domingo, 23 de mayo de 2010

Quinto escrito. Séptima parte. Retorno al Clan.

En segundos se cumplirían alrededor de tres cuartos de hora durante las cuales me la pasé echado de panza sobre la hierba acechando a aquella criatura de extraña apariencia. El animalejo naranja con la forma de un escorpión sin pinzas no parecía sospechar de mi presencia. En silencio me arrastré unos veinte centímetros más y...
-¡Energy ball!- grité saltando de mi escondite a la vez que mi esfera de energía celeste impactaba contra el animalejo haciéndolo volar por los aires.
Cayendo patas arriba, el bicho no se esperaba mi siguiente movimiento.
-¡Meteor!- invoqué.
Un meteoro envuelto en llamas rojas cayó sobre el indefenso escorpión que se retorció por última vez bajo el fuego.
-¡Bien!- me felicité al tiempo en que corría hacia mi cena para luego tomarla por la cola. No era precisamente un manjar pero aquellos bicharracos abundan en Noria y eran lo único con que sentía que no perdería la vida en un desafortunado descuido.
A pocos metros de allí aguardaba imperturbable como siempre mi guarida, un enorme muñón hueco de árbol. Objetivamente hablando no es ningún palacio mas para mí resultaba la más acogedora casita de Noria. Aunque, para ser sincero, poco conocía yo de Noria puesto que, en los seis meses trascurridos desde la partida de Kiire, no me animé a abandonar ni por un segundo la zona segura que me fue indicada.
Maderitas y hojas secas aguardaban amontonadas, listas para ser encendidas, junto a la roca que siempre utilizaba como asiento. Podría decirse que aquella roca era mi favorita. Recuerdo el gran esfuerzo que me llevó trasladarla desde la la pequeña laguna, a más o menos un kilómetro de mi guarida, hasta el lugar que ocupaba junto a la futura fogata en aquel momento.
-Fire ball- dije invocando una pequeña bola de fuego sobre la pila de hojas y ramas que ardió de inmediato.
Me alegré de haber conseguido capturar a mi presa antes de que cayese el anochecer. No trascurrieron dos horas completas y el sol había desaparecido.
Mientas el resto de la blanca carne de mi botín terminaba de asarse sobre las brasas, tomé de ella una pequeña porción y comencé a comer. El sabor, similar al del pescado pero con mucha más consistencia, no me desagradaba pero me había terminado de aburrir por completo. Extrañaba las suculentas patas de res que tan bien preparaba mi madre.
Una vez lleno mi estómago, apagué el fuego y me dispuse a descansar panza arriba.
Soñaba con peleas espectaculares entre Blade Knights y Magic Gladiadors cuando, sin ningún motivo, desperté en medio de la noche.
Como nunca me costó dormirme, no me importó demasiado, así que me dediqué sólo a escuchar los encantadores sonidos nocturnos de Noria, tan diferentes a los dragonzuelos de mi infancia, en espera del sueño. Se me cerraban los ojos cuando algo llamó mi atención, de repente todo se encontró en un profundo y total silencio. Aguardé escondido en la oscuridad casi total de mi guarida lamentando haber dejado las sobras de mi comida tan cerca de mí sabiendo que, probablemente, mi descuido había logrado atraer a alguna criatura que, si me encontraba allí dentro, me tendría acorralado a su merced y podría fácilmente acabar conmigo. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y en un ataque adrenalínico me aventuré al exterior.
La luna y varios pequeños insectos iluminaban en silencio la zona y, a lo lejos, pude distinguir una extraña sombra que caminaba a paso ligero directamente hacia mí entre agudos mugidos casi ensordecedores. No tuve más remedio que atacar, no permitiría que ninguna criatura desconocida me devorase sin dar batalla primero. Así que de entre las sombras salté y...
-¡Meteor!
En el cielo, justo sobre la fiera se materializó mi meteoro mas de la espalda de la criatura surgió una pequeña bola de energía celeste que lo desvió sin dificultades. Asustado me dispuse a intentarlo nuevamente y, cuando tuve mi brazo en el aire, la bestia mugió con fuerza mientras que de su espada brotaba un látigo eléctrico brillante que me sostuvo del brazo para arrojarme contra el suelo con dolorosa fuerza. La fiera avanzaba, nos separaban veinte cortos metros, quince metros, diez metros... Era el fin, pude sentir la enorme pata del animal junto a mi rostro. Cerré los ojos con fuerza y me preparé para lo peor.
-Selvheen...
¿Mi nombre? ¿Acaso aquella criatura había dicho mi nombre? Lentamente levanté la mirada y pude distinguir a un jinete de ligera armadura dorada sobre el gran animal alado.
-Soy yo, Selvheen. He vuelto.

Describir la alegría que me causó volver a verlo no es algo que pueda hacerse con palabras. Mi protector, mi maestro...
Caminamos juntos y a la par hacia mi guarida. Cuando esta se hizo visible aceleré la marcha y me adentré en ella para salir con un cuenco lleno de agua hecho con el caparazón de un escorpión el cual ofrecí a Kiire.
-Imagino que debes tener mucha sed- dije entregándole el agua la cual bebió con avidez.
-Gracias- me dijo.
Sonreí y me adentré nuevamente en el árbol, Kiire venía justo detrás de mí. Todo se encontraba muy oscuro y a penas eran visibles los contornos de algunos objetos iluminados por la poca luz de las estrellas que lograba colarse a través de la entrada. Mi maestro entonces encendió una cálida aura celeste alrededor de su cuerpo la cual hizo mucho más claras todas las siluetas a nuestro alrededor.
-Acogedor- sonrió observando el lugar para luego recostarse sin prisa alguna en un rincón.
-Sabes, fue increíble como desviaste mi meteoro. Y el modo en que utilizaste el Lighting como un látigo y me sujetaste el brazo y ¡Bang! ¿Verdad, Kiire?
Mas no contestó, estaba tan agotado por el viaje que prácticamente se desmayó del sueño.
Verlo así acurrucado me despertó cierta ternura. Suavemente aparté sus cabellos del rostro y me acosté a su lado. Así dormido no parecía alguien tan poderoso como para tener un puesto de tanta importancia dentro del Clan de mi Lord.
Mis párpados comenzaron a hacerse cada vez más pesados y, tras un último gran bostezo, me dormí.
El sol me despertó con su brillo y su cálido abrazo a la mañana siguiente. Sin moverme demasiado recorrí con la mirada el lugar, sólo se escuchaban los habituales sonidos matinales de Noria. Miré luego el rincón donde la noche anterior Kiire había dormido y fue ahí cuando noté que no se encontraba conmigo. La curiosidad entonces me sacó el sueño, me hizo levantarme y salir a investigar. A penas crucé la puerta un nuevo sonido se sumó al habitual, el chisporroteo de una fogata recién encendida por mi maestro quien aguardaba sentado sobre mi roca favorita.
El suave vientito cambió de rumbo haciéndome llegar a la nariz un delicioso aroma que hizo agua mi boca. Con más curiosidad todavía me dirigí hacia Kiire y me senté sobre un pedazo de tronco caído que hacía, como la roca, las veces de silla.
Sobre las llamas se asaba un fabuloso trozo de carne y también hervía una espesa salsa de aroma increíble. El haber utilizado el caparazón del escorpión como olla me sorprendió puesto que nunca pensé que este pudiera resistir el fuego durante tanto tiempo.
-Buenos días, Selvheen- me saludó.
-Buenos días- respondí.
Se hizo un silencio durante el que ambos sólo observamos la comida. Aquel silencio terminó cuando se me ofreció la mitad del trozo de carne y la olla con salsa para mojar la pieza. ¡Qué bien cocinaba Kiire! ¿O sería tal vez el hecho de que llevaba comiendo aquellos insípidos escorpiones durante meses? Fuera lo que fuese devoré como un lobo todo lo que se me sirvió. Mi maestro en cambio comía de a bocados pequeños, soplaba la comida, masticaba tranquilo y saboreaba. De vez en cuando me dirigía alguna sonrisa.
Cuando estuvimos satisfechos me recosté sobre la hierba para hacer la digestión.
-¿Vas a ponerte a dormir? Pensé que desearías entrenar.
-No, no es eso. Quiero entrenar, quiero que me enseñes todos los hechizos que me faltan- aclaré incorporándome para no quedar como un vago.
-Me temo que no será posible.
-¿Por qué? De veras quiero aprender- insistí con énfasis y preocupación en mi voz.
-Ahora mismo regresaremos con el Clan.
-Pero... Pero...
-En fin, te traje una sorpresa- dijo sonriente mientras se ponía de pie.
-¿Sorpresa?- repetí incorporándome también.
De su cintura desprendió algo similar al casco para un animal de hocico largo. El casquito plateado traía un cuerno justo sobre la cabeza.
-¿Qué es esto?- pregunté cogiendo el curioso objeto.
Antes de volver a indagar sobre el obsequio este comenzó a moverse entre mis manos logrando que del susto lo dejase caer al suelo. Retrocedí unos pasos mientras esa cosa brillaba cada vez más intensamente de amarillo. De pronto la luz fue materializándose hasta dar forma a una curiosa criatura de lomo naranja y panza blanca, con una elegante silla de montar y riendas listas para utilizarse.
El extraño animal bípedo y peludo tenía la cabeza similar a la de un caballo con crin blanca, el cuerpo como el de un ave, las patas grandes como las de un dragón y los brazos pequeños terminados en pezuñas largas y puntiagudas. La bestia de Kiire, que pastaba junto a Tigre a menos de cinco metros del lugar levantó junto a mi caballo la cabeza para observar.
-¿Te gusta?
No contesté, despacio acerqué la mano al hocico del animal y lo dejé olfatearme. Luego, aún algo temeroso acaricié su cabeza acorazada. Y de repente, sin previo aviso, el animal comenzó a frotarse contra mi cuerpo como lo haría un gato gigante. Supe en ese momento que la criatura era inofensiva y amigable, de modo que la abracé y me dejé lamer la cara por ella.
-¡Me encanta!- reí.- Se llamará Chester.
Kiire rió suavemente y me dijo que Chester era un nombre curioso para un Uniria pero, si me hacía feliz, podía llamarlo como me plazca.
Dos horas después comenzamos el viaje de regreso a Devias, él montado en su alado Dinorant y yo en mi fiel corcel.
El viaje hasta el Clan se hizo largo, una semana nos llevó encontrarlos. Mas con la compañía de Kiire el camino se hizo mucho más llevadero. Durante el transcurso del viaje pude mostrarle todos mis hechizos y practicar montar a mi Uniria. Justamente andaba sobre él cuando alcanzamos el campamento. Varios levantaron la mirada al vernos pero los primeros en recibirnos fueron los Battle Masters, Zoutah y Sifin.
-Bienvenidos de regreso, Selvheen y Kiire- saludó el guerrero.
-Se te extrañó mucho, pequeño Dark Wizard- dijo la elfa acariciándome el cabello.
Rápidamente fuimos rodeados por casi todo el Clan. No era que me hubiesen extrañado a mí por supuesto.
Enojado porque Kiire con sus quince días de ausencia era mil veces mejor recibido que yo con mis casi siete meses, paseé la mirada por el asentamiento hasta que una gran y elegante carpa llamó mi atención. Mas no era la carpa lo que me atraía sino ver que por el alboroto mi Lord se asomaba de ella. Kiire también lo notó y sin decir una sola palabra fue hasta allí y se perdió dentro.
-Ven acá, chico, tu maestro tiene asuntos que atender y ahora estás a mi cargo- dijo Zoutah tomándome del hombro y guiándome al interior del grupo.- Sígueme que tienes una misión que cumplir.
Sin sacarme la mano del hombro, el guerrero me llevó junto con Sifin dentro de una carpa mucho menos elegante que la del Lord pero bastante grande de todas maneras.
Una vez en su interior, el cual estaba alfombrado de rojo, caminó directamente hacia un brillante baúl que un Dark Lord custodiaba sentado en un banquillo a la derecha de este. Al ver a los Battle Master el pelibrillante se levantó e hizo una elegante reverencia a la que Sifin contestó asintiendo con la cabeza, cosa que el Dark Lord pareció tomar como una señal ya que, de inmediato, se puso a buscar algo dentro del baúl, algo que no llegué a ver puesto que Zoutah se paró delante mío y con su característica voz firme me dijo...
-Ha llegado la hora de que te conviertas en alguien de utilidad para el Clan. Para eso tienes que pasar una prueba sin ayuda de nadie.
Busqué en los ojos celestes de Sifin una explicación mas sólo supe que debía seguir escuchando.
-Esta noche dejarás tu caballo aquí y partirás solo a la ciudad, allí te encargarás de buscar a una joven sacerdotisa llamada Sevina. Luego volverás aquí y te diremos que más hacer.
-¿Ir yo solo a la ciudad? Me matarían los Yetis o los Worms incluso- dije preocupado y lleno de temor a decepcionarlos.
-Lo sabemos- sonrió Sifin con calma.-Por eso te hemos conseguido esto- continuó haciéndose a un lado y dejándome ante el Dark Lord que delante de mí había armado y dispuesto una fabulosa armadura azul con bordes dorados que yo muy bien conocía.
Era sin lugar a dudas una Legendary. Mi primer set de verdad. Los ojos se me enrojecieron de la emoción, por fin sería parte digna y útil del Clan y no sólo un pobre llorón pelador de papas congeladas.
-Mi Lord nos encomendó conseguirlo para ti, espero que sepas valorarlo- continuó el guerrero.
-Lo haré, se los prometo.
-Y no temas por las criaturas de la nieve. Si se te da esta oportunidad es porque creemos que Kiire hizo bien su trabajo entrenándote. Además tú eres lo suficientemente listo como para conocer tus fuerzas y tus limitaciones.
Sonreí ante esas últimas y alentadoras palabras de Sifin. Pero mi joven mente sólo podía pensar en una cosa, poner mis manos sobre aquel set Legendary.
La elfa rió y Zoutah suspiró con resignación. Ambos me invitaron luego con un sincronizado gesto de la cabeza a probarme mi estupendo regalo. Obvio que no los hice esperar.
-Bueno, te dejamos para que te cambies. Cualquier problema tienes a nuestro amigo Dark Lord para ayudarte- dijo Sifin.
Sin mediar una palabra más ambos Battle Master se retiraron del lugar.