Al abrir los ojos supimos que lo habíamos logrado. Nos encontrábamos a pocos metros de un gran precipicio del cual nacía un largo puente de arcos construido en piedra.
El fantasma del hombre alado que vimos en la entrada de Devias estaba agonizando a nuestra izquiera en los brazos de uno de los soldados. Pero el lugar estaba vacio. Aquella pelea estaba llegando a su fin y la nuestra a punto de comenzar.
Al ponernos las capas ceremoniales similares a las utilizadas por los fantasmas, un día de luna llena, conseguimos abrir una brecha espacio-tiempo que nos permitió remontarnos al día en el cual la batalla de los fantasmas se llevó a cabo.
En aquel entonces los guerreros perdieron la batalla. Los Mobs tomaron el Castillo y la espada del comandante de las tropas fue robada.
Ahora es nuestra misión entrar al castillo y recuperar la espada que los malnacidos demonios arrebataron al guerrero aladado conocico como El Arcángel, el guerrero más poderoso de la historia.
Cruzar el puente entre miles de demonios, derrumbar la puerta del castillo, recuperar el arma y volver con El Arcángel no parecía imposible, pero la brecha espacio-tiempo permanecería abierta sólo durante un cuarto de hora. Como si fuera poco para poder salir debíamos acabar con casi cien demonios y acumular suficiente mágia de ellos para resistir el viaje de regreso. "Pan comido" me dije a mí mismo irónicamente.
Nos sentamos en el suelo de tierra a esperar que el evento diese comienzo.
-Muchacha, de tu defensa dependemos- dijo Sircancer. -Les abriré paso al principio, ustedes corran- continuó.-Dependerá del mago mantener el camino abierto.
-Entendido- dijimos Blanie y yo al unísono.
-De la puerta me encargo yo - sonrió Sircancer mientras acariciaba el filo de su espada con la punta de los dedos.
El resoplido de un caballo interfirió con nuestra concentracion. Dos Dark Lords con armaduras de brillante color verdiazul montaban enormes caballos negros a varios metros de nosotros. Conversaban entre ellos y no parecieron prestarnos demasiada antención.
Cerca del puente pude distinguir además a un sujeto de armadura violeta y cabello de fuerte color rojo. En su espalda se escontraba un par de alas muy peculiares. Cada ala compuesta de cinco rayos de luz azules de apareriencia electrica, terminados todos en un pico de metal.
Nos pusimos de pie lentamente, limpiamos el polvo de nuestras armaduras y caminamos hacia el puente. Blanie y yo nos asomamos al oscuro acantilado. El fondo no se veía pero sería una larga caida sino teníamos cuidado.
Mi pequeña elfa nos envolvió con las luces verdes y rojas correspondientes a los hechizos de defensa y ataque. Hice lo mismo con mi Soul Barrier. El Blade Knight se paró delante nuestro y tomó sus dos brillantes espadas.
La vista se nos nubló de pronto a causa de un relampago blanco seguido de un trueno que sacudió la tierra. Cuando abrimos los ojos el puente de piedra se encontraba repleto de monstruosos guerreros de figura semi humana con oscuras armaduras. Cada uno casi duplicaba nuestro tamaño.
Antes de poder siguiera reaccionar, Sircancer se lanzó sobre ellos con ambas espaldas al centro. Luego, al estar entre ellos las separó lanzando a los primeros monstruos al precipicio. Blanie y yo lo seguimos de inmediato mientras él abría el camino empujandolos y asesinándolos con toda la fuerza de su espada y su enorme cuerpo. Me dediqué a congelar a los demonios con una lluvia de puntiagudos trozos de hielo para que tardasen el mayor tiempo posible en realizar cualquier accion. Algunos de esos trozos congelados atravesaban las negras armaduras incrustándose en los cráneos de las criaturas que, aun empapadas de sangre negra, no mostraban signos de estar cerca de morir. De pronto sentí un durísimo espadazo en el ala derecha el cual me hizo gritar de dolor y me dejó arrodillado en el suelo. Mi ala casi desprendida sanó de inmediato. Blanie la habia salvado, pero desde mi posicion no podía ver a ninguno de mis compañeros y los monstruos se agrupaban cada vez más sobre mí. Seis criaturas comenzaron a darme sus mejores golpes de espada. Todos los cortes llegaban a los huesos pero sanaban de inmediato. No podía levantarme del suelo sin ser sometido nuevamente por esos malnacidos. Empecé a juntar toda la energía del universo, mi sangre comenzó a arder, levanté mi cetro a los pocos segundos e, incorporándome como pude, hice estallar mi Nova. Los monstruos cayeron a mi alrededor y pude ver que Sircancer se nos había alejado. Blanie en cambio continuaba a mi lado.
-¡Vamos, Selvheen, levántate!- me gritó a la vez que sanaba mis últimas heridas.
Me puse de pie y avanzamos corriendo tan rápido como pudimos. De pronto un grito desesperado me hizo volver la mirada. Una de las criaturas no había caido y, sujeta al borde del puente, había tomado del pie a mi elfa pretendiendo arrastrarla con él al vacío. Clavé mi cetro en la tierra y sujeté a Blanie de la cintura.
-¡¡Ayúdame, Selv!!
-¡¡¡SIRCANCER!!!- grité.
Un destello de luz y el monstruo cayó. Subí a Blanie y ella se liberó de la mano de la criatura que, separada del cuerpo de este, permanecía aún aferrada a ella. Sircancer nos hizo un gesto con la cabeza para que no nos alejemos nuevamente de él.
Mas no pudimos ni respirar, los asesinos estaban sobre nosotros nuevamente. El Blade Knight chorreaba sangre por todos lados. Cada demonio que mataba lo cubría más y más de esa espesa sangre negra. Blanie nos mantenía con vida a ambos.
Entre picos de hielo y espadazos conseguimos avanzar. Mientras más nos internabamos en el puente más variedad de criaturas aparecian. De repente un demonio de armadura roja hundió sus dedos en las alas de Blanie agujereándolas como si fuesen de papel. Voltié de inmediato y con un rápido golpe de mi cetro lancé a un monstruo del puente. Pero era tarde las criaturas se llevaban a Blanie y la rodeaban cada vez más.
-¡Encontré la puerta!- escuché a lo lejos.
Intenté avanzar entre los asesinos pero era imposible. Los desgarradores gritos de mi elfa me rompían el corazón. Cerré los ojos y junté mis manos a la derecha de mi cuerpo, cargué algo de energía y disparé un potente rayo color agua brillante que atravesó el cuerpo de muchos de esos bichos. Los demás monstruos voltearon hacia mí, y Blanie aprovechó el momento para escabullirse en cuatro patas entre ellos y poder llegar junto conmigo. Frente a nosotros el camino estaba despejado y la puerta se veia con facilidad. Sircancer había acabado con los pocos enemigos a su paso mas era cuestion de segundos que todo se llenase nuevamente.
Esta vez con Blanie enfrente mio continuamos avanzando. Pero a los pocos pasos un enorme brazo me empujó de tal manera que de no haber sido por mis alas y dos veloces aleteos me habría lanzado al abismo.
Corrimos tan rápido como nos fue posible, las criaturas eran fuertes pero no muy veloces asi que pudimos sacarles algo de ventaja. Al llegar a la enorme puerta nos encontramos con Sircancer quien con todas sus fuerzas embestía una y otra vez contra aquella barrera. De inmediato me sumé a él lanzando rayos de agua mientras que Blanie nos lanzaba nuevamente su hechizo para la fuerza. Volaban y volaban las astillas, los demonios estaban a cada vez más cerca y pronto quedaríamos literalmente entre la espada y la pared. Golpeábamos con todo lo que teníamos y la puerta no se movía, era como si se estuviese burlando de nosotros.
-Rápido, chicos, rápido. Se nos acercan - decía Blanie desesperada.
Cuando sentí el sonido de las metálicas pisadas detrás de mí, giré hacia ellos y vi que los teníamos practicamente encima. Disparé y disparé rayos de agua mas eran demasiados. Le ordené a Blanie ocultarse detrás mio y a sólo dos metros de Sircancer invoqué enormes circulos de fuego alrededor de mí. Algunas criaturas parecieron dudar en acercarse y las que lo hacían recibian una paliza. Blanie aumentaba mis poderes al infinito pero no podíamos seguir asi para siempre, Sircancer debía derribar la entrada.
Los monstruos de armadura roja decidieron avanzar y me preparé para lo peor.