my Legendary Set + 6 + 12 + luck. Mgxviolinx was one of the most powerful PK I had seen until then, killing newbies like insects. I was surprised that the Guard could not even tickle him. It was love at first sight.
When the slaughter ended, he stayed alone on the outskirts of the Safe Zone and we started talking.
“You're Amazing, I wish I was as strong.”
He laughed and offered me to go to Icarus telling me not to be afraid, that he would look after me, and he kept his promise. Me on my Dinorant and he and his second wings, not a single mob hurt me.
Since then he became my bodyguard, taking care of all the PKs and always there when I needed. Friendship soon became more intimate and compliments sneaking around the world began to arrive. Letters, private chats and loving whispers. Since that time I became Lord of a guild called ZARPA while he was a rebel without a cause, our relationship could not possibly know the light. Not to mention the ridicule that would have to bear for being a Soul Master and Magic Gladiator.
I can only say that much of my best moments in the MU were at his side. Today he no longer plays, but the memories will always be there. That arrogant Magic Gladiator became a place in my life.

domingo, 17 de mayo de 2015

ÍNDICE

A pedido de algunas personas dejo un índice que se irá actualizando a medida que se suban publicaciones.

En los próximos meses la Bitácora sufrirá algunos cambios y se extenderá más allá de los escritos de Selvheen. Se van a sumar historias en universos y líneas de tiempo alternas, además de relatos escritos por otros personajes o en tercera persona.

Sin más que decir. Dejo el Índice.


BITÁCORA DE SELVHEEN

PRIMER ESCRITO Primer escrito(Completo)

SEGUNDO ESCRITO La tintorería (Completo)

TERCER ESCRITO (Completo)

Primera parte. Noche de luna llena

Segunda parte. La procesión

Tercera parte. El puente

Última parte. El traidor

CUARTO ESCRITO (Completo)

Primera parte. Encuentro en el castillo de Devias

Segunda parte. El bar de Lorencia

Tercera parte.

Cuarta parte. Los clientes

Quinta parte. El día dos

Última parte. El final de la apuesta

QUINTO ESCRITO (En proceso)

Primera parte. Hace mucho tiempo en Lorencia

Segunda parte. Desconocidos

Tercera parte. Viajando

Cuarta parte. La bienvenida

Quinta parte. Aguas terminales y El valle de los recuerdos

Sexta parte. Selvheen el Dark wizard

Séptima parte. Retorno al clan

Octava parte. La misión

Novena parte. El encargo de Sevina

Décima parte. Lost tower

Onceava parte. El ángel

Doceava parte. Marina

jueves, 14 de mayo de 2015

Quinto escrito. Doceava parte. Marina.

“Un ángel con alas de oro, diez, estoy seguro que eran diez. Entonces la piedra en mi pecho. Obvio que no tuve miedo y cuando ¡Bang! El cabello nuevo y largo. No, un poco, pude vencerla si hubiera querido, pero” esto, pero lo otro…

Kiire sonreía con orgullo que rayaba lo paternal mientras caminábamos sobre una capa de nieve fina que, como una alfombra blanca, se desenrollaba dándonos la bienvenida a Devias.
De alguna forma ambos sabíamos lo ocurrido en el pueblo o, al menos, que mi relato de los hechos no era del todo confiable. Pero qué más daba, estaba tan feliz que me recuerdo brincando y cayendo en pozos ocultos bajo la blancura. La dicha no se debía tan solo al deseo de llegar pronto y comer hasta que la armadura no entrase. Mi apuro era por algo más cercano al reencuentro con un par de ojos claros eternamente jóvenes.
-Sifin estaba segura de que lo lograrías- comentó mi maestro.
-¿Y Zoutah?- fruncí  el ceño esperando que el Soul Master dorado dijese que el guerrero era quien más fe me tenía.
-No recuerdo.
Otra mentira descarada de la que ambos fuimos cómplices. Aunque en el fondo de mi ser siempre sabré que el guerrero confiaba (incluso más que yo) en mis aptitudes, a esa edad necesitaba oírlo a cada rato.
De cualquier manera, lo importante en ese momento era que Marina lo supiese tan pronto como fuera posible. Marina. Luego de todo lo ocurrido, su recuerdo se mantiene intacto.
Aunque todas las elfas por su raza tengan ojos de cielo, los suyos eran los únicos que me importaban.
No podía esperar a que viese por sí misma que Selvheen (sí, ese mismo Selvheen que hacía unos días discutía acaloradamente sobre nueces y salsas con los cocineros) era un Señor Soul Master hecho y derecho.

No hablé mucho de esa  atrevida elfa de energía, soldado al mando de Master Baku, llena de miradas juguetonas que me enloquecían, por no considerarlo pertinente. Había muchas cosas que trastornaban mis hormonas juveniles por aquel entonces. La elfa era la más recurrente de todas.
La primera vez que nos vimos fue en las termas, cuando erguido ante a ella mi cabeza quedaba justo bajo la sombra de sus pechos.
Si no fuimos más lejos del mero coqueteo adolescente, fue por un gran impedimento parte de las reglas del clan. ZARPA tenía una “regla sagrada” particularmente clara con respecto de las relaciones físico-amorosas de sus soldados. Absoluta castidad durante las campañas.
Aunque esa regla, entre tantas otras, me indignase, nunca renegué de ella abiertamente con nadie. Ni siquiera con mi maestro.

El sexo y los arrumacos no eran tema de conversación entre Kiire y yo. Me daba vergüenza confesar que mi cuerpo dejaba de ser el de un niño. Dormir entre sus brazos me hacía feliz y por momentos detesté desear algo distinto. Por otra parte, desde que conocía al mago dorado, jamás supe algo de su vida amorosa. Mientras que Sifin y Zoutah eran una pareja increíble que todos conocían, tanto Kiire como el Lord permanecían en el misterio.
Conclusión, creo que el perfeccionamiento de habilidades para el combate no fue lo único positivo durante esos solitarios meses de entrenamiento.
El invierno eterno de Devias también ayudaba siendo un bálsamo para las urgencias del cuerpo. No resultaba sencillo contenerse sobre todo teniendo una chica tan despampanante como la que tuve.
“No, no, cuando seas un Soul Master, antes no” me decía constantemente cuando mis caricias la buscaban mejor. Ninguna elfa en su sano juicio entregaría sus encantos vírgenes al pelapapas de turno.
Solo los dioses saben cómo con cada día que transcurría el andar de sus caderas se volvía más hipnótico, mientras que yo luchaba en vano por atravesar la barrera de los besos con ella. Esta vez no se me escaparía.

-¡Selvhi, mi amor, mírate!
Fue entonces que Sifin me arrancó de mis pensamientos tomándome en brazos y alzándome como a un bebé. Era más alta que yo y al parecer eso le daba mucha ternura. Entre sonoros besitos, ante los que intenté en vano mostrarme recio, ella me tocaba el pelo, la espalda, la cara y de nuevo el pelo. Zoutah estaba tras ella, sonreía satisfecho por el logro. El logro de Kiire.
-Bien hecho, mago- felicitó el guerrero.
-Gra…-iba a responder cuando mi maestro se adelantó.
-Gracias, Zoutah- agradeció el asistente de ZARPA mientras recibía una palmada apremiante de su compañero de dos metros.
Suspiré todavía entre los brazos de la Battle Master quien se negaba a separarse de mi cabello. No podía culparla, realmente tengo una melena suave y sedosa, sin embargo en ese momento me sentí un grandísimo tonto creyendo que todo lo sucedido era logro mío.  Mantuve baja la mirada observando el reflejo de mis ojos verdes en el pecho celeste de la armadura femenina, aceptando que, muy a mi pesar, el mérito por ser excelente aprendiz no valía nada sin un buen maestro. Sin Kiire, ser un Soul Master, ser ayudante de escudero, pelar las verduras de los soldados, o estar vivo siquiera, me era inalcanzable.
Los besos y caricias sobre mi pelo fueron reconfortantes a pesar del repentino vacío que revolvió mi estómago.
-Muchacho, me alegra que lo hayas conseguido. El Lord estará muy orgulloso- felicitó el dragón dándose cuenta, quizá, de lo mal que me sentí.
“¿Orgulloso de mí o de Kiire?” No importaba, forcé una sonrisa y asentí. Dije algo relacionado con ir a dar una vuelta, estar cansado y algo más por el estilo.
Recién cuando estuve lejos pateé la nieve, un berrinche silencioso era lo máximo que podía permitirme. ¿Qué venía luego? ¿Marina felicitando a mi maestro y acostándose con él? Sería el colmo.
A pesar de saber que semejante idea era una tontería, el deseo de ver a mi chica se desvanecía con cada paso.


Caminé hasta donde unos pinos cerraban el camino del viento. Esas arboledas eran el símil de un oasis en los desiertos. Algo de pasto, un poco de agua sin escarcha y algunos frutos raros, seguramente duros como una piedra, que nunca me atreví a probar. Me quité la armadura y la observé un momento. Ni un solo rasguño. Sin prisa alguna dejé la capa blanca en el suelo y me senté sobre la misma a escuchar mi propia respiración. Por momentos los latidos de mi corazón eran incómodos como si además de este, otra fuerza retumbara junto.
-Pensé que vendrías corriendo a verme. Cuando vi a Kiire sin ti, me asusté.
Marina se sentó junto a mí. Sin su armadura púrpura, lucía como una ninfa de los bosques. Con sus dedos largos de uñas bien cuidadas acomodó varios mechones de mi nuevo cabello. Las caricias me hicieron caer en cuenta de la realidad. Estaba a solas con la mujer que me había prometido que al transformarme en un “soldado de verdad” se encargaría de convertirme en hombre acorde.
De un segundo al otro me vi enredando las manos en la maraña rubia de mi compañera. La besé sin dejarla ir y luego bajé por su cuerpo en un recorrido de caricia. Me arranqué los guantes y escabullí mis intenciones bajo su ropa. Mis dedos como garras apretaron sus senos desnudándolos bruscamente para comer con besos los pezones que los coronaban.
Cuando gimió por primera vez creí que todo había terminado. El orgasmo amenazó con tanta crueldad que por un pelo no terminé antes de siquiera haberme desvestido.
Su risita me hizo arder las mejillas, estuve a punto de justificarme pero quedé paralizado cuando ella comenzó a desnudarse. Me sentí como a una fiera encadenada entre eslabones invisibles. Dudé que al abrir la boca surgiera algo más que una súplica lujuriosa.
Nunca hasta el momento había visto movimientos más coquetos que aquellos. Se mostraba ante mí, lo supe. Me estaba provocando. Esa hada de las nieves me estaba volviendo loco. Entonces me miró a los ojos haciéndome sentir desnudo, como un niño al que pillan en plena travesura. Mas por mucho que me esforzada (aunque no creo haberlo intentado realmente) no conseguía levantar la vista demasiado tiempo de los vellitos dorados entre sus piernas.
Luego gateó hacia donde yo estaba y con una perturbadora facilidad desabrochó mi pantalón. Susurró algo húmedo lleno de promesas orales y, con la lentitud de una tortura, se inclinó ante mí.
-¡¡PERRA!!
Entonces oí un chillido. Master Baku estaba justo frente a mí con Marina aferrada por el pelo. Cada hebra tan tirante que en cualquier momento se lo arrancaría del cuero cabelludo.
-¡Suéltala!
No me importó que tan ridícula se oyera la orden saliendo de entre los labios de un Soul Master novato con los pantalones por las rodillas y media erección desperdiciada por el susto.
-¡Quédate ahí mismo, mocoso! ¡Te haré desvirgar por cada hombre a mi cargo, pequeño infeliz!- gritó como un trueno estrellando con un golpe horrendo la cabeza de la elfa contra el suelo.
Me puse de pie, si acomodé mi ropa fue solo en plan estratégico. Para luchar mejor. Porque en aquel momento mi hombría era lo único que me incitaba y  probablemente me proveería la fuerza para dar batalla. Un irremediable acto de locura, pero, como dije antes, esa mujer me tenía loco.
Una carcajada histriónica llenó el silencio. Qué podía hacerle alguien como yo más que cosquillas. Con la calma de quien se burla tomó su espada y la blandió con sorna. Intenté un latigazo eléctrico pero lo cortó más fácil que al aire. Si la estocada siguiente no fue lisa y llanamente letal fue porque no la recibí yo. Tres pares de alas inmensas se interpusieron entre el asesino y mi persona aterrada.
Kiire. Era Kiire quien me salvaba nuevamente del guerrero asesino de la cabaña que ultrajó a mi madre. De nuevo las estacas de hielo se bañarían de sangre y todo se repetiría. Los cadáveres, la partida, el clan, el entrenamiento… o quizá al fin despertaría entre las mantas para descubrir que lo único que asechaba en la oscuridad eran las sombras de mis animales tallados en madera fina de roble.
-¡Suéltalo, Isand! ¡Lo castraré y lo empalaré por atrevido!
Entonces regresé a donde Kiire fue Lord Isand, y mi madre una elfa cubierta de moretones. A donde el guerrero sí tuvo un rostro y un nombre: Baku.