sábado, 14 de noviembre de 2009

Quinto escrito. Cuarta parte. La bienvenida.

Zoutah fue de inmediato al encuentro del Lord quien no se detuvo cuando este le dio alcance. El ángel cargaba una expresión neutra en el rostro y sólo movía sus delicados labios para emitir respuestas cortas y concisas a lo que su Battle Master le contaba. Cuando Kiire también se le acercó el imponente ángel plateado sonrió con sutileza. Los tres hablaron menos de treinta segundos cuando la mirada celeste del Lord se dirigió con curiosidad directamente hacia mí. Aquel movimiento fue de inmediato percibido por Kiire quien, volteando un poco la cabeza, me ordenó con un gesto acercarme a ellos. Temiendo una represalia si me tardaba en llegar, corrí hacia ellos y me oculté de inmediato tras el Soul Master dorado quien desde el comienzo era la única persona con quien me sentía de veras seguro.
-¿Y ese muchacho?- preguntó el Lord con sus intimidantes ojos posados sobre mí.
-Se llama...
Kiire se interrumpió a si mismo, imagino que debió notar el haber olvidado preguntar mi nombre.
-Me llamo Selvheen- dije al Lord.-Señor- agregué rápidamente.
-Lo encontramos en las afueras de Lorencia en una granja, los invasores mataron a sus padres- explicó Zoutah.
-Miles de niños perdieron a sus padres, dime que tiene este muchacho de especial.
Zoutah aguardó en silencio.
-Es un Dark Wizard- se apuró en contestar Kiire.
-Sin el más mínimo entrenamiento como puedo ver...
-Pero, Isand...
-Nada de peros, nunca mientas a tu Lord- dijo para mi temor con expresión un poquito molesta.-Si quieres que el muchacho se quede porque te dio lastima, sólo dilo. Pero empieza pronto con su entrenamiento para que nos sea útil.
Entonces con dulzura de la que no lo creí capaz el Lord me sonrió y dijo algo que tardé varios minutos en asimilar.
-Bienvenido al clan, Selvheen.
Así fue como mi vida de Dark Wizard dio comienzo...

Lo que menos me gustaba de pertenecer a ese clan era lo mucho que caminaban, a cada rato montar y desmontar las carpas para emprender camino hacia la nada. Imaginarme el resto de mis días viviendo de aquel modo me desesperanzó muchísimo, me resultaba difícil tolerar tanta caminata.
Ese día, pocas horas después de ser invitado a formar parte del clan, se dio la orden para partir de nuevo. Si bien iba a caballo, me quejé todo el camino. Aunque también sentía algo de culpa por estar cabalgando mientras todos mis nuevos compañeros avanzaban dificultosamente sobre la nieve. Mas era mi caballo después de todo y sin él sería cuestión de minutos atrasarme con respecto al resto.
Atardecía cuando nos detuvimos. El sol en el horizonte pintaba de naranja el firmamento cuando de pronto todos comenzaron a cavar, no entendí porqué pero ayudé. Mis dedos cambiaron de color pasando de un fuerte tono rosado a un frío violeta alrededor de cincuenta veces durante la hora que nos llevo construir una gran serie de trincheras en la nieve cubiertas con largas ramas que los muchachos recolectaron en la arboleda anterior. Luego, mientras el sol nos despedía con sus últimos destellos de luz, todos alfombraron con sus capas el suelo de las trincheras.
Esa noche cenamos nuevamente caldo de carne, fue sabrosísimo y abundante, pude comer hasta el hartazgo. Aquellos caldos que tan seguido comíamos cuando a las tierras frecuentadas las cubría la nieve me encantan, lo más interesante de ellos es que nunca sabes lo que estás probando.
Luego, con el estómago lleno y tibio, entramos a las cuevas y como pudimos nos acomodamos. La nieve nos congelaba a través de las finas capas sobre las que nos encontrábamos acostados. Para mantener el calor nos apiñamos todo lo que pudimos. Mientras intentaba moverme entre la gente cada vez mas agrupada pensé "Qué vida tan dura". De pronto unos brazos calentitos me rodearon en un fuerte abrazo. "Trata de dormir" susurró Kiire a mi oído mientras se acurrucaba más junto a mí.
-¿Por qué dormimos así, en cuevas?- indagué.
-En esta zona no contamos con la protección de los árboles, los vientos nocturnos son muy duros y de este modo los evitamos. Ahora intenta dormir.
Era más fácil decirlo que hacerlo, juro por los dioses que lo intenté pero se me helaba la sangre y mis dientes castañeteaban mientras el resto de mí tiritaba sin cesar. Toleré todo lo que mi cuerpo pudo, pero fue imposible de modo que decidí salir a dar unos saltos y moverme un poco para entrar en calor antes de convertirme en un cubo de hielo. Me arrepentí de mi decisión casi de inmediato, aunque dos gruesas capas de Dark Lord me protegían, el viento dolía sobre la piel, era como si millones de diminutos cuchillitos de hielo rasgasen mi rostro. Cuando estuve a punto de dar media vuelta para regresar pude distinguir una forma humeante no muy lejos de allí. Aquella gran sombra a la distancia resultó ser una pequeña cabaña de cuyas ventanas brotaba algo de luz proveniente probablemente de las llamas en la chimenea. Quise avanzar hacia ella mas de inmediato recordé al simio blanco que hacía sólo un día había intentado matarme. También recordé el rostro severo y la voz firme de Zoutah al castigarme. Refunfuñé para mi mismo y regresé corriendo con Kiire quien dormía placidamente.
-Kiire, Kiire- lo sacudí.- ¡Encontré una cabaña!
El Soul Master abrió los ojos de muy mala gana y dio un largo bostezo antes de contestarme. Sin duda que alguien te despierte a esa hora con lo dificultoso que es dormirse en aquellas condiciones debe ser terrible. Papá y mamá rara vez se enojaban conmigo cuando los despertaba a media noche, fuese por el motivo que fuese, de modo en que Kiire, que en ese momento era casi mi mamá, seguramente no se enfadaría.
-¡Ya duérmete, Selvheen, estoy cansado! Isand el Lord descansa allí.
Si había escuchado bien, se trataba de algo muy injusto por lo que no demoré en expresar mi opinión.
-¿Todos aquí muriéndonos de frío mientras él está allá en una cama cubierto con pieles al calor de una chimenea?-rezongué indignado.
-Ajam...- dijo casi bostezando.
-Pero, pero... ¡No es justo!- insistí como si tuviese derecho a hacerlo.
Entonces Kiire se incorporó lentamente, estiró un poco su espalda, se frotó los ojos y con tono cansado me explicó.
-A ver, Selvheen. Él es el Lord, el Soul Master más poderoso del clan y de sus decisiones dependen todos aquí. Debe estar fuerte y sano para tener la mente clara. Nunca nos ha fallado y así queremos que sea por siempre ¿comprendes?
-No- contesté aunque algo entendí.-Tú y Zoutah también deberían dormir con él.
-Tengo sueño, deja de preguntar cosa y duerme.
Sin decir más volvió a abrazarme y con el peso de su cuerpo nos acostó. Seguramente las siguientes tres horas temblé con más fuerza de lo que creí puesto que Kiire despertó nuevamente y, luego de tomarme en sus brazos, me llevó varios metros hasta llegar a la puerta de la cabaña. La ventisca nos azotó con crueldad pero el calor que emanaba de la casita realmente marcó una diferencia cuando llegamos. Sin llamar ni nada el Soul Master dorado ingresó conmigo y cerró la puerta tras de sí con el pie. El interior era tal cual lo imaginaba, caliente y acogedor, con una mesa y una silla de madera, una jarra con agua, una chimenea de piedra con la leña recién encendida lanzando chispitas en su interior, una alfombra de piel blanca y una cama grade como la de mis padres completamente cubierta de pieles y en cuyo centro el Lord se encontraba cómodamente acurrucado mientras que su armadura yacía en el piso a un costado. Con su torso desnudo y su cuerpo bien definido, Isand se incorporó sin prisa hasta quedar sentado en la cama. Se lo veía muy sensual despeinado y con cara de sueño. Sus ojos lo dijeron todo, estaba feliz de ver a Kiire pero a mí pareció querer comerme. Recuerdo que me asusté, sentí como si un león fuese a romperme el cuello con sus fauces.
-Isand, necesito un favor- dijo Kiire con la mirada gacha.
-Con gusto, pero el muchacho afuera mientras hablamos.
Terminé a la intemperie cubierto hasta la cabeza por las dos capas, la cabaña funcionó por suerte de rompevientos así que la espera no fue tan terrible. Kiire me invitó a pasar alrededor de cuarenta minutos después, sus mejillas y su piel estaban rosadas y su expresión reflejaba mucha paz y satisfacción. Me dio un beso de buenas noches en la frente y se retiró sin decir una palabra más.
Una vez dentro, el Lord cuya piel pude notar que adquirió un tono rojizo me indicó que esa noche dormiría sobre la alfombra. No intercambiamos más palabras y, sin protestar ni nada, me recosté sobre la blanca piel y me preparé para descansar.
El calor del fuego me resultó una bendición y a los pocos minutos quedé completamente dormido. Ahora que lo pienso, Kiire sin duda merece un monumento.

Desperté muy tarde al día siguiente, pasado el mediodía. Me estiré y remoloneé largo rato mientras escuchaba el viento y otros sonidos provenientes del exterior hasta que noté que el Lord no se encontraba conmigo. Recién ahí me percaté de lo tarde que era. Tan rápido como pude me puse de pie y salí de la cabaña temiendo que se hubiesen marchado sin mí mas para mi alivio todos se encontraban allí entrenando. Los Blade Knights y Magic Gladiadors chocaban espadas entre ellos haciendo volar chispas por todos lados bajo la mirada calculadora de Zoutah. Al otro extremo, los Soul Master luchaban contra los Magic Gladiadors de energía entre luces y rayos de todos colores supervisados por Kiire. Por ultimo, las elfas arqueras disparaban flechas hacia las Summoners mientras elfas de energía sanaban hasta el más mínimo rasguño de ambos bandos. Estas últimas eran entrenadas por una elfa con armadura celeste, realmente hermosa, que, sino mal recordaba, se llamaba Sifin. En realidad todas las elfas del clan eran hermosas, el entrenamiento las mantiene delgadas, definidas y esbeltas.
Decidí ir con Kiire para darle los buenos días pero antes de llegar a su lado el Lord salió de la nada y comenzó a conversar con él. Interrumpir sería una falta de respeto así que me alejé mas de pronto escuché la candida voz de Kiire llamándome. Tímidamente y con la cabeza gacha me acerqué a ellos.
-¿Dormiste bien?- preguntó el Lord.
-Oh, si, Señor. Gracias por preguntar.
-Bien, me alegro. Tu primera tarea de hoy será ayudar a preparar el almuerzo para todos.
-¿¿Para todos??- repetí al recordar que sumábamos más de doscientos.
-Y por ayudar no me refiero a encender un fuego y mirar. Cortarás la carne, la lavarás y harás todo lo que el cocinero te indique.
-Si, Señor- dije antes de irme hacía donde el cocinero aguardaba.
Una vez junto al él o mejor dicho ellos, que ese día resultaron ser tres Dark Lords y una elfa para dar el toque femenino, comenzó mi labor de cocinero. Mi primer encargo fue desplumar unos pollos, lo cual no fue difícil sabía hacerlo, mi madre me enseño como. Primero tomas un recipiente con mucha agua hirviendo, metes al animal y las plumas salen solas con a penas una caricia. También se trozar la carne y arrancar la piel de los mamíferos. Nunca me gustó hacerlo pero mi padre insistía siempre en que es indispensable aprender los mejores métodos para preparación de la carne y así no desperdiciar nada. Aprovechar hasta el último pelo es ser respetuoso con el animal que murió para alimentarnos.
Preparar la comida para todos tomó mucho menos tiempo del que esperaba, en tres horas todos se encontraron sentados comiendo suculentas y grasosas piezas de distintas criaturas. Prácticamente di gracias a los dioses por poder llevarme a la boca aquella carnosa pata de algo. Ansiaba comida sólida y abundante. Vuelvo a aclarar que el caldo de carne que comíamos a menudo me encanta. Cuando pase por la ciudad iré a comer uno con Selena.
El Lord no comió con nosotros ese día, ni ningún otro. Zoutah quien comía a mi lado me explicó que la gran mayoría del tiempo Isand no compartía ninguna de nuestras actividades. Fue una pena, quería saber si se encontraba conforme con mi trabajo. De pronto Kiire se nos acercó con un gran trozo de pollo en la mano y luego de sentarse a nuestro lado comentó.
-Tengo un mensaje del Lord para tí, Selvheen.
-¿¿Para mí??- repetí incrédulo.
-Ajam. Dice "Buen trabajo con la comida, bien hecho".
-Los cocineros dijeron que eres muy hábil en la cocina y les enseñaste muchos trucos- agregó Zoutah despeinándome el cabello con sus caricias.
-No fue nada, muchas gracias- contesté sonrojado y en el fondo orgulloso.
-Sabemos que esto es muy duro para ti, pero mañana recibirás una grata sorpresa.
Esas últimas palabras de Zoutah me intrigaron mucho. Una sorpresa... No podía esperar.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Quinto escrito. Tercera parte. Viajando.

Desperté sobre el pasto, recuerdo haberme quedado observado como una pequeña hormiga llevaba entre sus mandíbulas un trocito verde de hoja. No escuchaba nada más que el viento mas había muchas voces a mi alrededor que parecían pertenecer a otra dimensión, formaban parte de aquella realidad a la que no quería regresar jamás. En mi mundo de ensueño descansé durante horas pero no podía quedarme allí por siempre. Cuando las ganas de ir al baño y el hambre pudieron más que mi voluntad decidí levantarme. Todo estaba oscuro a mi alrededor, un enorme fogón era el escenario de las danzantes llamas que los guerreros, magos y elfas contemplaban durante, al parecer, una amena conversación. Los grillos chirriaban con fuerza y de seguro camuflarían mis pasos. Tan en silencio como pude, me puse de pie y escapé tras unas rocas para calmar las exigencias de mi vejiga. Luego, más relajado y con la mente más clara, miré hacia el fogón donde nadie parecía haberse percatado de mi ausencia, podía escapar pero a dónde, el hambre me estaba matando y en el ambiente reinaba el olor embriagante a carne jugosa recién cocida. Me humedecí labios y comencé a caminar hacia ellos. Después de todo, no me quedaba nada más por perder.
-Miren quien despertó- dijo un Dark Lord con tono simpático.
Retrocedí asustado llevándome las manos al pecho, no esperaba que me hablasen. Pero qué otra cosa harían sino. La voz del guerrero dragón, el cual no traía su armadura puesta en ese momento, ordenó de pronto.
-Cierren la boca, está asustado- dijo para luego dirigirse a mí.-Ven siéntate con nosotros y come algo- me invitó haciendo un gesto para que me sentase a su lado.
No hice nada y aguardé en silencio en mi lugar. Creí que si daba un paso en falso me matarían.
-Zoutah, déjamelo a mí- interrumpió una voz conocida.
Fue el Soul Master dorado quien habló y puso su mano en mi hombro sobresaltándome ya que no lo sentí cuando se acercó. Despacio, sin empujarme ni nada me condujo hasta la ronda, el calor del fuego y los desconocidos. Nos sentamos sobre un tronco que había sido cortado en varios trozos para servir de asiento a los allí presentes. Me quedé inmóvil un instante contemplando como el fuego reflejado en las armaduras parecía darles vida propia. Luego el mago tomó algo parecido a la pata de un ave y me la ofreció. El aroma hizo efecto de inmediato y engullí la pieza. Zoutah, como llamaban al guerrero dragón, rió y ordenó que se me ofreciese algo más sustancioso. Esperaba una pata de vaca, cabra o algo parecido, en cambio pronto me encontré con una clase de pie medio pata color verde en mis manos.
-No preguntes y come- dijo alguien como leyéndome la mente.
Miré la pieza de carne, no olía mal, pero lucía terrible. Cerré los ojos y finalmente le hundí los dientes. El sabor fue indescriptible, tierno, jugoso... Cada bocado se deshacía sobre la lengua. Tan fácil de comer y tan delicioso era que en pocos minutos me lo terminé. Luego, satisfecho y contento por del festín, además de entrado en confianza, me animé a preguntar.
-¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? ¿Dónde está mi casa?- empecé sin saber por donde.
-Te desmayaste, niño. Te subimos al caballo y te trajimos hasta aquí. Estamos en los límites de Lorencia y tu casa está muy lejos al Este. Vamos a Devias, el Lord nos espera- explicó Zoutah haciendo un silencio enfatizante tras la palabra Lord.
-¿Qué van a hacer conmigo?- tartamudeé.
-No sabemos. Pero no temas, no te haremos daño.
No tuve el valor para seguir indagando. Así que, sin comprender demasiado de que hablaban escuché las conversaciones de todos durante unas horas. Gemas, asesinos, clanes, ciudades lejanas, armas cuyos nombres me fue imposible repetir... Cuando mis bostezos fueron más que evidentes Kiire acarició mi cabello y me dijo que durmiese tranquilo, que en todo caso volverían a llevarme a caballo. Me alejé dos o tres metros del fogón y me acosté en el suelo alfombrado por pasto húmedo, pero tenía frío, extrañaba mi cama y a mi mamá. Mis visión se nubló de a poco, comenzaron a humedecérseme los ojos y antes de darme cuenta las lágrimas recorrían mis mejillas nuevamente. Sería difícil conciliar el sueño aquella noche sin estrellas. Temblé y sollocé en mi lugar varios minutos hasta que sentí que algo suave, abrigado y tibio se extendía sobre mí. Nuevamente era Kiire quien venía a mi rescate. Con suavidad terminó de colocar sobre mí la oscura capa de un Dark Lord. "Tápate con ella y abrázala, te sentirás mucho mejor" me susurró con cariño.
-Gracias, Señor- contesté tímidamente pero sin parar de lagrimear.
Entonces para mi sorpresa el Soul Master se sentó junto a mí en el suelo.
-No me gusta verte llorar ¿qué puedo hacer por ti?
No le contesté, sólo quería a mis padres nuevamente conmigo y ningún Soul Master del universo podría devolvérmelos. Lo que propuso el mago entonces me sorprendió.
-Imagino que tu madre te contaba historias para dormir ¿quieres que te cuente una?
Lloré todavía más, recordar lo cariñoso, comprensivo y amoroso que fue conmigo en aquel momento aún me llena los ojos de lágrimas. Él nunca me dejó solo y siempre confió en mí. Hoy no sería nadie si él no hubiese estado conmigo. En ese entonces, aquel mago, completamente desconocido había dado en el clavo, sabía lo que necesitaba y no me lo negó. En ese momento supe que las de razas de combate entrenadas no eran sólo sanguinarios y despiadados asesinos.
-A ver, a ver... Había una vez un goblin que...
-¿Qué es un goblin?- pregunté con la boca cubierta por la capa.
-Lo que comiste recién, un monstruito verde. Pronto verás alguno.
-Oh, está bien ¿Y qué hacía el goblin?
Kiire se sujetó el mentón y pensó un momento.
-¡Buscaba un tesoro!- dijo con emoción.- Aunque sus amigos le decían que estaba loco, no por ir a buscar un tesoro sino porque este se encontraba escondido en los límites más peligrosos de Kanturu. Un goblin jamás sobreviviría allí solo.
-¿Tampoco si lleva vendajes y medicinas?- quise proponer.
-Tampoco, siempre van con elfas de energía que los cuidan.
-¿Y si llevan vendajes mágicos?
-Supongo que sí. Pero él no tenía. Esos vendajes mágicos los venden en LaCleon- inventó.
-¿Por qué no le pidió a un amigo fuerte que le compre?- insistí.
Me río recordando aquel momento, Kiire respondía a todas mis preguntas y el cuento jamás terminó ya que en algún momento de su relato quedé completamente dormido. Mucho tiempo después, mientras recordábamos juntos aquel momento, Kiire me contó que, antes de dormirme esa noche, lo llamé "mamá".

Mis recuerdos del viaje a la mañana siguiente son muy vagos. Recuerdo haber montado al caballo y acariciar su suave crin con mi rostro, ver el pasto y sentir el frío cada vez más intenso a medida que nos acercábamos a nuestro destino. También recuerdo que Kiire me despertó para ver, por primera vez en mi vida, la nieve. Tan blanca y brillante... Al principio me pareció hermosa pero tras un día completo sometido a ella comencé a odiarla. Dos capas de Dark Lord no alcanzaron para aislarme del frío mientras que a mis escoltas sólo los cubrían sus armaduras y unas delgadas capas blancas.
Al amanecer del segundo día bajo la nieve, llegamos a una pequeña arboleda. Desmonté para correr ansioso hacia los árboles pero a penas toqué la nieve me hundí hasta la cintura. Los muchachos del clan se rieron mas no me daría por vencido, sus burlas me daban más fuerzas para demostrar que podía solo con el reto. Así que con todas mis energías logré abrirme paso. Habría llegado más rápido de no haber desmontado pero lo importante fue que lo hice. Cuando llegué entre los pinos el cambio de temperatura fue inmediato, los arbolitos detenían el viento y por primera vez en dos días sentí calor en mis heladas mejillas.
Devolví las capas a sus respectivos dueños y fui tras lo que creí era ardilla que correteaba por entre las ramas. Adentrado entre los árboles, los sonidos, aromas y la nieve me hipnotizaron. Tan distraído estaba que comencé a alejarme demasiado del grupo. No temía perderme ya que mis pisadas dibujaban claras huellas sobre el blanco suelo, así que avancé sin miedo hasta llegar, en pocos minutos, al otro extremo de la arboleda donde distinguí una cosa moviéndose a la distancia. Agudicé la vista con curiosidad, algo definitivamente venía hacia mí, era blanco como la nieve y emitía sonidos extraños como un cerdo y un lobo. Me froté los ojos y cuando volví a abrirlos recibí un potente golpe en el brazo. Esa cosa había arrojado una bola de nieve contra mí. Solté un grito pidiendo auxilio y lo que ocurrió a continuación fue demasiado rápido. De la nieve brotó dando alaridos la criatura que resulto ser una clase de simio blanco monstruoso. Grité de espanto, me cubrí el rostro con la mano pero nada ocurrió. Tímidamente abrí los ojos y pude ver que el animal corría ensangrentado perdiéndose en el horizonte. Tras de mi se encontraba una elfa vestida con armadura roja y armada con un enorme arco plateado. Esta tomó mi brazo con fuerza y me llevó con brusquedad de regreso con el grupo sin decir una sola palabra. Allí Zoutah me ordenó, con voz tan dominante que me asustó, que no volviese a alejarme del lugar sin autorización y de castigo me ordenó ayudar con las carpas. No sabía nada de carpas mas hice lo que pude colocando unas estacas. Me sentí muy apenado por lo ocurrido.
Más tarde, mientras almorzábamos un caldo de carne, escuché a Zoutah decir que el Lord, a quien todos parecían prácticamente venerar, nos esperaba a pocos kilómetros de dónde estábamos. No quería volver al frío y al viento pero nada podía hacer, mis exigencias estaban completamente fuera de lugar. Así que empacamos y a las pocas horas salimos. Habrán pasado menos de dos horas hasta que en la distancia un montón de pequeños puntos de hicieron visibles. Se trataba más miembros del clan quienes aguardaban por nosotros. Su número rondaba las setenta personas lo cual me sorprendió mucho, tanta gente al mando de una sola persona, ese tal Lord.
A penas llegamos con ellos, Zoutah saludó respetuosa pero amigablemente a otro guerrero y conversó con él sobre entrenamientos, lo ocurrió recientemente en Lorencia y otras cosas que no me importaban ni incumbían. Todos a mi alrededor me daban miedo de modo que no solté en ningún momento la mano de Kiire por lo que íbamos juntos a todos lados. Mas de repente me soltó y se dirigió directamente a Zoutah quien aguardaba junto una elfa de energía, otro Blade Knight, un Dark Lord y una elfa arquera.
-Zoutah, Sifin, quiero a las tropas entradas en calor, el Lord llegará pronto- ordenó sin recibir objeción.-Ustedes mantengan cerca a sus soldados y avísenles a sus Battle Master que los quiero listos a todos dentro de dos horas- mandó a los otros.
-¡Si, Señor!- respondieron todos al unísono.
Me asombré mucho, Kiire sin duda tenía un cargo muy importante en ese clan.
Transcurrieron casi tres horas en las que me entretuve cavando un escondite en la nieve, cuando de pronto todo quedó en silencio. Me asomé con algo de miedo y curiosidad desde mi cueva, donde hacía minutos jugaba a ser un topo. Todos allí traían la mirada fija en un pequeño punto brillante al Sur, sobre una colina blanca. Un ángel se apareció entonces ante nosotros, traía una armadura plateada muy brillante, sus alas relucían hermosas tan blancas como la nieve, el sol rebotaba sobre él como si fuese un espejo viviente de plata. Con el brazo derecho sostenía su casco de modo en que nada le cubría el rostro ni me impedía contemplarlo mejor. En su bello rostro su mirada celeste y segura mostraba un porte increíble que no dejaba lugar a dudas de una sola cosa... Me encontraba ante el Lord.