-Ven, niñito, niñito, niñito... - Llamó el guerrero como quien llama a un gato.-Soy un guerrero bueno y amistoso, voy a darte muchos dulces, no te cortaré la garganta- susurró risueño con todo el sadismo que una voz puede tener.
Temblaba como una hoja en mi agujereado escondite, sabía que los sanguinarios asesinos me habían visto y no tenía idea de que hacer.
De repente, con fuerza sobrehumana, una mano negra, enorme y acorazada me tomó del cuello, levantó en el aire y sacó del barril. Sus dedos apenas presionaban pero aún así me faltaba el aire. Pataleé y grité como un loco, iban a matarme, lo sabía y no existía salvación.
-Mira que tenemos aquí, un maguito. Eres el hijo del mago obeso y la prostituta de afuera ¿verdad?
Mas no contesté. Insistió con la pregunta varias veces más y, finalmente, impacientado por no conseguir que dejase de patear, ni lograr, además, sacarme una respuesta hundió sus dedos en mi garganta. Sujeté su brazo con fuerza e intenté alejarlo de mí pero fue imposible, me asfixiaba.
-No te vas a soltar, maguito. Porque eres tan inútil como tu padre- dijo arrojándome con tanta fuerza al suelo que no pude incorporarme.
El otro Blade Knight, el de armadura roja e inmensas alas de dragón, me preguntó porqué lloraba. "Quiero a mamá y a papá" fue lo único que pude decir entre sollozos.
-Pero si tu papi está aquí contigo- dijo mientras tomaba del suelo la cabeza de padre.
Quise escapar, me levanté de golpe con energías que no sé aún de donde obtuve pero el guerrero con las alas de murciélago y la armadura negra me tomó del brazo.
-¿No querías ver a tu papi, acaso?- me dijo mientras su compañero de rojo le pasaba la cabeza como si se tratase una pelota.-Aquí lo tienes, dale un beso, dile que lo amas.
Y sin decir más me puso esa cabeza sobre el rostro tratando de que mis labios tocasen los del cadáver. Pude oler la sangre y ver la última expresión de horror que tuvo mi padre. Uno de sus ojos había desaparecido y la imagen me revolvió el estomago. Luché todo lo que pude pero era inútil, así que cerré los ojos y me dediqué a llorar en espera de mi muerte. Pronto estaríamos todos juntos de nuevo.
-Oh, pobrecito, es una ramera llorona como la madre.
Luego hizo una pausa y agregó.
-Por cierto, fuiste tu el que interrumpió la orgía antes de que llegase mi turno.
Dejó caer a un lado la magullada cabeza ensangrentada para luego hacer lo impensable. Lentamente hundió su nariz en mi cabello e inspiró profundamente "Hueles muy bien" me susurró al oído mientras me abrazaba y me acariciaba el pecho. Sus manos pervertidas toquetearon y apretaron mis nalgas y mis partes más privadas. Yo era demasiado inocente aún para entender la barbaridad que planeaba hacer conmigo.
Lo sentí morderme el cuello y el lóbulo de la oreja. Ya no pude llorar, patalear, pelear... Nada. Su asquerosa lengua me recorría el cuello saboreándome como una serpiente saborea el aire, cuando de pronto escuché un ruido tajante y sentí una ráfaga helada justo junto a mí. El sonido se repitió una y otra vez, abrí los ojos asustado para comprender que ocurría. El guerrero me había soltado y tenía cientos de estacas de hielo atravesando su armadura y goteando carmesí. Rápido como un ratón me escabullí gateando hasta llegar bajo una mesa. Entonces vi que un hombre con armadura celeste, alas de ángel y un brillante cetro blanco, rodeado de luces verdes, rojas y celestes, invocaba de la nada aquellas estacas que llovían veloces únicamente sobre mi agresor. El otro guerrero, mucho más grande y poderoso que su compañero, intentaba acertarle un espadazo pero el ángel se desvanecía y reaparecía haciendo que la espada cortase sólo el vacío. Un inmenso guerrero con armadura roja con el casco similar a la cabeza de dragón, también rodeado de luces, ingresó de pronto al lugar saliendo de la nada y, usando sus dos espadas, cortó ambos brazos de quien atacaba al ángel azul. La lluvia de hielo cesó cuando ambos guerreros quedaron inertes y sin vida sobre la gastada madera del suelo.
Luego de salvarme la vida, el guerrero dragón se acercó a mí. Quiso decirme algo pero estuve tan asustado, no quería volver a ver un Blade Knight en mi vida.
Me tomó en sus brazos y salimos de la casa, le temía pero ya no podía luchar, mi mente estaba completamente desvastada. Recuerdo haber visto a varias personas afuera, él era el único guerrero, había dos elfas de energía con armaduras celestes, el Soul Master que me salvó y los cuerpos de dos de los malvados Blade Knights. Las elfas al parecer habían conseguido escapar mas mi madre no fue tan afortunada y su cadáver yacía embarrado a unos cuantos metros del lugar. Aquella mujer hermosa que me arropaba todas las noches, me contaba historias y espantaba a todos los monstruos de mis pesadillas jamás volvería a besarme, abrazarme y decirme cuanto me quería. El último buen recuerdo que tengo de ella es su suave mano acariciando mi mejilla y su bellísima voz pidiéndome que no regresase muy tarde aquel día.
Suavemente el dragón me puso en el suelo y, mientras él hablaba con los demás, un Soul Master se me acercó. Era diferente a los otros, su armadura color dorado era delicada y liviana, su casco a penas le cubría la cabeza y sus alas parecían más grandes en comparación con las de los demás magos. Sus ojos eran celestes cual zafiros deslumbrantes, dulces y cándidos además.
-Mmmm, qué haremos contigo. Imagino que no tienes a donde ir- se dijo a sí mismo mientras su mano recorría con suavidad mi cabello.
-No hay nada que podamos hacer, hay que irnos- agregó el Soul Master de azul.
Cargando con las armaduras de los asesinos me dieron la espalda y comenzaron a alejarse mientras con los ojos llorosos los miraba impotente. Pero el Soul Master que estaba a mi lado no se movió. Me revisaba con la mirada como corroborando algo.
-Creo que es un pequeño Dark Wizard. Podríamos llevarlo con nosotros al clan.
Todos comenzaron a reír, le preguntaban al mago de dorado para qué podría serles útil, le decían que no sabía combatir y sería ridículo hacerme formar parte de ellos. Que serían el hazme reír de todo Devias y Kanturu. Se me sonrojaron las mejillas, no necesitaba más humillación y mucho menos que me recordaran lo inútil que era para las batallas. Las risas se esfumaron cuando una voz firme y dominante se impuso. Se trataba del guerrero dragón quien, por la forma en que silenció a todos sin recibir la más ínfima insinuación de rebeldía, parecía ocupar un cargo importante.
-Bien, Kiire. Pero no te ilusiones, es el Lord quien decidirá si se queda o no.
-De acuerdo.
Bienvenido, viajero ¿qué te trae por estas tierras tan frías? Ponte cómodo y revisa el ÍNDICE mientras voy por un té.
domingo, 25 de octubre de 2009
domingo, 18 de octubre de 2009
Quinto escrito. Primera parte. Hace mucho tiempo en Lorencia.
Recuerdo bien aquel día... hace veinte años ya.
La ciudad de Lorencia es muy especial para mí, sus extensos pastizales, las pequeñas criaturas con las que me crié... Sin embargo no paseo mucho por allí porque de inmediato me invaden los recuerdos.
Mi padre era un Dark Wizard que amaba la tranquilidad y siempre estuvo en armonía con el ambiente. Nunca desarrolló sus poderes, no le interesaba seguir con la vida que parecía estarle predestinada. Consideraba a las guerras de las razas de combate y los hombres inútiles aberraciones. También creía que los Mobs, esas extrañas criaturas de ensueños y de pesadilla que alguna vez reinaron sobre la tierra, cuyas formas varían inimaginablemente, podían vivir en paz con los hombres.
Sin duda no era el Dark Wizard modelo, era relativamente bajo y hasta algo de panza tenía, jamás usó una armadura y nunca aprendió a invocar algún hechizo. Soñaba con tener una bella familia y dedicarse a cuidarlos por el resto de sus días.
Vivíamos en una pequeña granja a unos tres kilómetros de la ciudad, teníamos cabras, algunas ovejas, una vaca, gallinas, conejos y un caballo. Nuestra casa era muy humilde pero acogedora, toda de madera con una bella chimenea de piedra. Mamá solía sentarte en su mecedora ante la llama y verme jugar con los muñequitos de madera que Papá tallaba en sus ratos libres y que ella, con mucha dedicación, pintaba y vestía con pequeños saquitos que tejía para mí.
Mamá era una mujer muy hermosa, su cabello era castaño claro y sus ojos verdes como esmeraldas. Me contaba historias sobre tierras lejanas y me enseñó a leer.
Nunca me faltó nada.
Muchas veces salí a jugar a las afueras de la granja, la zona era segura. Había unas arañas del tamaño de gallinas y unos dragoncitos escupe fuego pero papá me había enseñado a ahuyentarlos y, además, el nunca se encontraba demasiado lejos. Recuerdo haberme pasado horas correteando a dichos dragones hasta el anochecer y que luego mamá saliera a buscarme para cenar.
Una noche, luego de todo un día jugando solo con el caballo, terminé demasiado lejos de casa, me llamó la atención de pronto el humo que vi brotar desde la ciudad. Era un incendio enorme, algunas llamas podían verse incluso a mi distancia. Aquel día mi mundo cambió.
Recuerdo que galopé lo más rápido que pude en busca de mis padres y no creí lo que vi al llegar. Los cerdos yacían muertos, las cabras y la vaca también. Sólo algunas aves de corral seguían moviéndose. Algunos animales ardían en llamas, otros se descomponían ante mis ojos y otros simplemente se encontraban decapitados sobre viscosos charcos de sangre.
De inmediato pensé en mi madre y, luego de desmontar, corrí hacia la casa. Me disponía a cruzar la puerta cuando escuché voces desconocidas provenientes del interior. Asustado decidí ingresar por el sótano, entré, lentamente subí las escaleras y me asomé en silencio por la puerta. Las voces se escuchaban más lejanas así que junté coraje y decidí avanzar. Me encontraba en el pequeño taller de carpintería de la casa, donde papá tallaba mis juguetes, iba a explorar aún más pero de pronto sentí pasos. En mi desesperación lo único que atiné a hacer fue esconderme dentro de un barril gastado y agujereado donde arrojábamos las cosas viejas y oxidadas.
Un Blade Knight, con armadura negra y alas similares a las de un murciélago, ingresó riendo y arrastrando algo. Una elfa arquera, con armadura roja pero oscurecida por una clase de aura asesina que emanaba de ella, lo seguía. Con un solo brazo el guerrero con la armadura negra, la cual luego me enteraría que se llama Black Dragon, arrojó aquel bulto ensangrentado contra el suelo. Recién ahí pude distinguir que aquel ser que se retorcía entre la sangre era mi padre.
-Vamos, maguito, teletranspórtate- reía el guerrero.
-Estoy cansada de esto, mátalo ya- dijo la elfa impaciente.
-Está bien, evidentemente no sabe pelear, es sólo un viejo panzón.
Desenfundó entonces su espada y apoyó el filo en el cuello de mi padre.
-Di tu última voluntad. Porque te degollaré como a un puerco.
De pronto sentí que los ojos del Dark Wizard se cruzaron con los míos, me dijo que me quedase allí con la mirada, luego clavó su vista en los ojos del guerrero y dijo:
-Que ardas en el infierno.
El Blade Knight tomó del pelo a mi padre, expuso su garganta y con una mísera caricia de su espada le abrió el cuello. La sangre salpicó por todos lados bombeada por su fuerte corazón. El cuerpo de mi papá se convulsionó con fuerza, unas últimas palabras gorgotearon incomprensibles en su garganta antes de que su cuerpo cayese sin vida. De inmediato comencé a llorar en silencio mientras el asesino terminaba de arrancarle de una patada la cabeza al cadáver de la persona a quien más admiraba en el mundo.
Minutos después de que abandonasen el taller me animé a salir de mi escondite. Mamá estaba en peligro y debía hacer algo antes de que fuese demasiado tarde. Estaba pálido y me temblaban las piernas, aun así, sin el más mínimo razonamiento previo, comencé a explorar la casa armado sólo con un pequeño cuchillo que encontré en el taller. Pero el lugar estaba desierto. Corrí hacia la entrada y vi a los asesinos junto a otros dos Blade Knights que sujetaban a mi madre quien pataleaba y maldecía completamente desnuda, con la cara cubierta de lágrimas, mientras que uno de los malnacidos la violaba sin piedad. Su rostro, alguna vez muy bello, estaba magullado por los golpes y en sus labios partidos relucía sangre. Tuve tanto miedo...
-¡Hey miren, encontré un caballo!- dijo otra elfa a lo lejos.- Alguien más está aquí, tengan cuidado.
-Matemos a esta pronto, jugaremos con otras- dijo uno de los Blade Knight.
Sin pensarlo lancé mi cuchillo contra ellos pero este rebotó sobre la armadura del asesino de mi padre sin causar el más mínimo rasguño. Rápido como un rayo corrí hacia el taller y me escondí nuevamente en el barril. Segundos después se escuchó tremendo portazo y entraron en el cuarto dos de los Blade Knight. Los vi buscarme con la mirada y de pronto uno señaló el suelo. Miré junto con ellos y aterrado pude ver que en mi descuido había pisado la sangre y dejado huellas señalando directamente hacia mi escondite. El guerrero de negro sonrió sádicamente y comenzó a acercárseme.
sábado, 17 de octubre de 2009
Cuarto escrito. Última parte. El final de la apuesta.
Mientras servía a los chicos del clan, quienes se habían dado por vencidos al intentar adivinar de dónde me conocían, comencé a preocuparme al no ver a Selena por ningún lado. Alrededor de media hora más tarde mi elfa volvió a cruzar la entrada del bar, esta vez escoltando a un musculoso Blade Knight de alto rango más terroríficamente conocido para mí que los demás. Se trataba de Leink, el hermano mayor de mi querida Blanie, una clase de rival al cual conocí durante mis días de novato en un viejo clan llamado Morbius al que ahora no pertenezco y del cual probablemente les hablaré en un futuro.
Cómo lo había convencido de venir justo ese día, no lo sabré. Mas confiaba en que las gemelas lo atendiesen al verme ocupado con las mesas de otros y la de mi clan. No tuve tanta suerte, de inmediato me encargaron atender la mesa de Leink. Pidió mesa para dos. Con quien rayos vendría me pregunté. Carcomido por los nervios paso a paso me acerqué a mi rival. Daba más miedo sin armadura que con ella. Cómo sacaran tanto músculo los guerreros, sus armaduras deben pesar una tonelada.
En fin, como decía, cada paso era más lento y corto que el anterior. Cuando estuve a pocos metros de Leink e iba a hablarle, una voz femenina me interrumpió. Una bella muchacha de cabello negro, ojos azules y una figura formidable se lanzó a los inmensos brazos del guerrero y le rompió la boca de un beso. Con que una chica... con suerte la miraría sólo a ella y no repararía en mí. Al fin la suerte pareció sonreírme. Y Selena, luego de notar que mi teoría se llevaba perfectamente a la practica, pareció, por primera vez en la noche, algo preocupada.
Transcurrió una hora más en la cual el miedo y la preocupación se me pasaron por completo. Era cuestión de tiempo que mis conocidos pidieran la cuenta, pagasen y se marchasen. La mesa de mis amigos llevaba mucho tiempo sin pedir nada, sin duda estaban algo borrachos, pero no lo suficiente para causar problemas. Iba a preguntarles si se les ofrecía algo más pero mi rubia amante se adelantó.
-Espero que estén pasando una buena noche ¿se les ofrece algo más?- preguntó sonriente.
-Otra de sus hermosas sonrisas ¿es posible?- sugirió Ángel a la elfa que de inmediato se sonrojo y soltó una risita simpática.
¡No me importa si estaba bajo la influencia del alcohol, mataría a aquel Blade Knight al día siguiente ya sea mi Battle Master, Asistente o criatura endemoniada!
-Algo de agua, por favor- pidió Venekita quien evidentemente no era tan buena bebedora como los otros.
Lo que pasó a continuación me dejó helado.
-¡Selvheen!- llamó Selena- ¡Trae una garra de agua bien fresca!
-¿Selvheen?- se preguntó a sí mismo Diómedes mientras dirigía su mirada curiosa a donde yo me encontraba parado, completamente paralizado.
-¡Rápido, Selvheen!- repitió mi chica.
-¡Yo sabía que lo conocía!- gritó Ángel quien en toda la noche no había mostrado indicio de saber sobre mi identidad -¡Master, ven, siéntate con nosotros!- agregó con la voz algo perdida por el alcohol.
-¿Selv?- preguntó Venekita con una sonrisa divertida -¿Qué estás haciendo aquí atendien...
Sentí de pronto otra voz familiar a mis espaldas pronunciando mi nombre con algo de duda. No quise voltear pero lo hice, Leink me observaba sentado desde su mesa con la mirada confusa pero curiosa y la boca casi dibujando una sonrisa.
Una lagrima de puro miedo se deslizó por mi mejilla y no pude más que salir corriendo, Selena se interpuso en mi camino pero me teletransporté tras ella y escapé. Corrí sin rumbo por toda la ciudad, la gente me miraba como si observasen a un loco, incluso algunos se apartaban de mi camino. Continué corriendo hasta que de pronto choqué de frente con alguien. Ambos caímos al suelo.
-Disculpe, no lo ví- dije al hombre.
-Tenías que ser tú- contestó.
La respuesta fue tan extraña que levanté la vista y miré al accidentado, era Mike, quien se puso de pie de inmediato y me dio la espalda. No hice nada, me quedé sentado en el suelo secándome las lágrimas. Entonces el mozo se detuvo y volvió la mirada hacia mí.
-¿Qué te ocurre ahora, Soul Master?- indagó severamente.
Despegué el estúpido bigote bajo mi nariz, más no pude parar de llorar. Entonces, de manera inesperada, Mike extendió su mano invitándome a incorporarme.
-Ven, levántate y cuéntame qué sucedió.
Le sonreí y el contestó de igual modo. Agradecido tomé su mano y me puse de pie. Aunque la situación era algo incomoda, Mike consiguió romper el hielo con su mirada tan libre de todo rencor. Sus ojos claros como el agua emanaban mucha paz y bondad.
Caminamos por la ciudad hasta llegar a una plaza casi vacía. En el camino le conté todo lo que había ocurrido, lo de Selena, la apuesta, el clan... Era tan sencillo hablar con él.
-Gracias por escucharme, Mike.
-De nada.
Hubo un largo silencio entre nosotros hasta que me animé a decir.
-Me contaron lo que ocurrió con tu familia y los Soul Master.
El joven se puso de pie como una fiera.
-¡¿Quién te lo...
-No importa. Quiero que sepas que lo lamento mucho.
Aguardó unos instantes y se sentó nuevamente junto a mí.
-No tienes la culpa, Selvheen. No hiciste nada- dijo con resignación tras un largo suspiro.
-Quiero que sepas que al menos yo estoy aquí para cuidarte. Nunca te haría daño.
-Tienes la fuerza para derrotar a semejante bestia de un solo hechizo. Podrías hacer pedazos toda Lorencia si quisieras. No hay guerreros por esta zona que puedan contra un mago evolucionado como tú.
-No te ofendas, pero no tienes idea de lo que es una verdadera bestia.
-Imagino que no, sino hay nadie poderoso defendiendo Lorencia de esos toros será porque no se requiere mucho poder para lograrlo- suspiró.- Entonces pasa lo que pasó, viene un asesino y nadie puede detenerlo a tiempo.
-Yo te protegeré.
Esa noche dormí en casa de Mike y a la mañana siguiente monté sobre Chester y, dando una última mirada a Lorencia, partí hacia Devias.
Llegué más o menos al mediodía mas cabalgué hasta que el sol desapareció y la aurora boreal se dibujó entre las estrellas. Casi era de noche cuando llegué al castillo abandonado de mi siempre nevada ciudad. Caminé por las oscuras ruinas, sorteando obstáculos sin mayores dificultades. Conozco aquel castillo como la palma de mi mano. Mas cuando estuve frente al trono me detuve, pude sentir una poderosa presencia aguardándome desde allí. Una presencia familiar...
-¿Qué haces aquí, Selena?- pregunté furioso encendiendo mi aura celeste.
-Perdiste la apuesta, vengo a reclamar mi premio- dijo mientras yo daba media vuelta para retirarme.
-Mañana entraré a tu estúpido clan y haré lo que me mandes. Hasta luego.
No pude dar un paso más, los calidos brazos de mi elfa rodearon mi cintura en un abrazo mientras que su mentón quedó apoyado sobre mi hombro dejando sus labios a poca distancia de mi oreja. La odiaba tanto en aquel momento que su abrazo me causó repulsión. Iba a liberarme cuando me susurró al oído "no te vayas, quiero estar contigo".
-Selv, nunca quise hacerte daño.
-Pero lo hiciste.
-Necesitaba que notases que es cierto cuando te dicen que tratas a los demás como inferiores... y que ese trato lastima, y me lastima.
-Sabes... me di cuenta que tenías razón. Pero me dolió lo que hiciste.
-Lo lamento- dijo besando mi cuello.-De veras lo siento, pero como logré mi cometido no estás obligado a cumplir con tu castigo. Es más, pídeme lo que gustes.
-No gané, no sería merecedor de ello.
-Olvida la apuesta, te regalo el favor, Master, porque me gustas.
-También me gustas. Y se me ocurre que puedo pedirte- dije con una pícara sonrisa.
-Dime- dijo al comenzar a morderme suavemente el cuello y a acariciar mi pecho y hombría.
-Dile a tu Master que soy mucho mejor amante que él- contesté entre suspiros.
-¡Que malo eres! Sabes que no puedo decirle eso, se enojaría contigo ¿Quieres guerra contra mi clan? Recuerda a la poderosa asistente que tienen- rió mientras sus manos se escabullían bajo mi pantalón.
-Pero, soy mejor amante que él ¿verdad?
-Para mí usted es el mejor semental del mundo, mi Master...
-¿Si? Dímelo siempre...- gemí mientras ella me masturbaba con firmeza.
-Usted es el mejor, mi Lord.
Sus palabras me relajaron y pensé, soy el Lord de ZARPA, tengo gente leal y poderosa a mi servicio, algunos incluso más poderosos que yo. Podrán tener sus defectos y sus virtudes pero siempre están ahí para mí... Quizá yo no sea el mejor en todo pero ellos me eligieron y los aprecio por ello.
Aunque si una elfa hermosa cree que soy el mejor del mundo algo de razón debe tener.
EPÍLOGO
Si bien la apuesta con Selena terminó sin ningún tipo de sometimiento a mi persona. No todo acabó ahí.
Solucionar el problema de Mike fue bastante sencillo, dos días después de lo ocurrido en el bar de Lorencia, tuve un encuentro con el gobernador de la ciudad quien me recibió de inmediato creo que más por miedo que por respeto. Desde aquel día Lorencia es custodiada por dos elfas arqueras de rango maestro. Mike tenía razón, la muerte de su familia pudo haber sido evitada de no ser por la tacañería del gobernador. Contratar tan poderosas protectoras es costoso pero lo vale y con el dinero de los impuestos no debería presentar mayores problemas el mantenerlas siempre allí.
Con respecto a los muchachos del clan, Diómedes y Venekita eran los que más recordaban lo sucedido. Al principio no quise retornar a ZARPA, me daba mucha vergüenza lo que podrían decir de mí. Mas no podía escapar por siempre a mis responsabilidades. Selena les contó todo lo ocurrido y ellos comprendieron de inmediato. De todos modos se rieron de la situación y cuando nos reencontramos se notaba en sus rostros las ganas de reír. Pero, como siempre, a mi asistente le bastó sólo apoyar su mano en mi hombro para darme a entender que ellos eran mis amigos y que mientras estuviésemos juntos todo estaría bien.
La siguiente semana tuve que tolerar varias bromas por parte de los chicos, pero nada que un Novazo y unas oportunas estacadas de hielo a dichos insubordinados no solucionasen.
Por último, Leink. Intenté no cruzarme con él, cada vez que lo veía me escabullía de inmediato.
Una tarde, en los límites de Noria se dio el encuentro. Mientras que ZARPA se repartía el pequeño botín recién obtenido tras la derrota de las tropas del White Wizard, yo me dirigía en busca de un trago en el café más cercano.
-Hey, mozo- escuché que me llamaban de pronto.
Miré por el rabillo del ojo y de inmediato reconocí al hermano de Blanie sentado en la otra mesa. Intenté ignorarlo pero Blanie, quien estaba con él, me saludó.
-¡Selv!- continuó la elfa mientras tomaba asiento junto a mí, seguida de inmediato por su enorme hermano. -Leink me contó lo del bar.
-Buenas tardes, Selvheen. Tiempo sin vernos- dijo el guerrero.
-¡¿Qué demonios quieres?!
-Un café, por favor- se burló.
De inmediato me puse de pie y, con mis alas bien abiertas para aparentar mayor tamaño, contesté.
-Quieres que te derrote de nuevo ¿verdad?
Leink se levantó como una mole ante mí, sus alas eran inmensas, similares a las de un dragón y su armadura lo hacía ver como un gorila asesino.
-Chicos, no peleen- interrumpió Blanie.- Traeré un trago para ambos, siéntense.
Sin decir más partió hacia la barra. Mientras tanto el gorila con esteroides y yo nos miramos fijamente. Admito que un golpe con su brillante espada Day Break duele y mucho, no es algo para tener sin cuidado. De todas maneras soy ágil como una gacela y, aunque no sea un bruto cavernícola como él, me las he ingeniado siempre para ganarle.
-¡¿Por qué tenías que contarle a Blanie?! ¡¿Quién te crees?!
-¿Que quien me creo? ¿QUIEN TE CREES TÚ PARA SACARLA DE SU CUARTO A MEDIA NOCHE Y LLEVARLA A ESE PUENTE DE PORQUERÍA?
Me quedé mudo, no creí que se enterase nunca.
De pronto Buffelms, una elfa de energía, Battle Master como Ángel, me llamó a la distancia. El clan estaba listo, aguardando mis órdenes y llevaban tiempo esperándome.
-Saludos a Blanie de mi parte- dije antes de darle la espalda y teletrasportarme lejos de él.
-Nos vemos, Selvheen- dijo el guerrero antes de volver a tomar asiento.
Aún me llama mozo de vez en cuando, pero acostumbramos a discutir por todo y, como no nos vemos seguido por asuntos del trabajo, el tema pronto sería sólo un vergonzoso recuerdo.
sábado, 10 de octubre de 2009
Cuarto escrito. Quinta parte. El Día dos.
El bullicio de la ciudad me despertó cerca del mediodía. Acostumbro a dormir hasta tarde cuando no trabajo y despertar escuchando el canto de las aves. Cerré los ojos, enterré la cabeza en mi almohada pero fue imposible volver a dormir. Mas aquel hotel barato no estaba tan mal. Decidí hospedarme allí porque, aunque mi trabajo comenzaba a la noche, resultaba realmente engorroso volver hasta mi casa en Devias. Además estaba tan cansado...
Esa vez soñé con Don Jorge, la anciana sorda y mi dulce Selena, la cual últimamente no me resultaba tan dulce. Pensar que pronto cobraría venganza me sacó una sonrisa.
Salí a la calle luego de pagar los mil quinientos zen que aquel hotelucho cobraba por una noche en su mejor habitación. El sol me cegó de inmediato, nuevamente sentí demasiado calor. Caminé varios minutos hasta quedar en frente al bar de Lorencia, el cual rebalsaba de gente por estar cerca la hora del almuerzo. Entré y Mike me saludo de inmediato.
-Buen día, Selvheen ¿qué te trae por aquí tan temprano? ¿Quieres una mesa?- sonrió del modo en que pienso que deberían sonreír todos los mozos y sirvientes del mundo.
-No, gracias. Sólo vengo a tomar algo- dije encaminándome hacia la barra donde Lumen atendía como siempre.-Un Remedio de amor- pedí.
-Sale uno bien frío- contestó Lumen.- Buenos días, Selvheen- continuó diciendo mientras preparaba aquel menjunje rosa que tanto me gusta.
-Gracias- contesté al recibir el tan anhelado elixir.- ¿Cuanto te debo?
-Oh, no te preocupes, la casa invita. Don Jorge y Selena no vienen hasta la noche.
-¿Entonces puedo pedir todo lo que quiera?
-No abuses- rió.-Un Remedio de amor... uh ¿Problemas con Sele?- preguntó de pronto cambiando el tema.
-Ni que Selena fuese mi novia o algo así.
-Los vi bajo el farol ayer.
Me sonrojé y miré hacia otro lado, pensé que nadie nos había visto. Si ella, al otro lado de la ventana a través de la oscuridad, pudo vernos, Don Jorge probablemente también. O quizá el hombre no ve bien por la edad. Quién sabe...
De pronto comenzaron a oírse gritos desesperados desde la calle. Mike y yo salimos de un salto. La gente corría como loca, mi instinto me indicó correr hacia la fuente del peligro. Admito que lo que me encontré fue un poco desilusionante. Un enorme minotauro mugía por las calles mientras avanzaba directamente hacia el bar, destruía los puestos callejeros y tomaba a las personas para luego lanzarlas con fuerza contra el duro suelo. Los hombres arrojaban piedras y otros objetos contra el feroz animal que no parecía sentir ni un cosquilleo. Me interpuse entre la bestia de pelaje marrón grisáceo y el bar. Miré al minotauro un instante y dando un hondo suspiro lancé una pequeña bola de energía celeste, el primer hechizo que aprendí, y la inmensa fiera cayó. Mike de pronto me tomó del hombro.
-¡¿Qué rayos estás haciendo?! Vámo...
Pero no prosiguió, se quedó paralizado al ver lo que había hecho. Soltó mi hombro y retrocedió dos pasos.
-Eres un Dark Wizard...
-No, un Soul Master- contesté mientras la gente aplaudía eufórica.
-¡Maldito seas! ¡Asesino! ¡Mentiroso! Déjame solo, aléjate de mí- dijo antes de irse corriendo hacia el bar dejándome completamente anonadado.
Sacudí la cabeza y al entrar en razón corrí tras él. Crucé la puerta del bar donde todas las personas me aplaudían de pie.
-Lumen ¿haz visto a Mike?
Lumen me tomó de brazo y me pidió que la siguiese tras el bar. Le pregunté que demonios le ocurría a l joven mozo. La chica rubia me miró a los ojos.
-No le digas que te conté. Pero el le teme a los Dar... a los magos. Cuando el era pequeño un grupo de magos como tú asesinó a su madre y a sus hermanos.
Entonces recordé lo que Selena me dijo sobre la gente que teme a las razas de combate y me sentí profundamente culpable por haber revelado mi identidad. Pero debía hacer algo, no podía dejar que todo Lorencia fuese destruida por un miserable torito. Lumen comprendió de inmediato, en sus años de trabajo en el bar conoció a muchos guerreros, magos y elfas por lo que no les temía. Mas Mike no lo había tomado tan bien. Decidí ir a buscarlo pero no lo encontré. Le daría tiempo y a la noche conversaría con él.
Al caer la noche regresé al bar, Selena me esperaba en la entrada.
-Selvheen, Lumen me contó lo ocurrido. Lamento lo de Mike...
-Quiero hablar con él.
-Pidió permiso para no asistir esta noche- dijo antes de besarme y lamerme juguetonamente luego los labios.-Parece que tendrás más mesas que atender hoy.
-Ve preparándote, te ganaré- sonreí confiado olvidando por un momento a mi compañero de trabajo. -Quiero hacerte el amor, Selena. Desde ayer que estoy desesperado por ti- agregué al mismo tiempo que ella comenzaba a acariciar mi entrepierna.
-Mmmmm, parece que de veras me haz estado deseando. Pero tenemos que trabajar esta noche. Cuando te gane la apuesta te complaceré.
-Dirás cuando yo gane...
-Sí, claro. Cuando yo gane.
Dio media vuelta y caminó hacia el bar moviendo de un lado al otro sus sensuales caderas a cada paso que daba. Esa noche no sólo ganaría una apuesta sino que le haría el amor a esa poderosa elfa hasta quedar totalmente seco. Las ansias me estaban matando.
La rutina se repitió en un principio, ponerse el uniforme, prender faroles, barrer, limpiar vidrios y acomodar las mesas. Mientras acomodaba un centro de mesa para que combinase con los demás, Don Jorge se me acercó.
-Muchacho- me dijo- gracias por salvar el bar hoy.
-De nada.
Sin decir más sonrió y dio media vuelta, era un hombre orgulloso al igual que yo por lo que comprendí de inmediato lo duro que le resultaba dar las gracias a un empleado novato de mi tipo. Me dieron ganas de preguntar por un aumento, pero como este era el último día me contuve.
No vi a mi amante en toda la noche, su padre tampoco se asomaba. Las gemelas y yo atendíamos todas las mesas mientras Lumen hacía lo suyo. El bar estaba extrañamente vacío, supuse que sería por el incidente con el minotauro así que no le di mayor importancia. Repentinamente un Magic Gladiador, un Blade Knight y una elfa arquera aterradoramente conocidos entraron risueños al bar. Selena entró tras ellos invitándolos a tomar asiento con toda la cortesía que pudo. No podía ser... Selena no podía estar haciéndome aquello. Mas cuando me miró por el rabillo del ojo supe que todo eso realmente estaba ocurriendo. Diómedes el Gladiador, mi asistente personal en ZARPA, segundo al mando, tomó asiento primero. Ángel, mi Battle Master, un joven y atractivo Blade Knight, se sentó luego junto a Venekita la arquera, importante miembro del clan y amiga de los chicos. Corrí tras las gemelas.
-Chicas ayúdenme, necesito que atiendan aquella mesa.
-No podemos, Selv, estamos muy ocupadas haciendo las tareas de Mike- comentaron graciosamente al mismo tiempo.
-Se los ruego, chicas. Atenderé el resto de las mesas, por favor- dije a punto de arrodillarme y suplicarles.
Miraron hacia la mesa, Selena les hizo un gesto y las pelirrojas se sonrieron de manera cómplice entre ellas. Maldita elfa... Esto no podía estar pasándome a mí.
-Chicas, les pagaré, por favor. Sálvenme en esta.
-De acuerdo, serviremos la primera ronda, pero si vuelven a pedir tendrás que encargarte tu mismo- dijo una de ellas.
Mi agradecimiento fue tal que las abracé a ambas, mas Don Jorge me miró mal desde la cocina levantando una ceja. Las solté de inmediato y me dediqué a ayudar todo lo que pude con los demás clientes. Para mi fortuna unas jovencitas ocupaban una mesa cercana, por lo que podría espiar a mis muchachos de vez en cuando. Selena, desde la puerta, chasqueó los dedos con frustración pero no se daría por vencida. La conozco lo suficiente para saber que no se rendiría. Tratando de que no me notasen mis compañeros me acerqué cual camaleón.
-Hey Diome, hace mucho que no salíamos todos juntos- dijo Ángel.
-Es que el clan consume mucho tiempo. Cuando tenemos un rato libre solemos descansar en nuestras casas- contestó Diómedes.
-Deberíamos pedirle a Selvheen vacaciones pagas- agregó Venekita.
Ni en sus más remotos sueños, si yo no tengo vacaciones pagas siendo el Lord, nadie las tendrá. Aunque si lo pienso más a fondo no sería una mala idea tomarme vacaciones del trabajo y descansar un poco en Noria, la ciudad de las elfas.
-Qué pena que Selvheen no pudo venir- dijo Diome sin mostrar un verdadero pesar.
-Estamos tan acostumbrados a él que nadie se sentó en la cabecera de la mesa- sonrió la arquera.
-Técnicamente el lugar le corresponde a Diome, después de todo, es el segundo al mando- dijo el Blade Knight dándole una amistosa palmada en la espalda a mi asistente.
-¡Ya sé! Me sentaré yo en la cabecera. Después de todo siempre soy yo quien encuentra los mejores lugares para entrenar en Kanturu.
Sin decir más la arquera se levantó y tomó su "bien merecido" lugar en la mesa.
-Qué bien se siente... ya siento las órdenes brotar de mí- rió junto con los otros dos.-Si Selv estuviese con nosotros probablemente se enojaría al verme aquí.
-No se sentaría- agregó el Gladiador.
-Como si el Master fuese a estar en un bar como este. Diría que es un barsucho de cuarta- acotó mi Battle Master.
-Y definitivamente no tomaría de esta cerveza- rió Diome.
-No aprobaría que la tomásemos tampoco- sonrió el guerrero.
-Bebería agua mineral- rieron los tres al unísono.
-Un brindis por esta primera reunión de insubordinados bebedores de cerveza- propuso el pelirrojo Magic Gladiador poniéndose de pie con su bebida.
Todos brindaron entre risas. Me molesté un poco con ellos, no soy tan odioso como decían o como dice Selena. Sólo los llame insubordinados un par de veces, no soy tan prejuicioso con los bares y definitivamente no brindaría con agua mineral... Soy capaz de tomar cerveza como cualquiera. Sólo que... no me gusta.
Por otra parte, las gemelas cumplieron su promesa, atendieron la primera ronda, pero para mi desgracia Ángel decidió pedir una segunda cerveza. Nadie me salvaría esa vez. Mas las gemelas me dieron una solución. Antes de darme cuenta me encontré con un bigote falso pegado bajo la nariz.
Me acerqué a mis compañeros con el corazón prácticamente en la boca.
-¿Les traigo algo más, jóvenes?- pregunté casi temblando.
-Una ronda más de cervezas y traiga cualquier cosa más con alcohol que encuentre- mandó el guerrero.
Mas Diómedes se me quedó observando de manera pensativa y preocupante.
-Disculpe ¿nos conocemos? Su voz se me hace familiar- cuestionó el pelirrojo.
De inmediato agravé la voz y contesté.
-Puede ser, viene mucha gente, quizá lo atendí en alguna ocasión.
Ahora la elfa también indagaba con su mirada.
-A mí también se me hace conocido. No recuerdo de dónde- dijo haciendo un esfuerzo por recordar.
-Voy por sus bebidas.
Literalmente escapé de allí. En el camino la vi a Selena quien se burlaba de mí con la mirada. Cuando tomé las botellas para llevárselas a los muchachos, ella se acercó.
-¿Cómo pudiste hacerme esto?- pregunté furioso.
-¿Qué tiene de malo? Sirves a tus amigos, si no te crees superior a nadie no debería incomodarte.
-Te venceré.
-No cantes victoria, aún no juego mi última carta.
sábado, 3 de octubre de 2009
Cuarto escrito. Cuarta parte. Los clientes.
No negaré que me encontraba algo ansioso. Mas la tarea no parecía tan difícil. Ser amable, tomar el pedido, anotarlo o memorizarlo, pedirlo y servirlo. Podía sentir el dulce sabor de la victoria, Selena las pagaría bien caras. Qué podría pedirle.
Era temprano aún, las gemelas me explicaron que los fines de semana se llenaba. Aquellas chicas son sensuales, ambas pelirrojas, con ojos verdes, pequeñas pecas por todo el rostro y un busto enorme pero perfectamente proporcionado con sus delgados cuerpos curvilíneos. De todos modos mi rubia elfa las opacaba un millón de veces.
De pronto entró el primer cliente, un hombre que de inmediato se sentó en la barra pidió una botella de cerveza y se puso a conversar con Lumen quien fingía interés por lo que extraño contaba.
Luego entró una joven pareja, el muchacho del que antes les hablé los ubicó en una mesa cercana a la ventana y tomó sus pedidos. Lo observé detalladamente, nada daba indicios de que se tratase de una tarea difícil.
El cuarto cliente fue un joven, me acerqué a él, pidió mesa para dos, ya que esperaba a su novia. Le ofrecí un café mientras esperaba, aceptó de buena gana y no ocurrió nada más. Minutos después llegó la dama, pidieron unos fideos, les serví y todo salió bien. Era un trabajo muy sencillo después de todo.
Alrededor de media hora después, entró una dulce ancianita y se sentó donde quiso.
-Buenas noches, señorita ¿qué le sirvo?
-No, yo no soy de virgo, soy de sagitario.
O esa señora estaba medio sorda o medio loca, lo que dijo no tenía ningún sentido. Probablemente estaba distraída.
-¿Qué va a pedir?- insistí nuevamente.
-Bueno te voy a pedir algo.
Pero no dijo nada. Parecía pensativa.
-Uy no sé ¿qué me recomienda, jovencito?- dijo de pronto.
-Puede pedir la especialidad de la casa.
-No no, yo quiero en vaso no en taza. Pero ¿qué me recomienda?
-A mí me gusta el pato a la naranja.
-¿Quien se calló a la zanja? Pobre... ¿Cuando sucedió? ¿Está bien?
Quise salir a la calle y darme la cabeza contra el farol. Selena notó de inmediato que me estaba tardando demasiado con la señora y se dedicó a observarme desde la barra donde ya había tres hombres. Respiré hondo.
-¿Qué tal ensalada y carne de conejo?- propuse.
-¿Cangrejo? No, no me gustan los mariscos. Me dan impresión, parece que te miran desde el plato- dijo como si le hubiese propuesto comer una cabeza humana.
-Dije si quiere conejo¡¡CO-NE-JO!!
-¿Qué sucede, Selvheen?- dijo de pronto Selena detrás de mí con tono algo enojado- ¿Por qué le gritas a los clientes?
-¡¡Es que la vieja está sorda!!
-¿¿Qué estoy gorda?? Cómo se atreve, insolente.
Y sin decir una palabra más se levantó de su asiento y se fue indignada. Selena se cruzó de brazos. Iba a defenderme pero la elfa atacó primero.
-No es así, Selvheen. Este no es el clan donde puedes andar gritándole a todo el mundo.
-¡Pero...
-Pero nada, no le voy a decir a papá porque la mujer de veras estaba sorda. Cuidado con la próxima- interrumpió para luego darse media vuelta y volver a sus labores.
Maldita sea... Fui un rato a la barra a ver si conseguía relajarme. El joven mozo apoyó su mano sobre mi hombro de repente. "Vamos, ánimos, te acostumbrarás a los gritos de Selena y Don Jorge. No es para tanto" me dijo cariñosamente. Me sentí mejor, hasta sonreí, era como si el alma de Diomedes, mi asistente y consejero de ZARPA, estuviese allí para consolarme y apoyarme como siempre lo hacía.
Mike, el joven mozo, atendió la siguiente mesa dándome así un momento de paz. Mas fue breve porque un hombre, su mujer e hijita entraron al bar y de inmediato tomaron asiento. Estaba cansado de todo esto, quise irme en ese mismo momento. No me importaba la maldita apuesta. Pero entonces recordé lo mal que me trató Selena con la anciana y supe que no podría estar una semana entera a sus ordenes. No me quedaba otra que resistir.
-Buenas noches ¿qué les sirvo?- pregunté con la mejor sonrisa que pude.
-Dos jugos de naranja para las chicas y una cerveza para mí-dijo el hombre.
-Bien ¿y para comer?
-No estamos seguros, ahora te decimos- dijo el hombre sin siquiera mirarme.
Tan mal se sentía hacer el mejor esfuerzo para complacer al otro y ni siquiera ser observado... Pensar que doy tan por sentada la obediencia de la gente del clan que nunca la agradezco con sinceridad me revolvió un poco el estómago ¿Podría ser que Selena tenía razón?
Volví minutos después con las bebidas, la bandeja no resultaba problema, tengo un excelente equilibro, podría llevarla con un solo dedo.
-¿Ya decidieron?
-Para mí costillas de cerdo de la casa. Para la nena pollo con papas- dijo la mujer sonriéndome mientras yo anotaba.- ¿Y tu, querido? ¿Qué vas a pedir?
-Creo que costillas de cerdo también- dijo todavía sin mirarme.
-Bueno entonces, dos costillas de cerdo de la casa y pollo con papas- repetí antes de darme vuelta.
-No, pará pará, mejor tráeme pollo, el cerdo me cae pesado.
-Bueno, pollo para el señor- corregí en mi libreta.
-No, esperá... comí pollo la vez pasada ¿tienen ternera con batatas?
-Si, señor.
-Adelante, entonces tráeme ternera con batatas.
-Bueno...-contesté mientras tachaba y anotaba de nuevo.
-Ahy no sabés qué, mejor tráeme pastas que nunca probé.
-Aja... - me contuve.
Esperé unos segundos por si el hombre decidía cambiar de opinión.
-¿Qué estás esperando? Tenemos hambre- dijo frunciendo un poco el ceño pero no del todo furioso.
De mala gana me di vuelta y fui a buscar su pedido pero...
-Sabés que... mejor tráeme las costillas de cerdo que pedí al principio.
Decir que casi lo mato era poco, iba a mandarlo al demonio pero recordé la mirada de Selena y me detuve. Corregí nuevamente la libreta y me dirigí hacia la cocina. Pero a medio camino escuché que alguien me llamaba casi gritando. "Hey, Mozo, Mozo" decía. Volteé la mirada y vi al hombre llamándome "rápido, por favor" continuaba diciendo sin mirarme a los ojos. Como si yo no valiese ser observado. Volví sobre mis pasos y pregunté.
-¿Si, señor?
-Ah, no deja, no era nada.
Con todo el enojo del mundo fui nuevamente con el cocinero, Selena me interceptó en el camino.
-Si la estás pasando mal, puedes rendirte.
-¡Jamás!- contesté.
-Bueno entonces, apúrese, Lord de ZARPA, tiene una mesa que servir.
Me sentí humillado, completamente humillado. Llamarme Lord en aquella situación, mandarme de ese modo... Selena no era mala, pero intentaría todo para hacerme renunciar. No le daría el gusto, lo único que lograba con aquello es que planificase más mi venganza.
Finalmente serví la comida de aquella familia y no hubo más problemas. Comieron, conversaron, pagaron y se fueron. Fui a la barra con Lumen y le pedí un trago, pero me lo negó. Parece que a Don Jorge no le gusta que los empleados beban en el trabajo. Me senté un instante en un banquito para descansar los pies.
-Si no estás haciendo nada, anda a lavar las cosas- ordenó Don Jorge.
Quise decirle que sólo me senté un segundo pero terminé en la cocina, arremangado, lavando platos sucios de sobras de la comida de los demás. Sólo quise irme a casa.
Pasaron las horas y el bar se llenó, debo haber atendido como quince mesas cuando de pronto algo sucedió. Acomodaba un centro de mesa cuando vi cincuenta zen abandonados.
-¿Qué es esto?- pregunté a una de las gemelas.
-Felicitaciones, tu primera propina- me sonrió- Qué afortunado eres, te dejaron mucha.
Uy si... saldría a comprarme mi armadura Anubis ya mismo...
Traté de no darle demasiada importancia y continué atendiendo. Me costaba sonreír, tenía sueño y estaba fastidiado. Los pies y la espalda me dolían y si me quejaba, alguno vendría a darme un sermón sobre la buena actitud.
Luego un sujeto de apariencia apesadumbrada entró al bar y se sentó en una mesa. Me acerqué a él.
-Buenas noches ¿qué le sirvo?
-No me hable, quiero estar solo...- dijo evadiendo mi mirada, casi llorando.
-Está bien...
Cuando me alejé de la mesa Don Jorge me interceptó.
-¿Y ese hombre? Es una bebida, mínimo. Atiéndelo- refunfuñó casi con hastío de mí.
-Pero... el hombre está deprimido, no quiere nada.
-Pídele cortésmente que se retire, si ocupa la mesa perderemos clientes ¿tengo que explicarte todo?
-No... Señor...
-No te pago para hacer de terapeuta- dijo mientras se iba.
Miré hacia el individuo. Este luchaba por no llorar, se lo veía demasiado triste. Fui a la barra y pedí un café. Volví a la mesa y se lo ofrecí al hombre.
-Tenga.
-No pedí esto, no tengo dinero.
-No se preocupe, la casa invita.
Me miró a los ojos se secó las lágrimas con el puño de su camisa y me sonrió.
-Gracias, muchacho.
Y así, gastando toda mi recién lograda propina, la única de la noche, terminó mi primer día de trabajo. Cuando no quedó nadie, acomodamos todo rápidamente, cerramos las puertas, apagamos los faroles y al fin pude ir a descansar.
Selena no pareció preocupada por estar a punto de perder la apuesta, se veía sumamente segura. Sólo al día siguiente sabría lo que aquella elfa malvada tenía en mente...
Cuarto escrito. Tercera parte.
-Selvheen, me estás hartando- me fastidiaba Selena.
No iba a disfrazarme por nada del mundo.
-Vamos, Selv, es solo el color del pelo- rezongó. -No tienes que cortártelo. Se darán cuenta que eres un mago si te ven tan joven con esas canas.
¡No son canas! es un natural blanco perla con reflejos azules. No es mi culpa que la energía y la magia que fluyen por mi cuerpo no se lleve bien con los pigmentos del cabello. Se lo dije. Si alguien más volvía a insinuar aquel dichoso dia que soy viejo...
-Se te saldrá cuando te bañes ¿Qué opinas del negro?
-¿Negro? ¿Cómo un Dark Knight de bajo rango? Debes estar loca - protesté desde la incomodidad de mi banquito.
-¿Y que opinas del rubio?
-No... Pensarán que soy elfa reprimida.
Selena respiró muy hondo y creo que contó hasta diez.
-¿Pelirrojo?
-Magic Gladiador...
Los odio desde lo ocurrido con la espada del Arcángel.
-¿Castaño?
-Como un bruto Blade Knight de cuarta...
-¿Que tal castaño oscuro? Imagino que no tienes nada en contra.
-No me gusta...
Selena tomó un pequeño pincel y se paró detrás de mí. Me tomó del largo del pelo y jaló hacia atrás mi cabeza, de modo en que quedé mirando hacia el techo. Una pequeña arañita parecía mirarme.
Los ojos azules de la elfa me miraron fijo entonces. Me besó dulcemente la frente y luego, con mirada asesina, me dijo "o castaño oscuro o verde goblin". La decisión estaba tomada, sería castaño oscuro.
Cuando la dulce voz de Selena dijo "terminé" sentí pánico, lentamente giré la cabeza hacia un pequeño espejo en la pared y me vi. Mi cabello caía castaño sobre mis hombros y más abajo. La elfa consiguió lograr un brillo tan hermoso y natural, tanto en el pelo como en las cejas, que me dieron ganas de abrazarla de tanto alivio que sentí. Mas de pronto noté un pequeño moño negro, justo bajo el espejo, junto a lo que parecía ser mi futuro uniforme. Pero si creí saber en ese momento en lo que me había metido, no tenía ni la más remota idea de lo que me esperaba.
No tardó en caer la noche. Don Jorge, el padre de mi chica, reunió al personal en la entrada. Selena, Lumen la chica del bar, dos muchachas más, un joven de más o menos mi edad, y yo esperábamos las ordenes.
-Bueno, muchachos y muchachas. Lumen, limpia la barra y acomoda el lugar, las botellas están empezando a juntar polvo- dijo Jorge dirigiéndose luego a las otras dos chicas de apariencia casi idéntica. -Ustedes dos, barran todo y acomoden los centros de mesa.
Al otro muchacho le ordenó revisar el inventario de bebidas y avisar al cocinero, con quien no fui presentado, algo referente al pollo. Por último nos envió a Selena y a mí a encender los faroles, barrer un poco la entrada y limpiar los vidrios.
-Sí, Señor- respondieron todos, menos yo, al unísono.
Don Jorge sería un buen Master, ojala pudiese lograr que mi clan me tratase con tanto respeto y sin tantos cuestionamientos. Comenzaba a agradarme el viejo panzón.
Cuando todos se fueron y la única a mi lado fue mi compañera comenzamos a trabajar. Primero los faroles, siempre me pregunté como funcionaban aquellas cosas.
-Selv, tu enciende los dos de allá, me encargaré de este- me dijo.
Caminé con mi acostumbrada tranquilidad y elegancia hasta el farolcito, la noche estaba hermosa, ni una nube, el cielo lleno de estrellas y una agradable brisa. Al llegar bajo el farol, me lo quedé mirando... y mirando. Cómo funcionaría esa cosa.
De pronto alguien rodeó mi cintura abrazándome por la espalda y me besó con pasión el cuello. La elfa de largo cabello dorado sabía hacerme suspirar. Pude sentir sus senos apoyados en mi espalda gracias a la delgada camisa muy diferente a mi acostumbrada armadura. Giré velozmente para quedar cara a cara con ella, la tomé de los brazos y la puse de espaldas al farol. Mordí un poco sus hombros, la sostuve de los pechos y me apoyé completamente sobre su carnoso trasero. La hubiese montado ahí mismo de no se por una pequeña interrupción.
-¡Selena! ¿Cuánto más van a tardar en encender los faroles?- gruñó Don Jorge desde la entrada del bar.
El corazón se me detuvo. Mas nada ocurrió. Que afortunados fuimos en que no viese lo que estábamos haciendo. No saber prender un farol no era tan malo después de todo.
-Bueno, Lord, enciende este que yo voy por el último- mas de pronto sonrió con picardía- salvo que no sepas como hacerlo.
-Claro que sé, tú déjamelo a mí.
Debía encenderlo, pero cómo. Lo miré, lo miré y lo miré, hasta que de pronto noté una pequeña perilla. La giré pero no pasó nada. Porquería de farol, Selena volvería pronto y esa basura no quería prenderse. Apoyé mi mano donde se suponía que debería estar el fuego y usando un hechizo sencillo conseguí la llama que para mi sorpresa no se apagó. Rápidamente supe que la perillita era para regular el fuego y, tras comparar mi obra con la de mi compañera, vi que no lo había hecho nada mal.
Luego la elfa tomó una escoba y un balde con agua. Me preguntó si prefería lavar el vidrio o barrer. Y como barrer me parece demasiado denigrante, tomé el balde. Limpié los vidrios utilizando magia desde luego, moderando un poco mi rayo de agua no resultó una tarea difícil.
Una vez que terminamos nuestras tareas, el bar abrió sus puertas. Selena me miró entonces de tal manera que supe que debía tener miedo, mucho miedo...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)