Nos conocimos en la puerta de Lorencia por la época en la que yo todavía era un novato feliz con mi Set Legendary +6+12+luck. Mgxviolinx era uno de los PK más poderosos que había visto hasta ese entonces, mataba novatos como si fueran insectos. Me sorprendía que el Guard no le hiciera ni cosquillas. Fue amor a primera vista.
Cuando la masacre terminó y solo quedamos él en las afueras y yo en la Safe Zone comenzamos a hablar.
-Sos increíble, ojalá yo fuera tan fuerte- recuerdo haberle dicho.
Se rió y me ofreció ir a Icarus diciéndome que no tuviera miedo, que él me cuidaría. Cumplió con su promesa. Yo en mi Dinorant y él con sus segundas alas. Ni un mob me hizo daño.
Desde entonces se convirtió en mi guardaespaldas, me cuidaba de todos los PKs y siempre estuvo cuando lo necesité. Pronto la amistad se volvió más íntima y los piropos a escondidas de todo el mundo comenzaron a llegar. Letters, chats privados y whispers cariñosos.
Como ese momento yo era Lord de un guild llamado ZARPA mientras que él era un rebelde sin causa, nuestra relación no podía de ningún modo conocer la luz. Sin mencionar las burlas que tendríamos que soportar por ser un Soul Master y un Magic Gladiador.
Solo puedo decir que gran parte de mis mejores momentos en el MU fueron a su lado.
Hoy en día él ya no juega, pero los recuerdos no me los quita nadie. Ese Magic Gladiador arrogante se hizo un lugar en mi vida.
(English version translated by Webzen)
We met at the gate by Lorencia, when I was still a happy rookie with my Legendary Set + 6 + 12 + luck. Mgxviolinx was one of the most powerful PK I had seen until then, killing newbies like insects. I was surprised that the Guard could not even tickle him. It was love at first sight.
When the slaughter ended, he stayed alone on the outskirts of the Safe Zone and we started talking.
“You're Amazing, I wish I was as strong.”
He laughed and offered me to go to Icarus telling me not to be afraid, that he would look after me, and he kept his promise. Me on my Dinorant and he and his second wings, not a single mob hurt me.
Since then he became my bodyguard, taking care of all the PKs and always there when I needed.
Friendship soon became more intimate and compliments sneaking around the world began to arrive. Letters, private chats and loving whispers.
Since that time I became Lord of a guild called ZARPA while he was a rebel without a cause, our relationship could not possibly know the light. Not to mention the ridicule that would have to bear for being a Soul Master and Magic Gladiator.
I can only say that much of my best moments in the MU were at his side.
Today he no longer plays, but the memories will always be there. That arrogant Magic Gladiator became a place in my life.
Bienvenido, viajero ¿qué te trae por estas tierras tan frías? Ponte cómodo y revisa el ÍNDICE mientras voy por un té.
sábado, 13 de junio de 2015
domingo, 17 de mayo de 2015
ÍNDICE
A pedido de algunas personas dejo un índice que se irá actualizando a medida que se suban publicaciones.
En los próximos meses la Bitácora sufrirá algunos cambios y se extenderá más allá de los escritos de Selvheen. Se van a sumar historias en universos y líneas de tiempo alternas, además de relatos escritos por otros personajes o en tercera persona.
Sin más que decir. Dejo el Índice.
BITÁCORA DE SELVHEEN
PRIMER ESCRITO Primer escrito(Completo)
SEGUNDO ESCRITO La tintorería (Completo)
TERCER ESCRITO (Completo)
Primera parte. Noche de luna llena
Segunda parte. La procesión
Tercera parte. El puente
Última parte. El traidor
CUARTO ESCRITO (Completo)
Primera parte. Encuentro en el castillo de Devias
Segunda parte. El bar de Lorencia
Tercera parte.
Cuarta parte. Los clientes
Quinta parte. El día dos
Última parte. El final de la apuesta
QUINTO ESCRITO (En proceso)
Primera parte. Hace mucho tiempo en Lorencia
Segunda parte. Desconocidos
Tercera parte. Viajando
Cuarta parte. La bienvenida
Quinta parte. Aguas terminales y El valle de los recuerdos
Sexta parte. Selvheen el Dark wizard
Séptima parte. Retorno al clan
Octava parte. La misión
Novena parte. El encargo de Sevina
Décima parte. Lost tower
Onceava parte. El ángel
Doceava parte. Marina
En los próximos meses la Bitácora sufrirá algunos cambios y se extenderá más allá de los escritos de Selvheen. Se van a sumar historias en universos y líneas de tiempo alternas, además de relatos escritos por otros personajes o en tercera persona.
Sin más que decir. Dejo el Índice.
BITÁCORA DE SELVHEEN
PRIMER ESCRITO Primer escrito(Completo)
SEGUNDO ESCRITO La tintorería (Completo)
TERCER ESCRITO (Completo)
Primera parte. Noche de luna llena
Segunda parte. La procesión
Tercera parte. El puente
Última parte. El traidor
CUARTO ESCRITO (Completo)
Primera parte. Encuentro en el castillo de Devias
Segunda parte. El bar de Lorencia
Tercera parte.
Cuarta parte. Los clientes
Quinta parte. El día dos
Última parte. El final de la apuesta
QUINTO ESCRITO (En proceso)
Primera parte. Hace mucho tiempo en Lorencia
Segunda parte. Desconocidos
Tercera parte. Viajando
Cuarta parte. La bienvenida
Quinta parte. Aguas terminales y El valle de los recuerdos
Sexta parte. Selvheen el Dark wizard
Séptima parte. Retorno al clan
Octava parte. La misión
Novena parte. El encargo de Sevina
Décima parte. Lost tower
Onceava parte. El ángel
Doceava parte. Marina
jueves, 14 de mayo de 2015
Quinto escrito. Doceava parte. Marina.
“Un ángel con alas de oro, diez, estoy seguro que eran diez.
Entonces la piedra en mi pecho. Obvio que no tuve miedo y cuando ¡Bang! El cabello
nuevo y largo. No, un poco, pude vencerla si hubiera querido, pero” esto, pero
lo otro…
Kiire sonreía con orgullo que rayaba lo paternal mientras
caminábamos sobre una capa de nieve fina que, como una alfombra blanca, se
desenrollaba dándonos la bienvenida a Devias.
De alguna forma ambos sabíamos lo ocurrido en el pueblo o,
al menos, que mi relato de los hechos no era del todo confiable. Pero qué más
daba, estaba tan feliz que me recuerdo brincando y cayendo en pozos ocultos
bajo la blancura. La dicha no se debía tan solo al deseo de llegar pronto y
comer hasta que la armadura no entrase. Mi apuro era por algo más cercano al
reencuentro con un par de ojos claros eternamente jóvenes.
-Sifin estaba segura de que lo lograrías- comentó mi
maestro.
-¿Y Zoutah?- fruncí
el ceño esperando que el Soul Master dorado dijese que el guerrero era quien
más fe me tenía.
-No recuerdo.
Otra mentira descarada de la que ambos fuimos cómplices. Aunque
en el fondo de mi ser siempre sabré que el guerrero confiaba (incluso más que
yo) en mis aptitudes, a esa edad necesitaba oírlo a cada rato.
De cualquier manera, lo importante en ese momento era que Marina
lo supiese tan pronto como fuera posible. Marina. Luego de todo lo ocurrido, su
recuerdo se mantiene intacto.
Aunque todas las elfas por su raza tengan ojos de cielo, los
suyos eran los únicos que me importaban.
No podía esperar a que viese por sí
misma que Selvheen (sí, ese mismo Selvheen que hacía unos días discutía
acaloradamente sobre nueces y salsas con los cocineros) era un Señor Soul
Master hecho y derecho.
No hablé mucho de esa atrevida elfa de energía, soldado al mando de
Master Baku, llena de miradas juguetonas que me enloquecían, por no
considerarlo pertinente. Había muchas cosas que trastornaban mis hormonas juveniles
por aquel entonces. La elfa era la más recurrente de todas.
La primera vez que nos vimos fue en las termas, cuando
erguido ante a ella mi cabeza quedaba justo bajo la sombra de sus pechos.
Si no fuimos más lejos del mero coqueteo adolescente, fue
por un gran impedimento parte de las reglas del clan. ZARPA tenía una “regla
sagrada” particularmente clara con respecto de las relaciones físico-amorosas de
sus soldados. Absoluta castidad durante las campañas.
Aunque esa regla, entre tantas otras, me indignase, nunca
renegué de ella abiertamente con nadie. Ni siquiera con mi maestro.
El sexo y los arrumacos no eran tema de conversación entre Kiire
y yo. Me daba vergüenza confesar que mi cuerpo dejaba de ser el de un niño.
Dormir entre sus brazos me hacía feliz y por momentos detesté desear algo
distinto. Por otra parte, desde que conocía al mago dorado, jamás supe algo de
su vida amorosa. Mientras que Sifin y Zoutah eran una pareja increíble que
todos conocían, tanto Kiire como el Lord permanecían en el misterio.
Conclusión, creo que el perfeccionamiento de habilidades
para el combate no fue lo único positivo durante esos solitarios meses de
entrenamiento.
El invierno eterno de Devias también ayudaba siendo un
bálsamo para las urgencias del cuerpo. No resultaba sencillo contenerse sobre
todo teniendo una chica tan despampanante como la que tuve.
“No, no, cuando seas un Soul Master, antes no” me decía
constantemente cuando mis caricias la buscaban mejor. Ninguna elfa en su sano
juicio entregaría sus encantos vírgenes al pelapapas de turno.
Solo los dioses saben cómo con cada día que transcurría el
andar de sus caderas se volvía más hipnótico, mientras que yo luchaba en vano
por atravesar la barrera de los besos con ella. Esta vez no se me escaparía.
-¡Selvhi, mi amor, mírate!
Fue entonces que Sifin me arrancó de mis pensamientos tomándome
en brazos y alzándome como a un bebé. Era más alta que yo y al parecer eso le
daba mucha ternura. Entre sonoros besitos, ante los que intenté en vano
mostrarme recio, ella me tocaba el pelo, la espalda, la cara y de nuevo el pelo.
Zoutah estaba tras ella, sonreía satisfecho por el logro. El logro de Kiire.
-Bien hecho, mago- felicitó el guerrero.
-Gra…-iba a responder cuando mi maestro se adelantó.
-Gracias, Zoutah- agradeció el asistente de ZARPA mientras
recibía una palmada apremiante de su compañero de dos metros.
Suspiré todavía entre los brazos de la Battle Master quien
se negaba a separarse de mi cabello. No podía culparla, realmente tengo una
melena suave y sedosa, sin embargo en ese momento me sentí un grandísimo tonto
creyendo que todo lo sucedido era logro mío.
Mantuve baja la mirada observando el reflejo de mis ojos verdes en el
pecho celeste de la armadura femenina, aceptando que, muy a mi pesar, el mérito
por ser excelente aprendiz no valía nada sin un buen maestro. Sin Kiire, ser un
Soul Master, ser ayudante de escudero, pelar las verduras de los soldados, o
estar vivo siquiera, me era inalcanzable.
Los besos y caricias sobre mi pelo fueron reconfortantes a
pesar del repentino vacío que revolvió mi estómago.
-Muchacho, me alegra que lo hayas conseguido. El Lord estará
muy orgulloso- felicitó el dragón dándose cuenta, quizá, de lo mal que me
sentí.
“¿Orgulloso de mí o de Kiire?” No importaba, forcé una
sonrisa y asentí. Dije algo relacionado con ir a dar una vuelta, estar cansado
y algo más por el estilo.
Recién cuando estuve lejos pateé la nieve, un berrinche
silencioso era lo máximo que podía permitirme. ¿Qué venía luego? ¿Marina
felicitando a mi maestro y acostándose con él? Sería el colmo.
A pesar de saber que semejante idea era una tontería, el
deseo de ver a mi chica se desvanecía con cada paso.
Caminé hasta donde unos pinos cerraban el camino del viento.
Esas arboledas eran el símil de un oasis en los desiertos. Algo de pasto, un
poco de agua sin escarcha y algunos frutos raros, seguramente duros como una
piedra, que nunca me atreví a probar. Me quité la armadura y la observé un
momento. Ni un solo rasguño. Sin prisa alguna dejé la capa blanca en el suelo y
me senté sobre la misma a escuchar mi propia respiración. Por momentos los
latidos de mi corazón eran incómodos como si además de este, otra fuerza
retumbara junto.
-Pensé que vendrías corriendo a verme. Cuando vi a Kiire sin
ti, me asusté.
Marina se sentó junto a mí. Sin su armadura púrpura, lucía
como una ninfa de los bosques. Con sus dedos largos de uñas bien cuidadas
acomodó varios mechones de mi nuevo cabello. Las caricias me hicieron caer en
cuenta de la realidad. Estaba a solas con la mujer que me había prometido que
al transformarme en un “soldado de verdad” se encargaría de convertirme en
hombre acorde.
De un segundo al otro me vi enredando las manos en la maraña
rubia de mi compañera. La besé sin dejarla ir y luego bajé por su cuerpo en un
recorrido de caricia. Me arranqué los guantes y escabullí mis intenciones bajo
su ropa. Mis dedos como garras apretaron sus senos desnudándolos bruscamente
para comer con besos los pezones que los coronaban.
Cuando gimió por primera vez creí que todo había terminado.
El orgasmo amenazó con tanta crueldad que por un pelo no terminé antes de
siquiera haberme desvestido.
Su risita me hizo arder las mejillas, estuve a punto de
justificarme pero quedé paralizado cuando ella comenzó a desnudarse. Me sentí como
a una fiera encadenada entre eslabones invisibles. Dudé que al abrir la boca
surgiera algo más que una súplica lujuriosa.
Nunca hasta el momento había visto movimientos más coquetos
que aquellos. Se mostraba ante mí, lo supe. Me estaba provocando. Esa hada de
las nieves me estaba volviendo loco. Entonces me miró a los ojos haciéndome
sentir desnudo, como un niño al que pillan en plena travesura. Mas por mucho
que me esforzada (aunque no creo haberlo intentado realmente) no conseguía
levantar la vista demasiado tiempo de los vellitos dorados entre sus piernas.
Luego gateó hacia donde yo estaba y con una perturbadora
facilidad desabrochó mi pantalón. Susurró algo húmedo lleno de promesas orales
y, con la lentitud de una tortura, se inclinó ante mí.
-¡¡PERRA!!
Entonces oí un chillido. Master Baku estaba justo frente a
mí con Marina aferrada por el pelo. Cada hebra tan tirante que en cualquier
momento se lo arrancaría del cuero cabelludo.
-¡Suéltala!
No me importó que tan ridícula se oyera la orden saliendo de
entre los labios de un Soul Master novato con los pantalones por las rodillas y
media erección desperdiciada por el susto.
-¡Quédate ahí mismo, mocoso! ¡Te haré desvirgar por cada
hombre a mi cargo, pequeño infeliz!- gritó como un trueno estrellando con un
golpe horrendo la cabeza de la elfa contra el suelo.
Me puse de pie, si acomodé mi ropa fue solo en plan
estratégico. Para luchar mejor. Porque en aquel momento mi hombría era lo único
que me incitaba y probablemente me proveería
la fuerza para dar batalla. Un irremediable acto de locura, pero, como dije
antes, esa mujer me tenía loco.
Una carcajada histriónica llenó el silencio. Qué podía
hacerle alguien como yo más que cosquillas. Con la calma de quien se burla tomó
su espada y la blandió con sorna. Intenté un latigazo eléctrico pero lo cortó
más fácil que al aire. Si la estocada siguiente no fue lisa y llanamente letal
fue porque no la recibí yo. Tres pares de alas inmensas se interpusieron entre
el asesino y mi persona aterrada.
Kiire. Era Kiire quien me salvaba nuevamente del guerrero asesino
de la cabaña que ultrajó a mi madre. De nuevo las estacas de hielo se bañarían
de sangre y todo se repetiría. Los cadáveres, la partida, el clan, el
entrenamiento… o quizá al fin despertaría entre las mantas para descubrir que
lo único que asechaba en la oscuridad eran las sombras de mis animales tallados
en madera fina de roble.
-¡Suéltalo, Isand! ¡Lo castraré y lo empalaré por atrevido!
Entonces regresé a donde Kiire fue Lord Isand, y mi madre
una elfa cubierta de moretones. A donde el guerrero sí tuvo un rostro y un nombre:
Baku.
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