domingo, 30 de agosto de 2009

Tercer escrito. Tercera parte. El puente.

Al abrir los ojos supimos que lo habíamos logrado. Nos encontrábamos a pocos metros de un gran precipicio del cual nacía un largo puente de arcos construido en piedra.
El fantasma del hombre alado que vimos en la entrada de Devias estaba agonizando a nuestra izquiera en los brazos de uno de los soldados. Pero el lugar estaba vacio. Aquella pelea estaba llegando a su fin y la nuestra a punto de comenzar.
Al ponernos las capas ceremoniales similares a las utilizadas por los fantasmas, un día de luna llena, conseguimos abrir una brecha espacio-tiempo que nos permitió remontarnos al día en el cual la batalla de los fantasmas se llevó a cabo.
En aquel entonces los guerreros perdieron la batalla. Los Mobs tomaron el Castillo y la espada del comandante de las tropas fue robada.
Ahora es nuestra misión entrar al castillo y recuperar la espada que los malnacidos demonios arrebataron al guerrero aladado conocico como El Arcángel, el guerrero más poderoso de la historia.
Cruzar el puente entre miles de demonios, derrumbar la puerta del castillo, recuperar el arma y volver con El Arcángel no parecía imposible, pero la brecha espacio-tiempo permanecería abierta sólo durante un cuarto de hora. Como si fuera poco para poder salir debíamos acabar con casi cien demonios y acumular suficiente mágia de ellos para resistir el viaje de regreso. "Pan comido" me dije a mí mismo irónicamente.
Nos sentamos en el suelo de tierra a esperar que el evento diese comienzo.
-Muchacha, de tu defensa dependemos- dijo Sircancer. -Les abriré paso al principio, ustedes corran- continuó.-Dependerá del mago mantener el camino abierto.
-Entendido- dijimos Blanie y yo al unísono.
-De la puerta me encargo yo - sonrió Sircancer mientras acariciaba el filo de su espada con la punta de los dedos.
El resoplido de un caballo interfirió con nuestra concentracion. Dos Dark Lords con armaduras de brillante color verdiazul montaban enormes caballos negros a varios metros de nosotros. Conversaban entre ellos y no parecieron prestarnos demasiada antención.
Cerca del puente pude distinguir además a un sujeto de armadura violeta y cabello de fuerte color rojo. En su espalda se escontraba un par de alas muy peculiares. Cada ala compuesta de cinco rayos de luz azules de apareriencia electrica, terminados todos en un pico de metal.
Nos pusimos de pie lentamente, limpiamos el polvo de nuestras armaduras y caminamos hacia el puente. Blanie y yo nos asomamos al oscuro acantilado. El fondo no se veía pero sería una larga caida sino teníamos cuidado.
Mi pequeña elfa nos envolvió con las luces verdes y rojas correspondientes a los hechizos de defensa y ataque. Hice lo mismo con mi Soul Barrier. El Blade Knight se paró delante nuestro y tomó sus dos brillantes espadas.
La vista se nos nubló de pronto a causa de un relampago blanco seguido de un trueno que sacudió la tierra. Cuando abrimos los ojos el puente de piedra se encontraba repleto de monstruosos guerreros de figura semi humana con oscuras armaduras. Cada uno casi duplicaba nuestro tamaño.
Antes de poder siguiera reaccionar, Sircancer se lanzó sobre ellos con ambas espaldas al centro. Luego, al estar entre ellos las separó lanzando a los primeros monstruos al precipicio. Blanie y yo lo seguimos de inmediato mientras él abría el camino empujandolos y asesinándolos con toda la fuerza de su espada y su enorme cuerpo. Me dediqué a congelar a los demonios con una lluvia de puntiagudos trozos de hielo para que tardasen el mayor tiempo posible en realizar cualquier accion. Algunos de esos trozos congelados atravesaban las negras armaduras incrustándose en los cráneos de las criaturas que, aun empapadas de sangre negra, no mostraban signos de estar cerca de morir. De pronto sentí un durísimo espadazo en el ala derecha el cual me hizo gritar de dolor y me dejó arrodillado en el suelo. Mi ala casi desprendida sanó de inmediato. Blanie la habia salvado, pero desde mi posicion no podía ver a ninguno de mis compañeros y los monstruos se agrupaban cada vez más sobre mí. Seis criaturas comenzaron a darme sus mejores golpes de espada. Todos los cortes llegaban a los huesos pero sanaban de inmediato. No podía levantarme del suelo sin ser sometido nuevamente por esos malnacidos. Empecé a juntar toda la energía del universo, mi sangre comenzó a arder, levanté mi cetro a los pocos segundos e, incorporándome como pude, hice estallar mi Nova. Los monstruos cayeron a mi alrededor y pude ver que Sircancer se nos había alejado. Blanie en cambio continuaba a mi lado.
-¡Vamos, Selvheen, levántate!- me gritó a la vez que sanaba mis últimas heridas.
Me puse de pie y avanzamos corriendo tan rápido como pudimos. De pronto un grito desesperado me hizo volver la mirada. Una de las criaturas no había caido y, sujeta al borde del puente, había tomado del pie a mi elfa pretendiendo arrastrarla con él al vacío. Clavé mi cetro en la tierra y sujeté a Blanie de la cintura.
-¡¡Ayúdame, Selv!!
-¡¡¡SIRCANCER!!!- grité.
Un destello de luz y el monstruo cayó. Subí a Blanie y ella se liberó de la mano de la criatura que, separada del cuerpo de este, permanecía aún aferrada a ella. Sircancer nos hizo un gesto con la cabeza para que no nos alejemos nuevamente de él.
Mas no pudimos ni respirar, los asesinos estaban sobre nosotros nuevamente. El Blade Knight chorreaba sangre por todos lados. Cada demonio que mataba lo cubría más y más de esa espesa sangre negra. Blanie nos mantenía con vida a ambos.
Entre picos de hielo y espadazos conseguimos avanzar. Mientras más nos internabamos en el puente más variedad de criaturas aparecian. De repente un demonio de armadura roja hundió sus dedos en las alas de Blanie agujereándolas como si fuesen de papel. Voltié de inmediato y con un rápido golpe de mi cetro lancé a un monstruo del puente. Pero era tarde las criaturas se llevaban a Blanie y la rodeaban cada vez más.
-¡Encontré la puerta!- escuché a lo lejos.
Intenté avanzar entre los asesinos pero era imposible. Los desgarradores gritos de mi elfa me rompían el corazón. Cerré los ojos y junté mis manos a la derecha de mi cuerpo, cargué algo de energía y disparé un potente rayo color agua brillante que atravesó el cuerpo de muchos de esos bichos. Los demás monstruos voltearon hacia mí, y Blanie aprovechó el momento para escabullirse en cuatro patas entre ellos y poder llegar junto conmigo. Frente a nosotros el camino estaba despejado y la puerta se veia con facilidad. Sircancer había acabado con los pocos enemigos a su paso mas era cuestion de segundos que todo se llenase nuevamente.
Esta vez con Blanie enfrente mio continuamos avanzando. Pero a los pocos pasos un enorme brazo me empujó de tal manera que de no haber sido por mis alas y dos veloces aleteos me habría lanzado al abismo.
Corrimos tan rápido como nos fue posible, las criaturas eran fuertes pero no muy veloces asi que pudimos sacarles algo de ventaja. Al llegar a la enorme puerta nos encontramos con Sircancer quien con todas sus fuerzas embestía una y otra vez contra aquella barrera. De inmediato me sumé a él lanzando rayos de agua mientras que Blanie nos lanzaba nuevamente su hechizo para la fuerza. Volaban y volaban las astillas, los demonios estaban a cada vez más cerca y pronto quedaríamos literalmente entre la espada y la pared. Golpeábamos con todo lo que teníamos y la puerta no se movía, era como si se estuviese burlando de nosotros.
-Rápido, chicos, rápido. Se nos acercan - decía Blanie desesperada.
Cuando sentí el sonido de las metálicas pisadas detrás de mí, giré hacia ellos y vi que los teníamos practicamente encima. Disparé y disparé rayos de agua mas eran demasiados. Le ordené a Blanie ocultarse detrás mio y a sólo dos metros de Sircancer invoqué enormes circulos de fuego alrededor de mí. Algunas criaturas parecieron dudar en acercarse y las que lo hacían recibian una paliza. Blanie aumentaba mis poderes al infinito pero no podíamos seguir asi para siempre, Sircancer debía derribar la entrada.
Los monstruos de armadura roja decidieron avanzar y me preparé para lo peor.

viernes, 28 de agosto de 2009

Tercer escrito. Segunda parte. La procesión.

Cabalgamos juntos unas dos horas. Se notaba que mi princesa tenía frío así que la dejé abrazarme mientras la rodeaba lo mejor que podía con mis alas. Estuvimos así la mayor parte del camino hasta que de pronto llegamos a la entrada de la ciudad de Devias donde dos guardianes de armaduras plateadas montaban guardia con sus dos impactantes lanzas.
Nos abrieron paso de inmediato y sin hacer preguntas. Nunca supe si eso ocurría por lo conocido del clan ZARPA en Devias o por el poco sentido que tenía dar batalla a un Soul Master como yo acompañado de una elegante elfa de energía como Blanie.
Las calles de Devias estaban tranquilas, todo el mundo dormía en sus cálidas casitas. Mas la luna bañaba las calles y la nieve con su luz plateada iluminando tanto que uno podía olvidar fácilmente que era de noche.
Desmontamos para poder internarnos mejor en un oscuro callejón.
-¿A dónde vamos, Selv? - preguntó la elfa haciendo un esfuerzo por distinguir algo en aquella abrazadora oscuridad.
Admitiré que tampoco veía nada, pero estar delante de ella fingiendo que no había nada que temer me hizo sentir realmente importante. De todos modos no pasó mucho tiempo para utilizar uno de mis hechizos favoritos, el Soul Barrier, para iluminar el camino. Se supone que dicho hechizo es una clase de escudo mágico que amortigua el daño ocasionado en las batallas. Mas como es muy luminoso es ideal para cuando se acaban las velas en la casa o el aceite de los faroles.
Avanzamos un poco más y una imponente voz nos detuvo.
-Llegaste, pensé que te habías acobardado- dijo la voz.
-No creo que tengas derecho a dudar de mí- respondí.
De las sombras dio un paso al frente una enorme figura. Blanie y yo retrocedimos por instinto. Pero la elfa usando un hechizo similar al mío pero de color verde iluminó al misterioso sujeto. Se trataba de un enorme Blade Knight con una armadura gigantesca de color rojo brillante con bordes dorados.
-No perdamos más tiempo, la procesión está por dar comienzo- dijo el guerrero como si hablase solo.
Luego nos pasó por al lado sin siquiera mirarnos y en absoluto silencio supimos que debíamos seguirlo.
A paso veloz nos dirigimos hacia la salida Este de Devias. Nadie la vigilaba. Caminamos varios metros en silencio, sin decirnos nada. Todo se encontraba tan calmado...
De pronto la suave brisa se detuvo y el Blade Knight dirigió su mirada, junto con la nuestra, hacia la luna. Como serpientes de luz y fuego brotaron de aquella hermosa esfera plateada las primeras líneas de una impresionante aurora boreal y, como si el cielo les perteneciese, dibujaron a su antojo ondulantes garabatos verdes que parecían derretirse hacía la tierra.
-Es hermoso- dijo Blanie tan bajito que a penas la escuché.
Por mi parte estoy más que acostumbrado a la aurora boreal, ya que vivo en Devias, así que dirigí mi mirada hacía el horizonte. Unas figuras extrañas a los lejos llamaron mi atención. Sircancer, el Blade Knight, Master de uno de los clanes aliados de ZARPA, pareció notarlas también.
-Ahí vienen - dijo Sircancer al ponerse una capa celeste sobre los hombros.
Le ofrecí una capa similar a Blanie. En pocos segundos todos estuvimos listos.
Las figuras misteriosas avanzaban sin miedo, iluminadas por una luz celeste de apariencia fantasmal, y luciendo capas idénticas a las nuestras. Cuando estuvieron a un más cerca vimos que estaban lideradas por un hombre con enormes alas blancas de luz. Todos sus seguidores, alrededor de unos diez, portaban armaduras identicas. Imposible no reconocer dicha armadura porque se encontraba en todos los grabados antiguos y en cada viejo pergamino. Se trataba del primer Set de batalla desarrollado para el uso exclusivo de las razas de combate, inspirado como muchas de nuestras armas contemporáneas en antiguas criaturas y demonios Mobs.
La procesión llegó hasta nosotros y antes de que pudiéramos cederles el paso nos atravesaron como si no estuviésemos allí. Aquellos fantasmas se dirigían ahora a la bellísima iglesia de la ciudad para encomendar sus almas a a los dioses antes de la gran batalla que se avecinaba.
El misterio fue asesinado por la orden "¡Rápido!" de Sircancer. Corrimos hacía la iglesia y cuando cruzamos la puerta, desaparecimos.

viernes, 21 de agosto de 2009

Tercer escrito. Primera parte. Noche de luna llena.

¿Qué me encontraba haciendo corriendo a hurtadillas casi a medianoche? De eso se trata este escrito. Era noche de luna llena y el tiempo se me agotaba.
Me detuve en una pintoresca calle iluminada vagamente por algunos faroles, justo en frente de una acogedora casa de madera de roble. Nada de luz asomaba por las ventanas altas. Temí que no estuviese allí. Miré hacia ambos lados. Nadie a mi derecha nadie a mi izquierda. Saque unas piedritas que en un saquito de cuero había traído y arrojé la primera contra una de las ventanas. Aguardé y nadie respondió. Pero una ventana no me iba a ganar tan fácilmente, tomé otra piedra y la lancé. Nuevamente nada. Comencé a exasperarme, mas controlé mis impulsos y tiré la tercera piedra lo mas suavemente que pude para no romper el vidrio por mi impaciencia. Nada...
Bajé la cabeza para buscar una piedrita por el suelo, y tremendo piedrazo recibí en la cabeza. Miré de inmediato hacia la ventana desde donde un goblin malhumorado me hacía un gesto obsceno con el dedo.
Ni describir puedo la furia que me dio ese desgraciado bicho verde. Fue como la energía de cien Novas fluyendo por mis venas. Corrí hacía una de las piedras que había fallado, la tomé de inmediato y con todas mis fuerzas las lancé hacia la ventana. El ruido fue tremendo, una de las luces de abajo se encendió. Un rápido hechizo y me teletrasporté a la vuelta de la casa. Un Blade Knight de alto rango y aspecto conocido se asomó a ver que ocurría. Aguardó unos minutos con expresión furiosa y volvió a entrar al hogar.
Los grillos me indicaron que ya era seguro salir del escondite. Volví hacia la ventana dispuesto a probar suerte una vez más. Con la mirada en el piso busqué una nueva piedra.
-Selvheen, ¿qué rayos crees que estás haciendo? - susurró una dulce y confundida voz.
-Blanie, estás despierta. Que bueno. Ven, baja.
La bellísima elfa me observó un instante, se veía a kilómetros que no estaba despierta cuando llegué. Algo despeinada y con la mirada cansada dio un profundo bostezo y se estiró.
-¿Estás loco? Me despertaste, mi hermano te va a matar cuando se entere que fuiste vos.
-No hay tiempo, Blanie, ponte tu armadura y sígueme.
-¿Y crees que Leink me dejará salir a estas horas de la noche con vos? - rió mientras se acomodaba el cabello.
-¿Crees que espero su aprobación? Es luna llena, Blanie. Es el día.
De pronto la elfa comprendió. Me hizo un gestó con el brazo para que aguardase y desapareció tras la cortina. Dos minutos después reapareció hecha una princesa. Su armadura relucía bajo la luz de la luna y aunque no la cubriese demasiado, el Ceto era una impresionante defensa. Luego subió el pie al marcó de la ventana y saltó desde lo alto. Sus hermosas alas de colores traslucidos y con forma de una enorme mariposa amortiguaron la caída de tal manera que mi bella amiga pareció una hoja de otoño.
Desenganché de mi cintura un amuleto similar a la cabeza de un caballo con un cuerno. Lo arroje delante nuestro y una luz rosada cubrió el artilugio. Un simpático animal comenzó a tomar forma. Peludo, naranja y blanco. Con la cabeza adornada por una clase de casco a rayas de donde asomaba un cuerno con dibujos espiralados el animal bípedo de cuerpo similar a un ave con grandes patas de dragón emitió un simpático sonido.
Chester, mi mascota hizo una reverencia a la elfa de cabellos dorados invitándola a montarlo. Blanie rió entre dientes aceptando la invitación.
Entonces, ambos arriba del uniria, partimos hacia las heladas tierras de Devias.

sábado, 15 de agosto de 2009

Segundo escrito. La tintoreria

Al contrario de lo que muchos piensan, la vida de un Lord es mucho más que peleas, muertes y comercio. Todas las razas de combate, desde las delicadas elfas de energía hasta los tremendos Dark Lords tienen problemas semejantes a los del civil promedio. Uno no trabaja de tiempo completo defendiendo el mundo, los fines de semana muchos de nosotros tomamos un descanso. Comemos, nos bañamos y a veces hasta tenemos que limpiar.Resultó ser particularmente complicada esta última semana, me la pase demasiado ocupado con mis tropas acabando con las eternas invasiones del White Wizard. Tan ocupado estuve que olvidé llevar la ropa a la tintorería que me recomendó mi Asistente. Y mi otro Battle Master, Ángel, me mandaría al demonio si lo llamaba en su día de descanso para pedirle dicha tarea. Mas mis alas estaban hechas un desastre, todas las plumas pegoteadas de sangre y para colmo casi grises por el uso. Y admitámoslo, nadie se compra unas alas +11 para que luzcan +6.Qué hacer, no podía dejarlas así hasta el lunes, no es la imagen que quiero dar a los demás clanes. Pero tampoco era cosa de andar por la ciudad solo como un civil. De tintorerías no se mucho y me habían advertido que algunas no eran muy buenas. Las alas de mi amigo Sircancer se encogieron de +9 a +8 cuando fue a una tintorería de Noria. Siempre supuse que los Goblins no eran buenos para ese tipo de tareas.Decidí quitarme el logo del brazo, y vestirme más normal. Tome una camisa, unos pantalones que por allí tenía y me encaminé por las calles del Valle de Loren. No presté demasiada atención al paisaje, a duras penas lograba orientarme en aquellas calles tan diferentes de lo habitual. Pasé por una plaza donde un dark lord de bajo rango se ganaba la vida paseando a la gente a caballo mientras que su negro halcón protegía el dinero de los veloces manoteadores. Me acerqué un poco más y pude reconocerlo. Un amigo de un viejo clan.Hablando y hablando me recomendó una tintorería llamada El Spot de la limpieza. Me contó que habían hecho buen trabajo con las capas de sus amigos, así que decidí confiar.Al llegar me atendió una amable mujer y me dijo que las tendría listas para el domingo en la tarde. Me las quite de la espalda y me sentí aliviado, son demasiado pesadas después de todo. Les cuento que las alas en las razas de combate, no son innatas, son fabulosos artículos inventados por antiguos guerreros Mobs, ya extintos, que existieron hace miles de años. Mitad mágicas, mitad mecánicas... simplemente fabulosas. Me di media vuelta, olvidando por completo pagar. Me sentí algo torpe, esas tareas siempre se las encargo a los más jóvenes de clan. Y ahí mismo, noté que no tenia idea de cuanto podría costarme aquello. Le di un bless a la anciana sin saber si aquello sería suficiente, la mujer me miró de manera extraña un instante y de pronto se puso a llorar."Gracias, señor, muchísimas gracias. Que los Dioses lo bendigan" dijo. Luego me besó la mano y me retire asustado.

viernes, 14 de agosto de 2009

Primer escrito

No sé como comenzar a escribir esto, así que empezaré diciendo que me estoy volviendo viejo. Las batallas son cada vez más duras y sangrientas. Me temo muy pronto no regresar de alguna. Bien atrás quedaron aquellos dragonzuelos que solía perseguir en las tierras de Lorencia, siempre bajo la mirada cuidadosa de mi padre.
La tensión ha invadido todas las provincias. Se avecina la gran batalla del castillo. Desde los pequeños clanes de Devias hasta los poderosos asesinos de las tierras de Kanturu se preparan... Mas creo que escribo esto para aliviar algo de dolor. Uno de mis mejores guerreros, mi Battle Master ha sido reclutado para la gran guerra. La separación entre nosotros fue inminente. Pero me ha llegado una terrible noticia. Lo han atacado unos malnacidos hasta casi matarlo, dejándolo fuera de juego. Mi dolor es inmenso, es por ello que escribo estas lineas aquí en la soledad de las calles de Devias. No puedo dejar que mi adorada gente de ZARPA perciba siquiera un ápice de debilidad en su Master. Mi Battle Master reposa ahora a la luz y el calor de un fuego en una cabaña tranquila en Lorencia. Envuelto en las mejores pieles de Yeti que el zen puede comprar. Espero se reponga pronto.