viernes, 21 de agosto de 2009

Tercer escrito. Primera parte. Noche de luna llena.

¿Qué me encontraba haciendo corriendo a hurtadillas casi a medianoche? De eso se trata este escrito. Era noche de luna llena y el tiempo se me agotaba.
Me detuve en una pintoresca calle iluminada vagamente por algunos faroles, justo en frente de una acogedora casa de madera de roble. Nada de luz asomaba por las ventanas altas. Temí que no estuviese allí. Miré hacia ambos lados. Nadie a mi derecha nadie a mi izquierda. Saque unas piedritas que en un saquito de cuero había traído y arrojé la primera contra una de las ventanas. Aguardé y nadie respondió. Pero una ventana no me iba a ganar tan fácilmente, tomé otra piedra y la lancé. Nuevamente nada. Comencé a exasperarme, mas controlé mis impulsos y tiré la tercera piedra lo mas suavemente que pude para no romper el vidrio por mi impaciencia. Nada...
Bajé la cabeza para buscar una piedrita por el suelo, y tremendo piedrazo recibí en la cabeza. Miré de inmediato hacia la ventana desde donde un goblin malhumorado me hacía un gesto obsceno con el dedo.
Ni describir puedo la furia que me dio ese desgraciado bicho verde. Fue como la energía de cien Novas fluyendo por mis venas. Corrí hacía una de las piedras que había fallado, la tomé de inmediato y con todas mis fuerzas las lancé hacia la ventana. El ruido fue tremendo, una de las luces de abajo se encendió. Un rápido hechizo y me teletrasporté a la vuelta de la casa. Un Blade Knight de alto rango y aspecto conocido se asomó a ver que ocurría. Aguardó unos minutos con expresión furiosa y volvió a entrar al hogar.
Los grillos me indicaron que ya era seguro salir del escondite. Volví hacia la ventana dispuesto a probar suerte una vez más. Con la mirada en el piso busqué una nueva piedra.
-Selvheen, ¿qué rayos crees que estás haciendo? - susurró una dulce y confundida voz.
-Blanie, estás despierta. Que bueno. Ven, baja.
La bellísima elfa me observó un instante, se veía a kilómetros que no estaba despierta cuando llegué. Algo despeinada y con la mirada cansada dio un profundo bostezo y se estiró.
-¿Estás loco? Me despertaste, mi hermano te va a matar cuando se entere que fuiste vos.
-No hay tiempo, Blanie, ponte tu armadura y sígueme.
-¿Y crees que Leink me dejará salir a estas horas de la noche con vos? - rió mientras se acomodaba el cabello.
-¿Crees que espero su aprobación? Es luna llena, Blanie. Es el día.
De pronto la elfa comprendió. Me hizo un gestó con el brazo para que aguardase y desapareció tras la cortina. Dos minutos después reapareció hecha una princesa. Su armadura relucía bajo la luz de la luna y aunque no la cubriese demasiado, el Ceto era una impresionante defensa. Luego subió el pie al marcó de la ventana y saltó desde lo alto. Sus hermosas alas de colores traslucidos y con forma de una enorme mariposa amortiguaron la caída de tal manera que mi bella amiga pareció una hoja de otoño.
Desenganché de mi cintura un amuleto similar a la cabeza de un caballo con un cuerno. Lo arroje delante nuestro y una luz rosada cubrió el artilugio. Un simpático animal comenzó a tomar forma. Peludo, naranja y blanco. Con la cabeza adornada por una clase de casco a rayas de donde asomaba un cuerno con dibujos espiralados el animal bípedo de cuerpo similar a un ave con grandes patas de dragón emitió un simpático sonido.
Chester, mi mascota hizo una reverencia a la elfa de cabellos dorados invitándola a montarlo. Blanie rió entre dientes aceptando la invitación.
Entonces, ambos arriba del uniria, partimos hacia las heladas tierras de Devias.

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