miércoles, 23 de diciembre de 2009

Quinto escrito. Quinta parte. Aguas termales y el Valle de los recuerdos.

Como a todo niño de siete años, la palabra "sorpresa" causaba una gran excitación en mí. Qué sería lo que Zoutah y Kiire tendrían para mostrarme.
Caminamos alrededor de cuatro horas ese día, sin duda nuestra más corta travesía hasta el momento. Cuando nos detuvimos desmonté rápidamente y corrí hacia Kiire quien me llamaba a la distancia. Ya a su lado pude ver como delicadas nubes se formaban con el vapor que emanaba justo frente a los pies del Soul Master, y pude sentir un calor similar al de una fogata.
-¡Es agua!- dije aunque no fuera eso lo que intentaba expresar.
-Son aguas termales- aclaró. -A todos nos vendrá bien un chapuzón y un baño tibio.
Recuerdo haber dado saltos de alegría, jamás en mi corta vida pensé anhelar tanto un baño. Así que, sin pedir ninguna clase de permiso y/o autorización, tomé carrera y me preparé para la zambullida. Mas el aguafiestas de Zoutah me sujetó del brazo y me ordenó ayudar con el campamento. No tuvo compasión de mí. Si hasta puse mi más tierna carita de borrego en un último intento por lograr que alguien sintiese algo de lástima. Kiire al principio pareció querer defenderme pero Zoutah cumplía órdenes de Lord a quien me enseñaron que jamás de los jamases se debe cuestionar o desobedecer.
Pasé horas sosteniendo estacas y sogas, me enfurecía un poco que la mayor parte de las carpas fuesen para los objetos y no para las personas. Odiaba con todo mi corazón esas horribles trincheras, aunque todavía no había dormido en ninguna. Se que para mi situación y mi edad era un poco quejumbroso pero luego, cuando conociese personalmente las trincheras, mis quejas tendrían fundamento. Para colmo, a penas terminado el campamento me enviaron a pelar unas papas tan congeladas que eran casi duras como rocas. Descongelarlas sin embargo resultó ser lo de menos, pelarlas con una daga de filo retorcido a la que llamaban daga Kriss era el problema. Fue en parte por mi condición de novato en el oficio de pela papas y en parte por dicha daga que al principio más que ser peladas las papas eran asesinabas brutalmente. Sus cuerpos cercenados con a piel colgante pronto ocuparon todo el lugar.
Finalmente, dos horas después del almuerzo, según Kiire, para hacer la digestión, fue hora del anhelado baño tibio. Corrí con ansias tras el grupo y pronto estuve con ellos. Me dispuse a desvestirme mas fue ahí cuando noté que algo me incomodaba demasiado. Me acerqué más al baño de los hombres y vi que todos se encontraban (oh, sorpresa) desnudos, con sus penes y sus cuerpos musculosos y velludos al descubierto. Sentí algo a lo que se puede llamar una fuerte inhibición. A penas tenia 7 años, ignoraba lo que era un músculo o un vello. De pronto Zoutah apoyó su mano en mi hombro, por suerte él si traía la capa alrededor de su cintura. No supe si comprendió o no mi situación pero aquel gesto me dio ánimos. Creo que sí ya que como siempre me llevó junto a Kiire, quien estaba vestido, para que me rescatase.

A veces uno quisiera volver a ser chico pero con la conciencia suficiente para disfrutarlo. Este debe ser uno de esos casos ya que en cuestión de veinte minutos me encontraba junto a Kiire parado al borde de una terma llena de bellísimas Summoners y elfas sin una sola prenda de vestir encima.
-Selvheen se siente incomodo con los hombres...-dijo.
-¿Quien no?- interrumpió una pelivioleta.
-Son todos una masa de músculos sin cerebro sin nombrar que además son todos unos babosos- agregó otra.-Sin ofenderte, Kiire. Tú eres un santo.
-No, algunos son lindos. Dicen eso porque no a todas nos gustan los hombres musculosos- defendió una elfa.
-¿Entonces puede quedarse el pequeño?- insistió Kiire con tono serio e imponente.
-Claro, que venga con nosotras, lo cuidaremos. Podemos cuidar todo un clan, podremos con un solo niñito tan adorable como éste.
Me sonrojé. El Soul Master me dio entonces una palmada en la espalda y se retiró dejándome solo a merced de las muchachas quienes, al ver que yo no hacía nada, me invitaron a desvestirme y unirme a ellas.
En fin, no todo en mi infancia fue una tragedia. Todas eran tan hermosas, con pechos voluminosos y firmes. Sus delicados vellos púbicos coincidían con el color de sus largas cabelleras rubias y violetas.
Tímidamente me acerqué y me desvestí sin demasiado pudor, era muy inocente en aquel entonces. Además conocía el cuerpo de mi madre y aquellas damas me hacían sentir muy a gusto. Me baje mis gastados pantalones, me deshice del resto de mi ropa y tras tomar carrera salté al agua salpicando de ese modo a todas las allí presentes quienes comenzaron a reír, algunas casi a carcajadas.
-¡Que valiente para ser tan joven!- exclamó en tono apremiante, acomodándose el cabello, una Summoner.
-¿Cuantos años tienes, muchachito?- preguntó una de las rubias.
-Siete- contesté enseñándole con mis dedos.-¿Y tú?
-Ciento sesenta y nueve- contestó soltando una risita.
-No le mientas al chico, dile la verdad. Te veo algunas canas- dijo la Summoner salpicando a su compañera.
-No, no lo diré- rió la otra.
-Es que tiene doscientos tres- me aclaró de manera cómplice la pelivioleta.
-Wow, doscientos años, pareces de menos- contesté a la elfa.
-¿Como de cuantos?- indagó.
-Como dieciocho...
Todas rieron y la elfa se sonrojó. Era lógico que a mí me pareciera tan joven, mi madre tenía unos treinta y dos cuando fue asesinada y sin duda lucía mucho mayor que ellas.
Salpicamos, chapoteamos y hablamos, hablamos, hablamos durante horas. Increíble lo mucho que pueden hablar las mujeres, serian alrededor de sesenta hermosas criaturas las que se encontraban allí completamente desnudas conmigo, el sueño de cualquier macho, pero no el de un niño. Me peinaban, besaban, tiraban de mis mejillas y hasta me bañaban. Recuerdo haber haberme divertido muchísimo junto ellas quienes celebraban todas mis payasadas y ocurrencias.
De pronto, a mitad de nuestros juegos, escuchamos un ruido tras unas rocas y unos pinos cercanos. La elfa de los doscientos tres años, Marina, juntó entonces sus manos y a medida que las iba separando una luz brotaba de entre ellas. Cuando la luz fue libre se convirtió en un as de luz celeste que al tocar la nieve creció y creció hasta tomar la forma de un inmenso simio azul grisáceo, con cuernos en la cabeza, filosas garras y cuatro musculosos brazos. Me contó luego una Summoner que aquellas bestias son conocidas como los Elite Yetis de Devias, y que si en una de esas me cruzaba con uno huyera sin pensarlo dos veces.
El punto es que el Yeti fue enviado para inspeccionar. Caminó lenta pero firmemente hacia las rocas y miró tras ellas. Un Dark Lord y un Blade Knight salieron corriendo huyendo de su escondite entre los gritos y la indignación de mis compañeras. Yo simplemente reía y por momentos era feliz. Sin duda fue una grata sorpresa.

Más en la tarde mientras buscaba a Kiire para contarle como la había pasado, caminé cerca de una de las termas y pude ver a Zoutah junto con Sifin la elfa. Se besaban y reían, quién diría que eran pareja. Ahora sabía porque ninguno de los dos estuvo junto a los demás en las termas hacían sólo unas horas. Entonces pensé, sí los más poderosos del clan de bañaban por separado, seguramente el Lord se encontraba en la otra terma y podría verlo. Me dirigí allí para espiar. Y adiviné. El Lord y Kiire ocupaban la segunda terma, conversaban y también reían. Si Kiire podía bañarse con el Lord es que él era alguien muy importante. Y si que lo era, era nada más y nada menos que el asistente del Lord, mientras que Zoutah y Sifin eran sus Battle Masters.

Aquella noche, mientras todos comíamos sopa de carne con papas junto al fogón, Kiire me tomó de la mano y me apartó del grupo. Nos alejamos caminando media hora en silencio aproximadamente, temí que fueran a reprenderme por algo. Pero sino había hecho nada malo, qué podría haber hecho para disgustarlos. Por más que me lo pregunté no encontré respuestas, así que apresuré mi paso hasta que en la distancia pude distinguir dos siluetas. Eran mi caballo y mi Lord. Al llegar me arrodillé de inmediato a los pies del ángel plateado.
-Lo lamento mucho, mi Lord, sea lo que sea que haya hecho- lloré.
-Selvheen...-dijo al verme.-Te prometí una sorpresa, monta tu caballo y sígueme- continuó mirando luego a Kiire.-Gracias por traerlo.
-Un placer Isand- respondió haciendo una reverencia.
Dudoso y secándome las lagrimas, me incorporé despacio y monté. Entonces el Lord tomó tranquilamente un largo cuerno, al parecer de madera, que se encontraba atado a su cintura y sopló a través de él con fuerza. El sonido fue asombrosamente penetrante aquella noche sin viento. Aguardé para ver que ocurriría y a lo lejos en el horizonte una brillante criatura aulló entre rayos eléctricos blancos y azules para luego correr directamente hacia nosotros. Bajo la luz de la luna llena y las estrellas de aquel cielo negro zafirino pude distinguir un enorme lobo cubierto casi completamente por una armadura dorada la cual brillaba como mil joyas. Sus ojos, cuatro en total, resplandecían cual rubíes luminosos en la oscuridad de la noche. Y sus largos colmillos daban que temer. Me escondí tras Kiire sin dejar de observar al asombroso cuadrúpedo que al llegar junto al Lord comenzó a frotarse contra este entre ronroneos como si se tratase de alguna una clase de gatito doméstico gigante. Isand comenzó a acariciarlo también con una calida y sincera sonrisa que jamás le había visto en su encantador rostro con ojos celestes antes.
-Kiire, volveré pronto- dijo montando al lomo de su lobo gris y dorado en cuya espada se encontraba una cómoda y forrada montura.-Vámonos, Selvheen ¡Adelante Fury!
Veloz como una flecha el enorme cánido hecho a correr y yo ordené a mi caballo seguirlo a todo galope. Cabalgamos durante casi dos horas. Las pisadas de nuestras monturas sobre la nieve producían un único y acompasado sonido hipnótico dentro de aquel penetrante silencio. Que no nieve o que el viento no rasgue la piel es extraño en las noches de Devias mas así era. En el cielo, como una ondulante serpiente de luces frías, la aurora boreal se dibujaba sobre nosotros.
De pronto unas afiladas rocas no mucho más altas que yo se hicieron visibles y nos detuvimos justo frente a ellas. Con sus frías luces verdes y celestes la aurora iluminaba el lugar, dando un clima mágico a toda la escena.
Desmontamos e Isand habló.
-Este es el valle de los recuerdos.
-Los valles están entre montañas.
Ahí me encontraba yo haciendo lo que me habían enseñado jamás hacer, cuestionar al Lord.
-Aquellos picos que ves allí son las montañas, hace millones de años este lugar era un valle que la nieve cubrió. Por eso el nombre- explicó mientras me señalaba la cima de las montañas con cariño y paciencia.-Ahora debemos esperar.
Aguardamos durante quince minutos en silencio sentados sobre la nieve. Únicamente nuestras capas nos separaban de ella. La mía era la de un Dark Lord así que no tuve problemas con el frío, pero me preguntaba seguido como Isand y todos los demás resistían el eterno clima helado de Devias cubiertos sólo con sus finas y delicadas capas de seda blanca.
De pronto y sin previo aviso la aurora boreal comenzó a serpentear. Tomé el brazo de Isand por sobre su armadura. Tenía miedo en cambio el Lord sonreía sin apartar la vista de la aurora que reflejada en sus bellos ojos de cielo era más hermosa aún.
La serpiente de luz se enroscó entonces sobre si misma y comenzó a descender hacia la tierra formando una enorme espiral luminosa a menos de cinco metros de nosotros. Quise aferrarme mejor a mi Lord pero este había desaparecido. Noté en ese momento que me encontraba solo dentro de un remolino gigantesco de fríos colores en cuyas paredes las figuras de cientos de animales de luz se encontraban grabadas tan detalladamente que parecían tener vida propia. Busqué a mi acompañante con la mirada pero me topé con una silueta de luz avanzando directamente hacia mí ¿Mi Lord?
Lentamente la silueta fue definiéndose, pude ver sus femeninas curvas, su largo y lacio cabello castaño, sus ojos color esmeralda, sus mejillas sonrosadas, aquel ángel luminoso y bello era mi mamá.
-¡Mamá!- exclamé con los ojos llenos de lágrimas mientras me ponía de pie tan rápido como me fue posible.
Corrí hacia donde ella se encontraba y recuerdo que mis brazos rodearon con fuerza y desesperación su delgada cintura. Entonces con suma dulzura mi madre secó mis lágrimas con sus delicados y largos dedos.
-Mamá, te extrañé mucho...-lloré.-Quiero volver a casa.
-Eso no es posible, mi pequeño Selvheen.
-Déjame ir contigo entonces, mamá, te lo ruego, no me dejes solo de nuevo.
-Nunca te dejaré solo, hijo mío- susurró entrelazando sus dedos en mi cabello y arrodillándose frente a mí.
Otra silueta de luz cobró vida y tras mi madre mi padre también apareció.
-¿¿Papá??
-Selvheen...
Corrí a sus brazos sin poder respirar por el llanto. Es indescriptible como me sentir que su cuerpo nuevamente me abrazaba con fuerza. Con mi cara roja y mi voz convulsionada pregunté.
-¿Porqué me dejaron solo? Quiero ir con ustedes.
-No estás solo, hijo- dijo alcanzándome un pañuelo que le extendió mi madre.-Tu madre y yo te cuidamos desde el cielo, te observamos siempre, Selvheen mío.
-¿Volverán?
Mi madre acarició mi espalda antes de contestar lo que tanto me temía.
-No, hijo mío. Ahora debes forjar tu propio camino. Kiire se encargará de ti, hazle caso- dijo mi madre con los ojos llorosos de emoción.
-¿No volveré a verlos nunca más?
-Nunca digas nunca, solamente que este no es el momento de reencontrarnos. Vive tu vida, hijo. Se lo que debas ser y lo haz siempre lo que te dicte tu corazón- dijo mi padre.
-Te amo, Selvheen- susurró mamá a mi oído tras estrecharme entre sus brazos con fuerza.
-También los amo, mamá- dije sumido en la angustia mientras la estrechaba en mis brazos y olía su pelo por última vez mientras mi padre acariciaba el hombro de mi madre.
Luego este también se arrodillo me pidió que nunca los olvide, como si tal cosa fuese posible, que me amaba y que siempre estaría a mí lado orgulloso de mí sin importar lo que hiciese.
Y así, abrazados los tres, desaparecieron lentamente y el cielo volvió a su acostumbrada calma. El viento comenzó a soplar.
Lloré en mi lugar desconsoladamente hasta que sentí la mano de mi Lord sobre el hombro, dicha mano me desconcertó y miré hacia mi compañero que me ofrecía un pañuelo. Su hermosa mirada fue dulce y comprensiva. Sequé mis lágrimas y juntos caminamos en silencio hasta nuestras monturas y regresa al campamento sin intercambiar palabras. En aquel momento no me di cuenta que el pañuelo que mi Lord me entregó era el nada más y nada menos que el de mi madre.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Quinto escrito. Cuarta parte. La bienvenida.

Zoutah fue de inmediato al encuentro del Lord quien no se detuvo cuando este le dio alcance. El ángel cargaba una expresión neutra en el rostro y sólo movía sus delicados labios para emitir respuestas cortas y concisas a lo que su Battle Master le contaba. Cuando Kiire también se le acercó el imponente ángel plateado sonrió con sutileza. Los tres hablaron menos de treinta segundos cuando la mirada celeste del Lord se dirigió con curiosidad directamente hacia mí. Aquel movimiento fue de inmediato percibido por Kiire quien, volteando un poco la cabeza, me ordenó con un gesto acercarme a ellos. Temiendo una represalia si me tardaba en llegar, corrí hacia ellos y me oculté de inmediato tras el Soul Master dorado quien desde el comienzo era la única persona con quien me sentía de veras seguro.
-¿Y ese muchacho?- preguntó el Lord con sus intimidantes ojos posados sobre mí.
-Se llama...
Kiire se interrumpió a si mismo, imagino que debió notar el haber olvidado preguntar mi nombre.
-Me llamo Selvheen- dije al Lord.-Señor- agregué rápidamente.
-Lo encontramos en las afueras de Lorencia en una granja, los invasores mataron a sus padres- explicó Zoutah.
-Miles de niños perdieron a sus padres, dime que tiene este muchacho de especial.
Zoutah aguardó en silencio.
-Es un Dark Wizard- se apuró en contestar Kiire.
-Sin el más mínimo entrenamiento como puedo ver...
-Pero, Isand...
-Nada de peros, nunca mientas a tu Lord- dijo para mi temor con expresión un poquito molesta.-Si quieres que el muchacho se quede porque te dio lastima, sólo dilo. Pero empieza pronto con su entrenamiento para que nos sea útil.
Entonces con dulzura de la que no lo creí capaz el Lord me sonrió y dijo algo que tardé varios minutos en asimilar.
-Bienvenido al clan, Selvheen.
Así fue como mi vida de Dark Wizard dio comienzo...

Lo que menos me gustaba de pertenecer a ese clan era lo mucho que caminaban, a cada rato montar y desmontar las carpas para emprender camino hacia la nada. Imaginarme el resto de mis días viviendo de aquel modo me desesperanzó muchísimo, me resultaba difícil tolerar tanta caminata.
Ese día, pocas horas después de ser invitado a formar parte del clan, se dio la orden para partir de nuevo. Si bien iba a caballo, me quejé todo el camino. Aunque también sentía algo de culpa por estar cabalgando mientras todos mis nuevos compañeros avanzaban dificultosamente sobre la nieve. Mas era mi caballo después de todo y sin él sería cuestión de minutos atrasarme con respecto al resto.
Atardecía cuando nos detuvimos. El sol en el horizonte pintaba de naranja el firmamento cuando de pronto todos comenzaron a cavar, no entendí porqué pero ayudé. Mis dedos cambiaron de color pasando de un fuerte tono rosado a un frío violeta alrededor de cincuenta veces durante la hora que nos llevo construir una gran serie de trincheras en la nieve cubiertas con largas ramas que los muchachos recolectaron en la arboleda anterior. Luego, mientras el sol nos despedía con sus últimos destellos de luz, todos alfombraron con sus capas el suelo de las trincheras.
Esa noche cenamos nuevamente caldo de carne, fue sabrosísimo y abundante, pude comer hasta el hartazgo. Aquellos caldos que tan seguido comíamos cuando a las tierras frecuentadas las cubría la nieve me encantan, lo más interesante de ellos es que nunca sabes lo que estás probando.
Luego, con el estómago lleno y tibio, entramos a las cuevas y como pudimos nos acomodamos. La nieve nos congelaba a través de las finas capas sobre las que nos encontrábamos acostados. Para mantener el calor nos apiñamos todo lo que pudimos. Mientras intentaba moverme entre la gente cada vez mas agrupada pensé "Qué vida tan dura". De pronto unos brazos calentitos me rodearon en un fuerte abrazo. "Trata de dormir" susurró Kiire a mi oído mientras se acurrucaba más junto a mí.
-¿Por qué dormimos así, en cuevas?- indagué.
-En esta zona no contamos con la protección de los árboles, los vientos nocturnos son muy duros y de este modo los evitamos. Ahora intenta dormir.
Era más fácil decirlo que hacerlo, juro por los dioses que lo intenté pero se me helaba la sangre y mis dientes castañeteaban mientras el resto de mí tiritaba sin cesar. Toleré todo lo que mi cuerpo pudo, pero fue imposible de modo que decidí salir a dar unos saltos y moverme un poco para entrar en calor antes de convertirme en un cubo de hielo. Me arrepentí de mi decisión casi de inmediato, aunque dos gruesas capas de Dark Lord me protegían, el viento dolía sobre la piel, era como si millones de diminutos cuchillitos de hielo rasgasen mi rostro. Cuando estuve a punto de dar media vuelta para regresar pude distinguir una forma humeante no muy lejos de allí. Aquella gran sombra a la distancia resultó ser una pequeña cabaña de cuyas ventanas brotaba algo de luz proveniente probablemente de las llamas en la chimenea. Quise avanzar hacia ella mas de inmediato recordé al simio blanco que hacía sólo un día había intentado matarme. También recordé el rostro severo y la voz firme de Zoutah al castigarme. Refunfuñé para mi mismo y regresé corriendo con Kiire quien dormía placidamente.
-Kiire, Kiire- lo sacudí.- ¡Encontré una cabaña!
El Soul Master abrió los ojos de muy mala gana y dio un largo bostezo antes de contestarme. Sin duda que alguien te despierte a esa hora con lo dificultoso que es dormirse en aquellas condiciones debe ser terrible. Papá y mamá rara vez se enojaban conmigo cuando los despertaba a media noche, fuese por el motivo que fuese, de modo en que Kiire, que en ese momento era casi mi mamá, seguramente no se enfadaría.
-¡Ya duérmete, Selvheen, estoy cansado! Isand el Lord descansa allí.
Si había escuchado bien, se trataba de algo muy injusto por lo que no demoré en expresar mi opinión.
-¿Todos aquí muriéndonos de frío mientras él está allá en una cama cubierto con pieles al calor de una chimenea?-rezongué indignado.
-Ajam...- dijo casi bostezando.
-Pero, pero... ¡No es justo!- insistí como si tuviese derecho a hacerlo.
Entonces Kiire se incorporó lentamente, estiró un poco su espalda, se frotó los ojos y con tono cansado me explicó.
-A ver, Selvheen. Él es el Lord, el Soul Master más poderoso del clan y de sus decisiones dependen todos aquí. Debe estar fuerte y sano para tener la mente clara. Nunca nos ha fallado y así queremos que sea por siempre ¿comprendes?
-No- contesté aunque algo entendí.-Tú y Zoutah también deberían dormir con él.
-Tengo sueño, deja de preguntar cosa y duerme.
Sin decir más volvió a abrazarme y con el peso de su cuerpo nos acostó. Seguramente las siguientes tres horas temblé con más fuerza de lo que creí puesto que Kiire despertó nuevamente y, luego de tomarme en sus brazos, me llevó varios metros hasta llegar a la puerta de la cabaña. La ventisca nos azotó con crueldad pero el calor que emanaba de la casita realmente marcó una diferencia cuando llegamos. Sin llamar ni nada el Soul Master dorado ingresó conmigo y cerró la puerta tras de sí con el pie. El interior era tal cual lo imaginaba, caliente y acogedor, con una mesa y una silla de madera, una jarra con agua, una chimenea de piedra con la leña recién encendida lanzando chispitas en su interior, una alfombra de piel blanca y una cama grade como la de mis padres completamente cubierta de pieles y en cuyo centro el Lord se encontraba cómodamente acurrucado mientras que su armadura yacía en el piso a un costado. Con su torso desnudo y su cuerpo bien definido, Isand se incorporó sin prisa hasta quedar sentado en la cama. Se lo veía muy sensual despeinado y con cara de sueño. Sus ojos lo dijeron todo, estaba feliz de ver a Kiire pero a mí pareció querer comerme. Recuerdo que me asusté, sentí como si un león fuese a romperme el cuello con sus fauces.
-Isand, necesito un favor- dijo Kiire con la mirada gacha.
-Con gusto, pero el muchacho afuera mientras hablamos.
Terminé a la intemperie cubierto hasta la cabeza por las dos capas, la cabaña funcionó por suerte de rompevientos así que la espera no fue tan terrible. Kiire me invitó a pasar alrededor de cuarenta minutos después, sus mejillas y su piel estaban rosadas y su expresión reflejaba mucha paz y satisfacción. Me dio un beso de buenas noches en la frente y se retiró sin decir una palabra más.
Una vez dentro, el Lord cuya piel pude notar que adquirió un tono rojizo me indicó que esa noche dormiría sobre la alfombra. No intercambiamos más palabras y, sin protestar ni nada, me recosté sobre la blanca piel y me preparé para descansar.
El calor del fuego me resultó una bendición y a los pocos minutos quedé completamente dormido. Ahora que lo pienso, Kiire sin duda merece un monumento.

Desperté muy tarde al día siguiente, pasado el mediodía. Me estiré y remoloneé largo rato mientras escuchaba el viento y otros sonidos provenientes del exterior hasta que noté que el Lord no se encontraba conmigo. Recién ahí me percaté de lo tarde que era. Tan rápido como pude me puse de pie y salí de la cabaña temiendo que se hubiesen marchado sin mí mas para mi alivio todos se encontraban allí entrenando. Los Blade Knights y Magic Gladiadors chocaban espadas entre ellos haciendo volar chispas por todos lados bajo la mirada calculadora de Zoutah. Al otro extremo, los Soul Master luchaban contra los Magic Gladiadors de energía entre luces y rayos de todos colores supervisados por Kiire. Por ultimo, las elfas arqueras disparaban flechas hacia las Summoners mientras elfas de energía sanaban hasta el más mínimo rasguño de ambos bandos. Estas últimas eran entrenadas por una elfa con armadura celeste, realmente hermosa, que, sino mal recordaba, se llamaba Sifin. En realidad todas las elfas del clan eran hermosas, el entrenamiento las mantiene delgadas, definidas y esbeltas.
Decidí ir con Kiire para darle los buenos días pero antes de llegar a su lado el Lord salió de la nada y comenzó a conversar con él. Interrumpir sería una falta de respeto así que me alejé mas de pronto escuché la candida voz de Kiire llamándome. Tímidamente y con la cabeza gacha me acerqué a ellos.
-¿Dormiste bien?- preguntó el Lord.
-Oh, si, Señor. Gracias por preguntar.
-Bien, me alegro. Tu primera tarea de hoy será ayudar a preparar el almuerzo para todos.
-¿¿Para todos??- repetí al recordar que sumábamos más de doscientos.
-Y por ayudar no me refiero a encender un fuego y mirar. Cortarás la carne, la lavarás y harás todo lo que el cocinero te indique.
-Si, Señor- dije antes de irme hacía donde el cocinero aguardaba.
Una vez junto al él o mejor dicho ellos, que ese día resultaron ser tres Dark Lords y una elfa para dar el toque femenino, comenzó mi labor de cocinero. Mi primer encargo fue desplumar unos pollos, lo cual no fue difícil sabía hacerlo, mi madre me enseño como. Primero tomas un recipiente con mucha agua hirviendo, metes al animal y las plumas salen solas con a penas una caricia. También se trozar la carne y arrancar la piel de los mamíferos. Nunca me gustó hacerlo pero mi padre insistía siempre en que es indispensable aprender los mejores métodos para preparación de la carne y así no desperdiciar nada. Aprovechar hasta el último pelo es ser respetuoso con el animal que murió para alimentarnos.
Preparar la comida para todos tomó mucho menos tiempo del que esperaba, en tres horas todos se encontraron sentados comiendo suculentas y grasosas piezas de distintas criaturas. Prácticamente di gracias a los dioses por poder llevarme a la boca aquella carnosa pata de algo. Ansiaba comida sólida y abundante. Vuelvo a aclarar que el caldo de carne que comíamos a menudo me encanta. Cuando pase por la ciudad iré a comer uno con Selena.
El Lord no comió con nosotros ese día, ni ningún otro. Zoutah quien comía a mi lado me explicó que la gran mayoría del tiempo Isand no compartía ninguna de nuestras actividades. Fue una pena, quería saber si se encontraba conforme con mi trabajo. De pronto Kiire se nos acercó con un gran trozo de pollo en la mano y luego de sentarse a nuestro lado comentó.
-Tengo un mensaje del Lord para tí, Selvheen.
-¿¿Para mí??- repetí incrédulo.
-Ajam. Dice "Buen trabajo con la comida, bien hecho".
-Los cocineros dijeron que eres muy hábil en la cocina y les enseñaste muchos trucos- agregó Zoutah despeinándome el cabello con sus caricias.
-No fue nada, muchas gracias- contesté sonrojado y en el fondo orgulloso.
-Sabemos que esto es muy duro para ti, pero mañana recibirás una grata sorpresa.
Esas últimas palabras de Zoutah me intrigaron mucho. Una sorpresa... No podía esperar.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Quinto escrito. Tercera parte. Viajando.

Desperté sobre el pasto, recuerdo haberme quedado observado como una pequeña hormiga llevaba entre sus mandíbulas un trocito verde de hoja. No escuchaba nada más que el viento mas había muchas voces a mi alrededor que parecían pertenecer a otra dimensión, formaban parte de aquella realidad a la que no quería regresar jamás. En mi mundo de ensueño descansé durante horas pero no podía quedarme allí por siempre. Cuando las ganas de ir al baño y el hambre pudieron más que mi voluntad decidí levantarme. Todo estaba oscuro a mi alrededor, un enorme fogón era el escenario de las danzantes llamas que los guerreros, magos y elfas contemplaban durante, al parecer, una amena conversación. Los grillos chirriaban con fuerza y de seguro camuflarían mis pasos. Tan en silencio como pude, me puse de pie y escapé tras unas rocas para calmar las exigencias de mi vejiga. Luego, más relajado y con la mente más clara, miré hacia el fogón donde nadie parecía haberse percatado de mi ausencia, podía escapar pero a dónde, el hambre me estaba matando y en el ambiente reinaba el olor embriagante a carne jugosa recién cocida. Me humedecí labios y comencé a caminar hacia ellos. Después de todo, no me quedaba nada más por perder.
-Miren quien despertó- dijo un Dark Lord con tono simpático.
Retrocedí asustado llevándome las manos al pecho, no esperaba que me hablasen. Pero qué otra cosa harían sino. La voz del guerrero dragón, el cual no traía su armadura puesta en ese momento, ordenó de pronto.
-Cierren la boca, está asustado- dijo para luego dirigirse a mí.-Ven siéntate con nosotros y come algo- me invitó haciendo un gesto para que me sentase a su lado.
No hice nada y aguardé en silencio en mi lugar. Creí que si daba un paso en falso me matarían.
-Zoutah, déjamelo a mí- interrumpió una voz conocida.
Fue el Soul Master dorado quien habló y puso su mano en mi hombro sobresaltándome ya que no lo sentí cuando se acercó. Despacio, sin empujarme ni nada me condujo hasta la ronda, el calor del fuego y los desconocidos. Nos sentamos sobre un tronco que había sido cortado en varios trozos para servir de asiento a los allí presentes. Me quedé inmóvil un instante contemplando como el fuego reflejado en las armaduras parecía darles vida propia. Luego el mago tomó algo parecido a la pata de un ave y me la ofreció. El aroma hizo efecto de inmediato y engullí la pieza. Zoutah, como llamaban al guerrero dragón, rió y ordenó que se me ofreciese algo más sustancioso. Esperaba una pata de vaca, cabra o algo parecido, en cambio pronto me encontré con una clase de pie medio pata color verde en mis manos.
-No preguntes y come- dijo alguien como leyéndome la mente.
Miré la pieza de carne, no olía mal, pero lucía terrible. Cerré los ojos y finalmente le hundí los dientes. El sabor fue indescriptible, tierno, jugoso... Cada bocado se deshacía sobre la lengua. Tan fácil de comer y tan delicioso era que en pocos minutos me lo terminé. Luego, satisfecho y contento por del festín, además de entrado en confianza, me animé a preguntar.
-¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? ¿Dónde está mi casa?- empecé sin saber por donde.
-Te desmayaste, niño. Te subimos al caballo y te trajimos hasta aquí. Estamos en los límites de Lorencia y tu casa está muy lejos al Este. Vamos a Devias, el Lord nos espera- explicó Zoutah haciendo un silencio enfatizante tras la palabra Lord.
-¿Qué van a hacer conmigo?- tartamudeé.
-No sabemos. Pero no temas, no te haremos daño.
No tuve el valor para seguir indagando. Así que, sin comprender demasiado de que hablaban escuché las conversaciones de todos durante unas horas. Gemas, asesinos, clanes, ciudades lejanas, armas cuyos nombres me fue imposible repetir... Cuando mis bostezos fueron más que evidentes Kiire acarició mi cabello y me dijo que durmiese tranquilo, que en todo caso volverían a llevarme a caballo. Me alejé dos o tres metros del fogón y me acosté en el suelo alfombrado por pasto húmedo, pero tenía frío, extrañaba mi cama y a mi mamá. Mis visión se nubló de a poco, comenzaron a humedecérseme los ojos y antes de darme cuenta las lágrimas recorrían mis mejillas nuevamente. Sería difícil conciliar el sueño aquella noche sin estrellas. Temblé y sollocé en mi lugar varios minutos hasta que sentí que algo suave, abrigado y tibio se extendía sobre mí. Nuevamente era Kiire quien venía a mi rescate. Con suavidad terminó de colocar sobre mí la oscura capa de un Dark Lord. "Tápate con ella y abrázala, te sentirás mucho mejor" me susurró con cariño.
-Gracias, Señor- contesté tímidamente pero sin parar de lagrimear.
Entonces para mi sorpresa el Soul Master se sentó junto a mí en el suelo.
-No me gusta verte llorar ¿qué puedo hacer por ti?
No le contesté, sólo quería a mis padres nuevamente conmigo y ningún Soul Master del universo podría devolvérmelos. Lo que propuso el mago entonces me sorprendió.
-Imagino que tu madre te contaba historias para dormir ¿quieres que te cuente una?
Lloré todavía más, recordar lo cariñoso, comprensivo y amoroso que fue conmigo en aquel momento aún me llena los ojos de lágrimas. Él nunca me dejó solo y siempre confió en mí. Hoy no sería nadie si él no hubiese estado conmigo. En ese entonces, aquel mago, completamente desconocido había dado en el clavo, sabía lo que necesitaba y no me lo negó. En ese momento supe que las de razas de combate entrenadas no eran sólo sanguinarios y despiadados asesinos.
-A ver, a ver... Había una vez un goblin que...
-¿Qué es un goblin?- pregunté con la boca cubierta por la capa.
-Lo que comiste recién, un monstruito verde. Pronto verás alguno.
-Oh, está bien ¿Y qué hacía el goblin?
Kiire se sujetó el mentón y pensó un momento.
-¡Buscaba un tesoro!- dijo con emoción.- Aunque sus amigos le decían que estaba loco, no por ir a buscar un tesoro sino porque este se encontraba escondido en los límites más peligrosos de Kanturu. Un goblin jamás sobreviviría allí solo.
-¿Tampoco si lleva vendajes y medicinas?- quise proponer.
-Tampoco, siempre van con elfas de energía que los cuidan.
-¿Y si llevan vendajes mágicos?
-Supongo que sí. Pero él no tenía. Esos vendajes mágicos los venden en LaCleon- inventó.
-¿Por qué no le pidió a un amigo fuerte que le compre?- insistí.
Me río recordando aquel momento, Kiire respondía a todas mis preguntas y el cuento jamás terminó ya que en algún momento de su relato quedé completamente dormido. Mucho tiempo después, mientras recordábamos juntos aquel momento, Kiire me contó que, antes de dormirme esa noche, lo llamé "mamá".

Mis recuerdos del viaje a la mañana siguiente son muy vagos. Recuerdo haber montado al caballo y acariciar su suave crin con mi rostro, ver el pasto y sentir el frío cada vez más intenso a medida que nos acercábamos a nuestro destino. También recuerdo que Kiire me despertó para ver, por primera vez en mi vida, la nieve. Tan blanca y brillante... Al principio me pareció hermosa pero tras un día completo sometido a ella comencé a odiarla. Dos capas de Dark Lord no alcanzaron para aislarme del frío mientras que a mis escoltas sólo los cubrían sus armaduras y unas delgadas capas blancas.
Al amanecer del segundo día bajo la nieve, llegamos a una pequeña arboleda. Desmonté para correr ansioso hacia los árboles pero a penas toqué la nieve me hundí hasta la cintura. Los muchachos del clan se rieron mas no me daría por vencido, sus burlas me daban más fuerzas para demostrar que podía solo con el reto. Así que con todas mis energías logré abrirme paso. Habría llegado más rápido de no haber desmontado pero lo importante fue que lo hice. Cuando llegué entre los pinos el cambio de temperatura fue inmediato, los arbolitos detenían el viento y por primera vez en dos días sentí calor en mis heladas mejillas.
Devolví las capas a sus respectivos dueños y fui tras lo que creí era ardilla que correteaba por entre las ramas. Adentrado entre los árboles, los sonidos, aromas y la nieve me hipnotizaron. Tan distraído estaba que comencé a alejarme demasiado del grupo. No temía perderme ya que mis pisadas dibujaban claras huellas sobre el blanco suelo, así que avancé sin miedo hasta llegar, en pocos minutos, al otro extremo de la arboleda donde distinguí una cosa moviéndose a la distancia. Agudicé la vista con curiosidad, algo definitivamente venía hacia mí, era blanco como la nieve y emitía sonidos extraños como un cerdo y un lobo. Me froté los ojos y cuando volví a abrirlos recibí un potente golpe en el brazo. Esa cosa había arrojado una bola de nieve contra mí. Solté un grito pidiendo auxilio y lo que ocurrió a continuación fue demasiado rápido. De la nieve brotó dando alaridos la criatura que resulto ser una clase de simio blanco monstruoso. Grité de espanto, me cubrí el rostro con la mano pero nada ocurrió. Tímidamente abrí los ojos y pude ver que el animal corría ensangrentado perdiéndose en el horizonte. Tras de mi se encontraba una elfa vestida con armadura roja y armada con un enorme arco plateado. Esta tomó mi brazo con fuerza y me llevó con brusquedad de regreso con el grupo sin decir una sola palabra. Allí Zoutah me ordenó, con voz tan dominante que me asustó, que no volviese a alejarme del lugar sin autorización y de castigo me ordenó ayudar con las carpas. No sabía nada de carpas mas hice lo que pude colocando unas estacas. Me sentí muy apenado por lo ocurrido.
Más tarde, mientras almorzábamos un caldo de carne, escuché a Zoutah decir que el Lord, a quien todos parecían prácticamente venerar, nos esperaba a pocos kilómetros de dónde estábamos. No quería volver al frío y al viento pero nada podía hacer, mis exigencias estaban completamente fuera de lugar. Así que empacamos y a las pocas horas salimos. Habrán pasado menos de dos horas hasta que en la distancia un montón de pequeños puntos de hicieron visibles. Se trataba más miembros del clan quienes aguardaban por nosotros. Su número rondaba las setenta personas lo cual me sorprendió mucho, tanta gente al mando de una sola persona, ese tal Lord.
A penas llegamos con ellos, Zoutah saludó respetuosa pero amigablemente a otro guerrero y conversó con él sobre entrenamientos, lo ocurrió recientemente en Lorencia y otras cosas que no me importaban ni incumbían. Todos a mi alrededor me daban miedo de modo que no solté en ningún momento la mano de Kiire por lo que íbamos juntos a todos lados. Mas de repente me soltó y se dirigió directamente a Zoutah quien aguardaba junto una elfa de energía, otro Blade Knight, un Dark Lord y una elfa arquera.
-Zoutah, Sifin, quiero a las tropas entradas en calor, el Lord llegará pronto- ordenó sin recibir objeción.-Ustedes mantengan cerca a sus soldados y avísenles a sus Battle Master que los quiero listos a todos dentro de dos horas- mandó a los otros.
-¡Si, Señor!- respondieron todos al unísono.
Me asombré mucho, Kiire sin duda tenía un cargo muy importante en ese clan.
Transcurrieron casi tres horas en las que me entretuve cavando un escondite en la nieve, cuando de pronto todo quedó en silencio. Me asomé con algo de miedo y curiosidad desde mi cueva, donde hacía minutos jugaba a ser un topo. Todos allí traían la mirada fija en un pequeño punto brillante al Sur, sobre una colina blanca. Un ángel se apareció entonces ante nosotros, traía una armadura plateada muy brillante, sus alas relucían hermosas tan blancas como la nieve, el sol rebotaba sobre él como si fuese un espejo viviente de plata. Con el brazo derecho sostenía su casco de modo en que nada le cubría el rostro ni me impedía contemplarlo mejor. En su bello rostro su mirada celeste y segura mostraba un porte increíble que no dejaba lugar a dudas de una sola cosa... Me encontraba ante el Lord.

domingo, 25 de octubre de 2009

Quinto escrito. Segunda parte. Desconocidos.

-Ven, niñito, niñito, niñito... - Llamó el guerrero como quien llama a un gato.-Soy un guerrero bueno y amistoso, voy a darte muchos dulces, no te cortaré la garganta- susurró risueño con todo el sadismo que una voz puede tener.
Temblaba como una hoja en mi agujereado escondite, sabía que los sanguinarios asesinos me habían visto y no tenía idea de que hacer.
De repente, con fuerza sobrehumana, una mano negra, enorme y acorazada me tomó del cuello, levantó en el aire y sacó del barril. Sus dedos apenas presionaban pero aún así me faltaba el aire. Pataleé y grité como un loco, iban a matarme, lo sabía y no existía salvación.
-Mira que tenemos aquí, un maguito. Eres el hijo del mago obeso y la prostituta de afuera ¿verdad?
Mas no contesté. Insistió con la pregunta varias veces más y, finalmente, impacientado por no conseguir que dejase de patear, ni lograr, además, sacarme una respuesta hundió sus dedos en mi garganta. Sujeté su brazo con fuerza e intenté alejarlo de mí pero fue imposible, me asfixiaba.
-No te vas a soltar, maguito. Porque eres tan inútil como tu padre- dijo arrojándome con tanta fuerza al suelo que no pude incorporarme.
El otro Blade Knight, el de armadura roja e inmensas alas de dragón, me preguntó porqué lloraba. "Quiero a mamá y a papá" fue lo único que pude decir entre sollozos.
-Pero si tu papi está aquí contigo- dijo mientras tomaba del suelo la cabeza de padre.
Quise escapar, me levanté de golpe con energías que no sé aún de donde obtuve pero el guerrero con las alas de murciélago y la armadura negra me tomó del brazo.
-¿No querías ver a tu papi, acaso?- me dijo mientras su compañero de rojo le pasaba la cabeza como si se tratase una pelota.-Aquí lo tienes, dale un beso, dile que lo amas.
Y sin decir más me puso esa cabeza sobre el rostro tratando de que mis labios tocasen los del cadáver. Pude oler la sangre y ver la última expresión de horror que tuvo mi padre. Uno de sus ojos había desaparecido y la imagen me revolvió el estomago. Luché todo lo que pude pero era inútil, así que cerré los ojos y me dediqué a llorar en espera de mi muerte. Pronto estaríamos todos juntos de nuevo.
-Oh, pobrecito, es una ramera llorona como la madre.
Luego hizo una pausa y agregó.
-Por cierto, fuiste tu el que interrumpió la orgía antes de que llegase mi turno.
Dejó caer a un lado la magullada cabeza ensangrentada para luego hacer lo impensable. Lentamente hundió su nariz en mi cabello e inspiró profundamente "Hueles muy bien" me susurró al oído mientras me abrazaba y me acariciaba el pecho. Sus manos pervertidas toquetearon y apretaron mis nalgas y mis partes más privadas. Yo era demasiado inocente aún para entender la barbaridad que planeaba hacer conmigo.
Lo sentí morderme el cuello y el lóbulo de la oreja. Ya no pude llorar, patalear, pelear... Nada. Su asquerosa lengua me recorría el cuello saboreándome como una serpiente saborea el aire, cuando de pronto escuché un ruido tajante y sentí una ráfaga helada justo junto a mí. El sonido se repitió una y otra vez, abrí los ojos asustado para comprender que ocurría. El guerrero me había soltado y tenía cientos de estacas de hielo atravesando su armadura y goteando carmesí. Rápido como un ratón me escabullí gateando hasta llegar bajo una mesa. Entonces vi que un hombre con armadura celeste, alas de ángel y un brillante cetro blanco, rodeado de luces verdes, rojas y celestes, invocaba de la nada aquellas estacas que llovían veloces únicamente sobre mi agresor. El otro guerrero, mucho más grande y poderoso que su compañero, intentaba acertarle un espadazo pero el ángel se desvanecía y reaparecía haciendo que la espada cortase sólo el vacío. Un inmenso guerrero con armadura roja con el casco similar a la cabeza de dragón, también rodeado de luces, ingresó de pronto al lugar saliendo de la nada y, usando sus dos espadas, cortó ambos brazos de quien atacaba al ángel azul. La lluvia de hielo cesó cuando ambos guerreros quedaron inertes y sin vida sobre la gastada madera del suelo.
Luego de salvarme la vida, el guerrero dragón se acercó a mí. Quiso decirme algo pero estuve tan asustado, no quería volver a ver un Blade Knight en mi vida.
Me tomó en sus brazos y salimos de la casa, le temía pero ya no podía luchar, mi mente estaba completamente desvastada. Recuerdo haber visto a varias personas afuera, él era el único guerrero, había dos elfas de energía con armaduras celestes, el Soul Master que me salvó y los cuerpos de dos de los malvados Blade Knights. Las elfas al parecer habían conseguido escapar mas mi madre no fue tan afortunada y su cadáver yacía embarrado a unos cuantos metros del lugar. Aquella mujer hermosa que me arropaba todas las noches, me contaba historias y espantaba a todos los monstruos de mis pesadillas jamás volvería a besarme, abrazarme y decirme cuanto me quería. El último buen recuerdo que tengo de ella es su suave mano acariciando mi mejilla y su bellísima voz pidiéndome que no regresase muy tarde aquel día.
Suavemente el dragón me puso en el suelo y, mientras él hablaba con los demás, un Soul Master se me acercó. Era diferente a los otros, su armadura color dorado era delicada y liviana, su casco a penas le cubría la cabeza y sus alas parecían más grandes en comparación con las de los demás magos. Sus ojos eran celestes cual zafiros deslumbrantes, dulces y cándidos además.
-Mmmm, qué haremos contigo. Imagino que no tienes a donde ir- se dijo a sí mismo mientras su mano recorría con suavidad mi cabello.
-No hay nada que podamos hacer, hay que irnos- agregó el Soul Master de azul.
Cargando con las armaduras de los asesinos me dieron la espalda y comenzaron a alejarse mientras con los ojos llorosos los miraba impotente. Pero el Soul Master que estaba a mi lado no se movió. Me revisaba con la mirada como corroborando algo.
-Creo que es un pequeño Dark Wizard. Podríamos llevarlo con nosotros al clan.
Todos comenzaron a reír, le preguntaban al mago de dorado para qué podría serles útil, le decían que no sabía combatir y sería ridículo hacerme formar parte de ellos. Que serían el hazme reír de todo Devias y Kanturu. Se me sonrojaron las mejillas, no necesitaba más humillación y mucho menos que me recordaran lo inútil que era para las batallas. Las risas se esfumaron cuando una voz firme y dominante se impuso. Se trataba del guerrero dragón quien, por la forma en que silenció a todos sin recibir la más ínfima insinuación de rebeldía, parecía ocupar un cargo importante.
-Bien, Kiire. Pero no te ilusiones, es el Lord quien decidirá si se queda o no.
-De acuerdo.

domingo, 18 de octubre de 2009

Quinto escrito. Primera parte. Hace mucho tiempo en Lorencia.

Recuerdo bien aquel día... hace veinte años ya.
La ciudad de Lorencia es muy especial para mí, sus extensos pastizales, las pequeñas criaturas con las que me crié... Sin embargo no paseo mucho por allí porque de inmediato me invaden los recuerdos.
Mi padre era un Dark Wizard que amaba la tranquilidad y siempre estuvo en armonía con el ambiente. Nunca desarrolló sus poderes, no le interesaba seguir con la vida que parecía estarle predestinada. Consideraba a las guerras de las razas de combate y los hombres inútiles aberraciones. También creía que los Mobs, esas extrañas criaturas de ensueños y de pesadilla que alguna vez reinaron sobre la tierra, cuyas formas varían inimaginablemente, podían vivir en paz con los hombres.
Sin duda no era el Dark Wizard modelo, era relativamente bajo y hasta algo de panza tenía, jamás usó una armadura y nunca aprendió a invocar algún hechizo. Soñaba con tener una bella familia y dedicarse a cuidarlos por el resto de sus días.
Vivíamos en una pequeña granja a unos tres kilómetros de la ciudad, teníamos cabras, algunas ovejas, una vaca, gallinas, conejos y un caballo. Nuestra casa era muy humilde pero acogedora, toda de madera con una bella chimenea de piedra. Mamá solía sentarte en su mecedora ante la llama y verme jugar con los muñequitos de madera que Papá tallaba en sus ratos libres y que ella, con mucha dedicación, pintaba y vestía con pequeños saquitos que tejía para mí.
Mamá era una mujer muy hermosa, su cabello era castaño claro y sus ojos verdes como esmeraldas. Me contaba historias sobre tierras lejanas y me enseñó a leer.
Nunca me faltó nada.
Muchas veces salí a jugar a las afueras de la granja, la zona era segura. Había unas arañas del tamaño de gallinas y unos dragoncitos escupe fuego pero papá me había enseñado a ahuyentarlos y, además, el nunca se encontraba demasiado lejos. Recuerdo haberme pasado horas correteando a dichos dragones hasta el anochecer y que luego mamá saliera a buscarme para cenar.
Una noche, luego de todo un día jugando solo con el caballo, terminé demasiado lejos de casa, me llamó la atención de pronto el humo que vi brotar desde la ciudad. Era un incendio enorme, algunas llamas podían verse incluso a mi distancia. Aquel día mi mundo cambió.
Recuerdo que galopé lo más rápido que pude en busca de mis padres y no creí lo que vi al llegar. Los cerdos yacían muertos, las cabras y la vaca también. Sólo algunas aves de corral seguían moviéndose. Algunos animales ardían en llamas, otros se descomponían ante mis ojos y otros simplemente se encontraban decapitados sobre viscosos charcos de sangre.
De inmediato pensé en mi madre y, luego de desmontar, corrí hacia la casa. Me disponía a cruzar la puerta cuando escuché voces desconocidas provenientes del interior. Asustado decidí ingresar por el sótano, entré, lentamente subí las escaleras y me asomé en silencio por la puerta. Las voces se escuchaban más lejanas así que junté coraje y decidí avanzar. Me encontraba en el pequeño taller de carpintería de la casa, donde papá tallaba mis juguetes, iba a explorar aún más pero de pronto sentí pasos. En mi desesperación lo único que atiné a hacer fue esconderme dentro de un barril gastado y agujereado donde arrojábamos las cosas viejas y oxidadas.
Un Blade Knight, con armadura negra y alas similares a las de un murciélago, ingresó riendo y arrastrando algo. Una elfa arquera, con armadura roja pero oscurecida por una clase de aura asesina que emanaba de ella, lo seguía. Con un solo brazo el guerrero con la armadura negra, la cual luego me enteraría que se llama Black Dragon, arrojó aquel bulto ensangrentado contra el suelo. Recién ahí pude distinguir que aquel ser que se retorcía entre la sangre era mi padre.
-Vamos, maguito, teletranspórtate- reía el guerrero.
-Estoy cansada de esto, mátalo ya- dijo la elfa impaciente.
-Está bien, evidentemente no sabe pelear, es sólo un viejo panzón.
Desenfundó entonces su espada y apoyó el filo en el cuello de mi padre.
-Di tu última voluntad. Porque te degollaré como a un puerco.
De pronto sentí que los ojos del Dark Wizard se cruzaron con los míos, me dijo que me quedase allí con la mirada, luego clavó su vista en los ojos del guerrero y dijo:
-Que ardas en el infierno.
El Blade Knight tomó del pelo a mi padre, expuso su garganta y con una mísera caricia de su espada le abrió el cuello. La sangre salpicó por todos lados bombeada por su fuerte corazón. El cuerpo de mi papá se convulsionó con fuerza, unas últimas palabras gorgotearon incomprensibles en su garganta antes de que su cuerpo cayese sin vida. De inmediato comencé a llorar en silencio mientras el asesino terminaba de arrancarle de una patada la cabeza al cadáver de la persona a quien más admiraba en el mundo.
Minutos después de que abandonasen el taller me animé a salir de mi escondite. Mamá estaba en peligro y debía hacer algo antes de que fuese demasiado tarde. Estaba pálido y me temblaban las piernas, aun así, sin el más mínimo razonamiento previo, comencé a explorar la casa armado sólo con un pequeño cuchillo que encontré en el taller. Pero el lugar estaba desierto. Corrí hacia la entrada y vi a los asesinos junto a otros dos Blade Knights que sujetaban a mi madre quien pataleaba y maldecía completamente desnuda, con la cara cubierta de lágrimas, mientras que uno de los malnacidos la violaba sin piedad. Su rostro, alguna vez muy bello, estaba magullado por los golpes y en sus labios partidos relucía sangre. Tuve tanto miedo...
-¡Hey miren, encontré un caballo!- dijo otra elfa a lo lejos.- Alguien más está aquí, tengan cuidado.
-Matemos a esta pronto, jugaremos con otras- dijo uno de los Blade Knight.
Sin pensarlo lancé mi cuchillo contra ellos pero este rebotó sobre la armadura del asesino de mi padre sin causar el más mínimo rasguño. Rápido como un rayo corrí hacia el taller y me escondí nuevamente en el barril. Segundos después se escuchó tremendo portazo y entraron en el cuarto dos de los Blade Knight. Los vi buscarme con la mirada y de pronto uno señaló el suelo. Miré junto con ellos y aterrado pude ver que en mi descuido había pisado la sangre y dejado huellas señalando directamente hacia mi escondite. El guerrero de negro sonrió sádicamente y comenzó a acercárseme.

sábado, 17 de octubre de 2009

Cuarto escrito. Última parte. El final de la apuesta.

Mientras servía a los chicos del clan, quienes se habían dado por vencidos al intentar adivinar de dónde me conocían, comencé a preocuparme al no ver a Selena por ningún lado. Alrededor de media hora más tarde mi elfa volvió a cruzar la entrada del bar, esta vez escoltando a un musculoso Blade Knight de alto rango más terroríficamente conocido para mí que los demás. Se trataba de Leink, el hermano mayor de mi querida Blanie, una clase de rival al cual conocí durante mis días de novato en un viejo clan llamado Morbius al que ahora no pertenezco y del cual probablemente les hablaré en un futuro.
Cómo lo había convencido de venir justo ese día, no lo sabré. Mas confiaba en que las gemelas lo atendiesen al verme ocupado con las mesas de otros y la de mi clan. No tuve tanta suerte, de inmediato me encargaron atender la mesa de Leink. Pidió mesa para dos. Con quien rayos vendría me pregunté. Carcomido por los nervios paso a paso me acerqué a mi rival. Daba más miedo sin armadura que con ella. Cómo sacaran tanto músculo los guerreros, sus armaduras deben pesar una tonelada.
En fin, como decía, cada paso era más lento y corto que el anterior. Cuando estuve a pocos metros de Leink e iba a hablarle, una voz femenina me interrumpió. Una bella muchacha de cabello negro, ojos azules y una figura formidable se lanzó a los inmensos brazos del guerrero y le rompió la boca de un beso. Con que una chica... con suerte la miraría sólo a ella y no repararía en mí. Al fin la suerte pareció sonreírme. Y Selena, luego de notar que mi teoría se llevaba perfectamente a la practica, pareció, por primera vez en la noche, algo preocupada.
Transcurrió una hora más en la cual el miedo y la preocupación se me pasaron por completo. Era cuestión de tiempo que mis conocidos pidieran la cuenta, pagasen y se marchasen. La mesa de mis amigos llevaba mucho tiempo sin pedir nada, sin duda estaban algo borrachos, pero no lo suficiente para causar problemas. Iba a preguntarles si se les ofrecía algo más pero mi rubia amante se adelantó.
-Espero que estén pasando una buena noche ¿se les ofrece algo más?- preguntó sonriente.
-Otra de sus hermosas sonrisas ¿es posible?- sugirió Ángel a la elfa que de inmediato se sonrojo y soltó una risita simpática.
¡No me importa si estaba bajo la influencia del alcohol, mataría a aquel Blade Knight al día siguiente ya sea mi Battle Master, Asistente o criatura endemoniada!
-Algo de agua, por favor- pidió Venekita quien evidentemente no era tan buena bebedora como los otros.
Lo que pasó a continuación me dejó helado.
-¡Selvheen!- llamó Selena- ¡Trae una garra de agua bien fresca!
-¿Selvheen?- se preguntó a sí mismo Diómedes mientras dirigía su mirada curiosa a donde yo me encontraba parado, completamente paralizado.
-¡Rápido, Selvheen!- repitió mi chica.
-¡Yo sabía que lo conocía!- gritó Ángel quien en toda la noche no había mostrado indicio de saber sobre mi identidad -¡Master, ven, siéntate con nosotros!- agregó con la voz algo perdida por el alcohol.
-¿Selv?- preguntó Venekita con una sonrisa divertida -¿Qué estás haciendo aquí atendien...
Sentí de pronto otra voz familiar a mis espaldas pronunciando mi nombre con algo de duda. No quise voltear pero lo hice, Leink me observaba sentado desde su mesa con la mirada confusa pero curiosa y la boca casi dibujando una sonrisa.
Una lagrima de puro miedo se deslizó por mi mejilla y no pude más que salir corriendo, Selena se interpuso en mi camino pero me teletransporté tras ella y escapé. Corrí sin rumbo por toda la ciudad, la gente me miraba como si observasen a un loco, incluso algunos se apartaban de mi camino. Continué corriendo hasta que de pronto choqué de frente con alguien. Ambos caímos al suelo.
-Disculpe, no lo ví- dije al hombre.
-Tenías que ser tú- contestó.
La respuesta fue tan extraña que levanté la vista y miré al accidentado, era Mike, quien se puso de pie de inmediato y me dio la espalda. No hice nada, me quedé sentado en el suelo secándome las lágrimas. Entonces el mozo se detuvo y volvió la mirada hacia mí.
-¿Qué te ocurre ahora, Soul Master?- indagó severamente.
Despegué el estúpido bigote bajo mi nariz, más no pude parar de llorar. Entonces, de manera inesperada, Mike extendió su mano invitándome a incorporarme.
-Ven, levántate y cuéntame qué sucedió.
Le sonreí y el contestó de igual modo. Agradecido tomé su mano y me puse de pie. Aunque la situación era algo incomoda, Mike consiguió romper el hielo con su mirada tan libre de todo rencor. Sus ojos claros como el agua emanaban mucha paz y bondad.
Caminamos por la ciudad hasta llegar a una plaza casi vacía. En el camino le conté todo lo que había ocurrido, lo de Selena, la apuesta, el clan... Era tan sencillo hablar con él.
-Gracias por escucharme, Mike.
-De nada.
Hubo un largo silencio entre nosotros hasta que me animé a decir.
-Me contaron lo que ocurrió con tu familia y los Soul Master.
El joven se puso de pie como una fiera.
-¡¿Quién te lo...
-No importa. Quiero que sepas que lo lamento mucho.
Aguardó unos instantes y se sentó nuevamente junto a mí.
-No tienes la culpa, Selvheen. No hiciste nada- dijo con resignación tras un largo suspiro.
-Quiero que sepas que al menos yo estoy aquí para cuidarte. Nunca te haría daño.
-Tienes la fuerza para derrotar a semejante bestia de un solo hechizo. Podrías hacer pedazos toda Lorencia si quisieras. No hay guerreros por esta zona que puedan contra un mago evolucionado como tú.
-No te ofendas, pero no tienes idea de lo que es una verdadera bestia.
-Imagino que no, sino hay nadie poderoso defendiendo Lorencia de esos toros será porque no se requiere mucho poder para lograrlo- suspiró.- Entonces pasa lo que pasó, viene un asesino y nadie puede detenerlo a tiempo.
-Yo te protegeré.

Esa noche dormí en casa de Mike y a la mañana siguiente monté sobre Chester y, dando una última mirada a Lorencia, partí hacia Devias.
Llegué más o menos al mediodía mas cabalgué hasta que el sol desapareció y la aurora boreal se dibujó entre las estrellas. Casi era de noche cuando llegué al castillo abandonado de mi siempre nevada ciudad. Caminé por las oscuras ruinas, sorteando obstáculos sin mayores dificultades. Conozco aquel castillo como la palma de mi mano. Mas cuando estuve frente al trono me detuve, pude sentir una poderosa presencia aguardándome desde allí. Una presencia familiar...
-¿Qué haces aquí, Selena?- pregunté furioso encendiendo mi aura celeste.
-Perdiste la apuesta, vengo a reclamar mi premio- dijo mientras yo daba media vuelta para retirarme.
-Mañana entraré a tu estúpido clan y haré lo que me mandes. Hasta luego.
No pude dar un paso más, los calidos brazos de mi elfa rodearon mi cintura en un abrazo mientras que su mentón quedó apoyado sobre mi hombro dejando sus labios a poca distancia de mi oreja. La odiaba tanto en aquel momento que su abrazo me causó repulsión. Iba a liberarme cuando me susurró al oído "no te vayas, quiero estar contigo".
-Selv, nunca quise hacerte daño.
-Pero lo hiciste.
-Necesitaba que notases que es cierto cuando te dicen que tratas a los demás como inferiores... y que ese trato lastima, y me lastima.
-Sabes... me di cuenta que tenías razón. Pero me dolió lo que hiciste.
-Lo lamento- dijo besando mi cuello.-De veras lo siento, pero como logré mi cometido no estás obligado a cumplir con tu castigo. Es más, pídeme lo que gustes.
-No gané, no sería merecedor de ello.
-Olvida la apuesta, te regalo el favor, Master, porque me gustas.
-También me gustas. Y se me ocurre que puedo pedirte- dije con una pícara sonrisa.
-Dime- dijo al comenzar a morderme suavemente el cuello y a acariciar mi pecho y hombría.
-Dile a tu Master que soy mucho mejor amante que él- contesté entre suspiros.
-¡Que malo eres! Sabes que no puedo decirle eso, se enojaría contigo ¿Quieres guerra contra mi clan? Recuerda a la poderosa asistente que tienen- rió mientras sus manos se escabullían bajo mi pantalón.
-Pero, soy mejor amante que él ¿verdad?
-Para mí usted es el mejor semental del mundo, mi Master...
-¿Si? Dímelo siempre...- gemí mientras ella me masturbaba con firmeza.
-Usted es el mejor, mi Lord.
Sus palabras me relajaron y pensé, soy el Lord de ZARPA, tengo gente leal y poderosa a mi servicio, algunos incluso más poderosos que yo. Podrán tener sus defectos y sus virtudes pero siempre están ahí para mí... Quizá yo no sea el mejor en todo pero ellos me eligieron y los aprecio por ello.
Aunque si una elfa hermosa cree que soy el mejor del mundo algo de razón debe tener.

EPÍLOGO

Si bien la apuesta con Selena terminó sin ningún tipo de sometimiento a mi persona. No todo acabó ahí.
Solucionar el problema de Mike fue bastante sencillo, dos días después de lo ocurrido en el bar de Lorencia, tuve un encuentro con el gobernador de la ciudad quien me recibió de inmediato creo que más por miedo que por respeto. Desde aquel día Lorencia es custodiada por dos elfas arqueras de rango maestro. Mike tenía razón, la muerte de su familia pudo haber sido evitada de no ser por la tacañería del gobernador. Contratar tan poderosas protectoras es costoso pero lo vale y con el dinero de los impuestos no debería presentar mayores problemas el mantenerlas siempre allí.
Con respecto a los muchachos del clan, Diómedes y Venekita eran los que más recordaban lo sucedido. Al principio no quise retornar a ZARPA, me daba mucha vergüenza lo que podrían decir de mí. Mas no podía escapar por siempre a mis responsabilidades. Selena les contó todo lo ocurrido y ellos comprendieron de inmediato. De todos modos se rieron de la situación y cuando nos reencontramos se notaba en sus rostros las ganas de reír. Pero, como siempre, a mi asistente le bastó sólo apoyar su mano en mi hombro para darme a entender que ellos eran mis amigos y que mientras estuviésemos juntos todo estaría bien.
La siguiente semana tuve que tolerar varias bromas por parte de los chicos, pero nada que un Novazo y unas oportunas estacadas de hielo a dichos insubordinados no solucionasen.
Por último, Leink. Intenté no cruzarme con él, cada vez que lo veía me escabullía de inmediato.
Una tarde, en los límites de Noria se dio el encuentro. Mientras que ZARPA se repartía el pequeño botín recién obtenido tras la derrota de las tropas del White Wizard, yo me dirigía en busca de un trago en el café más cercano.
-Hey, mozo- escuché que me llamaban de pronto.
Miré por el rabillo del ojo y de inmediato reconocí al hermano de Blanie sentado en la otra mesa. Intenté ignorarlo pero Blanie, quien estaba con él, me saludó.
-¡Selv!- continuó la elfa mientras tomaba asiento junto a mí, seguida de inmediato por su enorme hermano. -Leink me contó lo del bar.
-Buenas tardes, Selvheen. Tiempo sin vernos- dijo el guerrero.
-¡¿Qué demonios quieres?!
-Un café, por favor- se burló.
De inmediato me puse de pie y, con mis alas bien abiertas para aparentar mayor tamaño, contesté.
-Quieres que te derrote de nuevo ¿verdad?
Leink se levantó como una mole ante mí, sus alas eran inmensas, similares a las de un dragón y su armadura lo hacía ver como un gorila asesino.
-Chicos, no peleen- interrumpió Blanie.- Traeré un trago para ambos, siéntense.
Sin decir más partió hacia la barra. Mientras tanto el gorila con esteroides y yo nos miramos fijamente. Admito que un golpe con su brillante espada Day Break duele y mucho, no es algo para tener sin cuidado. De todas maneras soy ágil como una gacela y, aunque no sea un bruto cavernícola como él, me las he ingeniado siempre para ganarle.
-¡¿Por qué tenías que contarle a Blanie?! ¡¿Quién te crees?!
-¿Que quien me creo? ¿QUIEN TE CREES TÚ PARA SACARLA DE SU CUARTO A MEDIA NOCHE Y LLEVARLA A ESE PUENTE DE PORQUERÍA?
Me quedé mudo, no creí que se enterase nunca.
De pronto Buffelms, una elfa de energía, Battle Master como Ángel, me llamó a la distancia. El clan estaba listo, aguardando mis órdenes y llevaban tiempo esperándome.
-Saludos a Blanie de mi parte- dije antes de darle la espalda y teletrasportarme lejos de él.
-Nos vemos, Selvheen- dijo el guerrero antes de volver a tomar asiento.
Aún me llama mozo de vez en cuando, pero acostumbramos a discutir por todo y, como no nos vemos seguido por asuntos del trabajo, el tema pronto sería sólo un vergonzoso recuerdo.

sábado, 10 de octubre de 2009

Cuarto escrito. Quinta parte. El Día dos.

El bullicio de la ciudad me despertó cerca del mediodía. Acostumbro a dormir hasta tarde cuando no trabajo y despertar escuchando el canto de las aves. Cerré los ojos, enterré la cabeza en mi almohada pero fue imposible volver a dormir. Mas aquel hotel barato no estaba tan mal. Decidí hospedarme allí porque, aunque mi trabajo comenzaba a la noche, resultaba realmente engorroso volver hasta mi casa en Devias. Además estaba tan cansado...
Esa vez soñé con Don Jorge, la anciana sorda y mi dulce Selena, la cual últimamente no me resultaba tan dulce. Pensar que pronto cobraría venganza me sacó una sonrisa.
Salí a la calle luego de pagar los mil quinientos zen que aquel hotelucho cobraba por una noche en su mejor habitación. El sol me cegó de inmediato, nuevamente sentí demasiado calor. Caminé varios minutos hasta quedar en frente al bar de Lorencia, el cual rebalsaba de gente por estar cerca la hora del almuerzo. Entré y Mike me saludo de inmediato.
-Buen día, Selvheen ¿qué te trae por aquí tan temprano? ¿Quieres una mesa?- sonrió del modo en que pienso que deberían sonreír todos los mozos y sirvientes del mundo.
-No, gracias. Sólo vengo a tomar algo- dije encaminándome hacia la barra donde Lumen atendía como siempre.-Un Remedio de amor- pedí.
-Sale uno bien frío- contestó Lumen.- Buenos días, Selvheen- continuó diciendo mientras preparaba aquel menjunje rosa que tanto me gusta.
-Gracias- contesté al recibir el tan anhelado elixir.- ¿Cuanto te debo?
-Oh, no te preocupes, la casa invita. Don Jorge y Selena no vienen hasta la noche.
-¿Entonces puedo pedir todo lo que quiera?
-No abuses- rió.-Un Remedio de amor... uh ¿Problemas con Sele?- preguntó de pronto cambiando el tema.
-Ni que Selena fuese mi novia o algo así.
-Los vi bajo el farol ayer.
Me sonrojé y miré hacia otro lado, pensé que nadie nos había visto. Si ella, al otro lado de la ventana a través de la oscuridad, pudo vernos, Don Jorge probablemente también. O quizá el hombre no ve bien por la edad. Quién sabe...
De pronto comenzaron a oírse gritos desesperados desde la calle. Mike y yo salimos de un salto. La gente corría como loca, mi instinto me indicó correr hacia la fuente del peligro. Admito que lo que me encontré fue un poco desilusionante. Un enorme minotauro mugía por las calles mientras avanzaba directamente hacia el bar, destruía los puestos callejeros y tomaba a las personas para luego lanzarlas con fuerza contra el duro suelo. Los hombres arrojaban piedras y otros objetos contra el feroz animal que no parecía sentir ni un cosquilleo. Me interpuse entre la bestia de pelaje marrón grisáceo y el bar. Miré al minotauro un instante y dando un hondo suspiro lancé una pequeña bola de energía celeste, el primer hechizo que aprendí, y la inmensa fiera cayó. Mike de pronto me tomó del hombro.
-¡¿Qué rayos estás haciendo?! Vámo...
Pero no prosiguió, se quedó paralizado al ver lo que había hecho. Soltó mi hombro y retrocedió dos pasos.
-Eres un Dark Wizard...
-No, un Soul Master- contesté mientras la gente aplaudía eufórica.
-¡Maldito seas! ¡Asesino! ¡Mentiroso! Déjame solo, aléjate de mí- dijo antes de irse corriendo hacia el bar dejándome completamente anonadado.
Sacudí la cabeza y al entrar en razón corrí tras él. Crucé la puerta del bar donde todas las personas me aplaudían de pie.
-Lumen ¿haz visto a Mike?
Lumen me tomó de brazo y me pidió que la siguiese tras el bar. Le pregunté que demonios le ocurría a l joven mozo. La chica rubia me miró a los ojos.
-No le digas que te conté. Pero el le teme a los Dar... a los magos. Cuando el era pequeño un grupo de magos como tú asesinó a su madre y a sus hermanos.
Entonces recordé lo que Selena me dijo sobre la gente que teme a las razas de combate y me sentí profundamente culpable por haber revelado mi identidad. Pero debía hacer algo, no podía dejar que todo Lorencia fuese destruida por un miserable torito. Lumen comprendió de inmediato, en sus años de trabajo en el bar conoció a muchos guerreros, magos y elfas por lo que no les temía. Mas Mike no lo había tomado tan bien. Decidí ir a buscarlo pero no lo encontré. Le daría tiempo y a la noche conversaría con él.

Al caer la noche regresé al bar, Selena me esperaba en la entrada.
-Selvheen, Lumen me contó lo ocurrido. Lamento lo de Mike...
-Quiero hablar con él.
-Pidió permiso para no asistir esta noche- dijo antes de besarme y lamerme juguetonamente luego los labios.-Parece que tendrás más mesas que atender hoy.
-Ve preparándote, te ganaré- sonreí confiado olvidando por un momento a mi compañero de trabajo. -Quiero hacerte el amor, Selena. Desde ayer que estoy desesperado por ti- agregué al mismo tiempo que ella comenzaba a acariciar mi entrepierna.
-Mmmmm, parece que de veras me haz estado deseando. Pero tenemos que trabajar esta noche. Cuando te gane la apuesta te complaceré.
-Dirás cuando yo gane...
-Sí, claro. Cuando yo gane.
Dio media vuelta y caminó hacia el bar moviendo de un lado al otro sus sensuales caderas a cada paso que daba. Esa noche no sólo ganaría una apuesta sino que le haría el amor a esa poderosa elfa hasta quedar totalmente seco. Las ansias me estaban matando.

La rutina se repitió en un principio, ponerse el uniforme, prender faroles, barrer, limpiar vidrios y acomodar las mesas. Mientras acomodaba un centro de mesa para que combinase con los demás, Don Jorge se me acercó.
-Muchacho- me dijo- gracias por salvar el bar hoy.
-De nada.
Sin decir más sonrió y dio media vuelta, era un hombre orgulloso al igual que yo por lo que comprendí de inmediato lo duro que le resultaba dar las gracias a un empleado novato de mi tipo. Me dieron ganas de preguntar por un aumento, pero como este era el último día me contuve.
No vi a mi amante en toda la noche, su padre tampoco se asomaba. Las gemelas y yo atendíamos todas las mesas mientras Lumen hacía lo suyo. El bar estaba extrañamente vacío, supuse que sería por el incidente con el minotauro así que no le di mayor importancia. Repentinamente un Magic Gladiador, un Blade Knight y una elfa arquera aterradoramente conocidos entraron risueños al bar. Selena entró tras ellos invitándolos a tomar asiento con toda la cortesía que pudo. No podía ser... Selena no podía estar haciéndome aquello. Mas cuando me miró por el rabillo del ojo supe que todo eso realmente estaba ocurriendo. Diómedes el Gladiador, mi asistente personal en ZARPA, segundo al mando, tomó asiento primero. Ángel, mi Battle Master, un joven y atractivo Blade Knight, se sentó luego junto a Venekita la arquera, importante miembro del clan y amiga de los chicos. Corrí tras las gemelas.
-Chicas ayúdenme, necesito que atiendan aquella mesa.
-No podemos, Selv, estamos muy ocupadas haciendo las tareas de Mike- comentaron graciosamente al mismo tiempo.
-Se los ruego, chicas. Atenderé el resto de las mesas, por favor- dije a punto de arrodillarme y suplicarles.
Miraron hacia la mesa, Selena les hizo un gesto y las pelirrojas se sonrieron de manera cómplice entre ellas. Maldita elfa... Esto no podía estar pasándome a mí.
-Chicas, les pagaré, por favor. Sálvenme en esta.
-De acuerdo, serviremos la primera ronda, pero si vuelven a pedir tendrás que encargarte tu mismo- dijo una de ellas.
Mi agradecimiento fue tal que las abracé a ambas, mas Don Jorge me miró mal desde la cocina levantando una ceja. Las solté de inmediato y me dediqué a ayudar todo lo que pude con los demás clientes. Para mi fortuna unas jovencitas ocupaban una mesa cercana, por lo que podría espiar a mis muchachos de vez en cuando. Selena, desde la puerta, chasqueó los dedos con frustración pero no se daría por vencida. La conozco lo suficiente para saber que no se rendiría. Tratando de que no me notasen mis compañeros me acerqué cual camaleón.
-Hey Diome, hace mucho que no salíamos todos juntos- dijo Ángel.
-Es que el clan consume mucho tiempo. Cuando tenemos un rato libre solemos descansar en nuestras casas- contestó Diómedes.
-Deberíamos pedirle a Selvheen vacaciones pagas- agregó Venekita.
Ni en sus más remotos sueños, si yo no tengo vacaciones pagas siendo el Lord, nadie las tendrá. Aunque si lo pienso más a fondo no sería una mala idea tomarme vacaciones del trabajo y descansar un poco en Noria, la ciudad de las elfas.
-Qué pena que Selvheen no pudo venir- dijo Diome sin mostrar un verdadero pesar.
-Estamos tan acostumbrados a él que nadie se sentó en la cabecera de la mesa- sonrió la arquera.
-Técnicamente el lugar le corresponde a Diome, después de todo, es el segundo al mando- dijo el Blade Knight dándole una amistosa palmada en la espalda a mi asistente.
-¡Ya sé! Me sentaré yo en la cabecera. Después de todo siempre soy yo quien encuentra los mejores lugares para entrenar en Kanturu.
Sin decir más la arquera se levantó y tomó su "bien merecido" lugar en la mesa.
-Qué bien se siente... ya siento las órdenes brotar de mí- rió junto con los otros dos.-Si Selv estuviese con nosotros probablemente se enojaría al verme aquí.
-No se sentaría- agregó el Gladiador.
-Como si el Master fuese a estar en un bar como este. Diría que es un barsucho de cuarta- acotó mi Battle Master.
-Y definitivamente no tomaría de esta cerveza- rió Diome.
-No aprobaría que la tomásemos tampoco- sonrió el guerrero.
-Bebería agua mineral- rieron los tres al unísono.
-Un brindis por esta primera reunión de insubordinados bebedores de cerveza- propuso el pelirrojo Magic Gladiador poniéndose de pie con su bebida.
Todos brindaron entre risas. Me molesté un poco con ellos, no soy tan odioso como decían o como dice Selena. Sólo los llame insubordinados un par de veces, no soy tan prejuicioso con los bares y definitivamente no brindaría con agua mineral... Soy capaz de tomar cerveza como cualquiera. Sólo que... no me gusta.
Por otra parte, las gemelas cumplieron su promesa, atendieron la primera ronda, pero para mi desgracia Ángel decidió pedir una segunda cerveza. Nadie me salvaría esa vez. Mas las gemelas me dieron una solución. Antes de darme cuenta me encontré con un bigote falso pegado bajo la nariz.
Me acerqué a mis compañeros con el corazón prácticamente en la boca.
-¿Les traigo algo más, jóvenes?- pregunté casi temblando.
-Una ronda más de cervezas y traiga cualquier cosa más con alcohol que encuentre- mandó el guerrero.
Mas Diómedes se me quedó observando de manera pensativa y preocupante.
-Disculpe ¿nos conocemos? Su voz se me hace familiar- cuestionó el pelirrojo.
De inmediato agravé la voz y contesté.
-Puede ser, viene mucha gente, quizá lo atendí en alguna ocasión.
Ahora la elfa también indagaba con su mirada.
-A mí también se me hace conocido. No recuerdo de dónde- dijo haciendo un esfuerzo por recordar.
-Voy por sus bebidas.
Literalmente escapé de allí. En el camino la vi a Selena quien se burlaba de mí con la mirada. Cuando tomé las botellas para llevárselas a los muchachos, ella se acercó.
-¿Cómo pudiste hacerme esto?- pregunté furioso.
-¿Qué tiene de malo? Sirves a tus amigos, si no te crees superior a nadie no debería incomodarte.
-Te venceré.
-No cantes victoria, aún no juego mi última carta.

sábado, 3 de octubre de 2009

Cuarto escrito. Cuarta parte. Los clientes.

No negaré que me encontraba algo ansioso. Mas la tarea no parecía tan difícil. Ser amable, tomar el pedido, anotarlo o memorizarlo, pedirlo y servirlo. Podía sentir el dulce sabor de la victoria, Selena las pagaría bien caras. Qué podría pedirle.
Era temprano aún, las gemelas me explicaron que los fines de semana se llenaba. Aquellas chicas son sensuales, ambas pelirrojas, con ojos verdes, pequeñas pecas por todo el rostro y un busto enorme pero perfectamente proporcionado con sus delgados cuerpos curvilíneos. De todos modos mi rubia elfa las opacaba un millón de veces.
De pronto entró el primer cliente, un hombre que de inmediato se sentó en la barra pidió una botella de cerveza y se puso a conversar con Lumen quien fingía interés por lo que extraño contaba.
Luego entró una joven pareja, el muchacho del que antes les hablé los ubicó en una mesa cercana a la ventana y tomó sus pedidos. Lo observé detalladamente, nada daba indicios de que se tratase de una tarea difícil.
El cuarto cliente fue un joven, me acerqué a él, pidió mesa para dos, ya que esperaba a su novia. Le ofrecí un café mientras esperaba, aceptó de buena gana y no ocurrió nada más. Minutos después llegó la dama, pidieron unos fideos, les serví y todo salió bien. Era un trabajo muy sencillo después de todo.
Alrededor de media hora después, entró una dulce ancianita y se sentó donde quiso.
-Buenas noches, señorita ¿qué le sirvo?
-No, yo no soy de virgo, soy de sagitario.
O esa señora estaba medio sorda o medio loca, lo que dijo no tenía ningún sentido. Probablemente estaba distraída.
-¿Qué va a pedir?- insistí nuevamente.
-Bueno te voy a pedir algo.
Pero no dijo nada. Parecía pensativa.
-Uy no sé ¿qué me recomienda, jovencito?- dijo de pronto.
-Puede pedir la especialidad de la casa.
-No no, yo quiero en vaso no en taza. Pero ¿qué me recomienda?
-A mí me gusta el pato a la naranja.
-¿Quien se calló a la zanja? Pobre... ¿Cuando sucedió? ¿Está bien?
Quise salir a la calle y darme la cabeza contra el farol. Selena notó de inmediato que me estaba tardando demasiado con la señora y se dedicó a observarme desde la barra donde ya había tres hombres. Respiré hondo.
-¿Qué tal ensalada y carne de conejo?- propuse.
-¿Cangrejo? No, no me gustan los mariscos. Me dan impresión, parece que te miran desde el plato- dijo como si le hubiese propuesto comer una cabeza humana.
-Dije si quiere conejo¡¡CO-NE-JO!!
-¿Qué sucede, Selvheen?- dijo de pronto Selena detrás de mí con tono algo enojado- ¿Por qué le gritas a los clientes?
-¡¡Es que la vieja está sorda!!
-¿¿Qué estoy gorda?? Cómo se atreve, insolente.
Y sin decir una palabra más se levantó de su asiento y se fue indignada. Selena se cruzó de brazos. Iba a defenderme pero la elfa atacó primero.
-No es así, Selvheen. Este no es el clan donde puedes andar gritándole a todo el mundo.
-¡Pero...
-Pero nada, no le voy a decir a papá porque la mujer de veras estaba sorda. Cuidado con la próxima- interrumpió para luego darse media vuelta y volver a sus labores.
Maldita sea... Fui un rato a la barra a ver si conseguía relajarme. El joven mozo apoyó su mano sobre mi hombro de repente. "Vamos, ánimos, te acostumbrarás a los gritos de Selena y Don Jorge. No es para tanto" me dijo cariñosamente. Me sentí mejor, hasta sonreí, era como si el alma de Diomedes, mi asistente y consejero de ZARPA, estuviese allí para consolarme y apoyarme como siempre lo hacía.
Mike, el joven mozo, atendió la siguiente mesa dándome así un momento de paz. Mas fue breve porque un hombre, su mujer e hijita entraron al bar y de inmediato tomaron asiento. Estaba cansado de todo esto, quise irme en ese mismo momento. No me importaba la maldita apuesta. Pero entonces recordé lo mal que me trató Selena con la anciana y supe que no podría estar una semana entera a sus ordenes. No me quedaba otra que resistir.
-Buenas noches ¿qué les sirvo?- pregunté con la mejor sonrisa que pude.
-Dos jugos de naranja para las chicas y una cerveza para mí-dijo el hombre.
-Bien ¿y para comer?
-No estamos seguros, ahora te decimos- dijo el hombre sin siquiera mirarme.
Tan mal se sentía hacer el mejor esfuerzo para complacer al otro y ni siquiera ser observado... Pensar que doy tan por sentada la obediencia de la gente del clan que nunca la agradezco con sinceridad me revolvió un poco el estómago ¿Podría ser que Selena tenía razón?
Volví minutos después con las bebidas, la bandeja no resultaba problema, tengo un excelente equilibro, podría llevarla con un solo dedo.
-¿Ya decidieron?
-Para mí costillas de cerdo de la casa. Para la nena pollo con papas- dijo la mujer sonriéndome mientras yo anotaba.- ¿Y tu, querido? ¿Qué vas a pedir?
-Creo que costillas de cerdo también- dijo todavía sin mirarme.
-Bueno entonces, dos costillas de cerdo de la casa y pollo con papas- repetí antes de darme vuelta.
-No, pará pará, mejor tráeme pollo, el cerdo me cae pesado.
-Bueno, pollo para el señor- corregí en mi libreta.
-No, esperá... comí pollo la vez pasada ¿tienen ternera con batatas?
-Si, señor.
-Adelante, entonces tráeme ternera con batatas.
-Bueno...-contesté mientras tachaba y anotaba de nuevo.
-Ahy no sabés qué, mejor tráeme pastas que nunca probé.
-Aja... - me contuve.
Esperé unos segundos por si el hombre decidía cambiar de opinión.
-¿Qué estás esperando? Tenemos hambre- dijo frunciendo un poco el ceño pero no del todo furioso.
De mala gana me di vuelta y fui a buscar su pedido pero...
-Sabés que... mejor tráeme las costillas de cerdo que pedí al principio.
Decir que casi lo mato era poco, iba a mandarlo al demonio pero recordé la mirada de Selena y me detuve. Corregí nuevamente la libreta y me dirigí hacia la cocina. Pero a medio camino escuché que alguien me llamaba casi gritando. "Hey, Mozo, Mozo" decía. Volteé la mirada y vi al hombre llamándome "rápido, por favor" continuaba diciendo sin mirarme a los ojos. Como si yo no valiese ser observado. Volví sobre mis pasos y pregunté.
-¿Si, señor?
-Ah, no deja, no era nada.
Con todo el enojo del mundo fui nuevamente con el cocinero, Selena me interceptó en el camino.
-Si la estás pasando mal, puedes rendirte.
-¡Jamás!- contesté.
-Bueno entonces, apúrese, Lord de ZARPA, tiene una mesa que servir.
Me sentí humillado, completamente humillado. Llamarme Lord en aquella situación, mandarme de ese modo... Selena no era mala, pero intentaría todo para hacerme renunciar. No le daría el gusto, lo único que lograba con aquello es que planificase más mi venganza.
Finalmente serví la comida de aquella familia y no hubo más problemas. Comieron, conversaron, pagaron y se fueron. Fui a la barra con Lumen y le pedí un trago, pero me lo negó. Parece que a Don Jorge no le gusta que los empleados beban en el trabajo. Me senté un instante en un banquito para descansar los pies.
-Si no estás haciendo nada, anda a lavar las cosas- ordenó Don Jorge.
Quise decirle que sólo me senté un segundo pero terminé en la cocina, arremangado, lavando platos sucios de sobras de la comida de los demás. Sólo quise irme a casa.
Pasaron las horas y el bar se llenó, debo haber atendido como quince mesas cuando de pronto algo sucedió. Acomodaba un centro de mesa cuando vi cincuenta zen abandonados.
-¿Qué es esto?- pregunté a una de las gemelas.
-Felicitaciones, tu primera propina- me sonrió- Qué afortunado eres, te dejaron mucha.
Uy si... saldría a comprarme mi armadura Anubis ya mismo...
Traté de no darle demasiada importancia y continué atendiendo. Me costaba sonreír, tenía sueño y estaba fastidiado. Los pies y la espalda me dolían y si me quejaba, alguno vendría a darme un sermón sobre la buena actitud.
Luego un sujeto de apariencia apesadumbrada entró al bar y se sentó en una mesa. Me acerqué a él.
-Buenas noches ¿qué le sirvo?
-No me hable, quiero estar solo...- dijo evadiendo mi mirada, casi llorando.
-Está bien...
Cuando me alejé de la mesa Don Jorge me interceptó.
-¿Y ese hombre? Es una bebida, mínimo. Atiéndelo- refunfuñó casi con hastío de mí.
-Pero... el hombre está deprimido, no quiere nada.
-Pídele cortésmente que se retire, si ocupa la mesa perderemos clientes ¿tengo que explicarte todo?
-No... Señor...
-No te pago para hacer de terapeuta- dijo mientras se iba.
Miré hacia el individuo. Este luchaba por no llorar, se lo veía demasiado triste. Fui a la barra y pedí un café. Volví a la mesa y se lo ofrecí al hombre.
-Tenga.
-No pedí esto, no tengo dinero.
-No se preocupe, la casa invita.
Me miró a los ojos se secó las lágrimas con el puño de su camisa y me sonrió.
-Gracias, muchacho.
Y así, gastando toda mi recién lograda propina, la única de la noche, terminó mi primer día de trabajo. Cuando no quedó nadie, acomodamos todo rápidamente, cerramos las puertas, apagamos los faroles y al fin pude ir a descansar.
Selena no pareció preocupada por estar a punto de perder la apuesta, se veía sumamente segura. Sólo al día siguiente sabría lo que aquella elfa malvada tenía en mente...

Cuarto escrito. Tercera parte.

-Selvheen, me estás hartando- me fastidiaba Selena.
No iba a disfrazarme por nada del mundo.
-Vamos, Selv, es solo el color del pelo- rezongó. -No tienes que cortártelo. Se darán cuenta que eres un mago si te ven tan joven con esas canas.
¡No son canas! es un natural blanco perla con reflejos azules. No es mi culpa que la energía y la magia que fluyen por mi cuerpo no se lleve bien con los pigmentos del cabello. Se lo dije. Si alguien más volvía a insinuar aquel dichoso dia que soy viejo...
-Se te saldrá cuando te bañes ¿Qué opinas del negro?
-¿Negro? ¿Cómo un Dark Knight de bajo rango? Debes estar loca - protesté desde la incomodidad de mi banquito.
-¿Y que opinas del rubio?
-No... Pensarán que soy elfa reprimida.
Selena respiró muy hondo y creo que contó hasta diez.
-¿Pelirrojo?
-Magic Gladiador...
Los odio desde lo ocurrido con la espada del Arcángel.
-¿Castaño?
-Como un bruto Blade Knight de cuarta...
-¿Que tal castaño oscuro? Imagino que no tienes nada en contra.
-No me gusta...
Selena tomó un pequeño pincel y se paró detrás de mí. Me tomó del largo del pelo y jaló hacia atrás mi cabeza, de modo en que quedé mirando hacia el techo. Una pequeña arañita parecía mirarme.
Los ojos azules de la elfa me miraron fijo entonces. Me besó dulcemente la frente y luego, con mirada asesina, me dijo "o castaño oscuro o verde goblin". La decisión estaba tomada, sería castaño oscuro.

Cuando la dulce voz de Selena dijo "terminé" sentí pánico, lentamente giré la cabeza hacia un pequeño espejo en la pared y me vi. Mi cabello caía castaño sobre mis hombros y más abajo. La elfa consiguió lograr un brillo tan hermoso y natural, tanto en el pelo como en las cejas, que me dieron ganas de abrazarla de tanto alivio que sentí. Mas de pronto noté un pequeño moño negro, justo bajo el espejo, junto a lo que parecía ser mi futuro uniforme. Pero si creí saber en ese momento en lo que me había metido, no tenía ni la más remota idea de lo que me esperaba.

No tardó en caer la noche. Don Jorge, el padre de mi chica, reunió al personal en la entrada. Selena, Lumen la chica del bar, dos muchachas más, un joven de más o menos mi edad, y yo esperábamos las ordenes.
-Bueno, muchachos y muchachas. Lumen, limpia la barra y acomoda el lugar, las botellas están empezando a juntar polvo- dijo Jorge dirigiéndose luego a las otras dos chicas de apariencia casi idéntica. -Ustedes dos, barran todo y acomoden los centros de mesa.
Al otro muchacho le ordenó revisar el inventario de bebidas y avisar al cocinero, con quien no fui presentado, algo referente al pollo. Por último nos envió a Selena y a mí a encender los faroles, barrer un poco la entrada y limpiar los vidrios.
-Sí, Señor- respondieron todos, menos yo, al unísono.
Don Jorge sería un buen Master, ojala pudiese lograr que mi clan me tratase con tanto respeto y sin tantos cuestionamientos. Comenzaba a agradarme el viejo panzón.
Cuando todos se fueron y la única a mi lado fue mi compañera comenzamos a trabajar. Primero los faroles, siempre me pregunté como funcionaban aquellas cosas.
-Selv, tu enciende los dos de allá, me encargaré de este- me dijo.
Caminé con mi acostumbrada tranquilidad y elegancia hasta el farolcito, la noche estaba hermosa, ni una nube, el cielo lleno de estrellas y una agradable brisa. Al llegar bajo el farol, me lo quedé mirando... y mirando. Cómo funcionaría esa cosa.
De pronto alguien rodeó mi cintura abrazándome por la espalda y me besó con pasión el cuello. La elfa de largo cabello dorado sabía hacerme suspirar. Pude sentir sus senos apoyados en mi espalda gracias a la delgada camisa muy diferente a mi acostumbrada armadura. Giré velozmente para quedar cara a cara con ella, la tomé de los brazos y la puse de espaldas al farol. Mordí un poco sus hombros, la sostuve de los pechos y me apoyé completamente sobre su carnoso trasero. La hubiese montado ahí mismo de no se por una pequeña interrupción.
-¡Selena! ¿Cuánto más van a tardar en encender los faroles?- gruñó Don Jorge desde la entrada del bar.
El corazón se me detuvo. Mas nada ocurrió. Que afortunados fuimos en que no viese lo que estábamos haciendo. No saber prender un farol no era tan malo después de todo.
-Bueno, Lord, enciende este que yo voy por el último- mas de pronto sonrió con picardía- salvo que no sepas como hacerlo.
-Claro que sé, tú déjamelo a mí.
Debía encenderlo, pero cómo. Lo miré, lo miré y lo miré, hasta que de pronto noté una pequeña perilla. La giré pero no pasó nada. Porquería de farol, Selena volvería pronto y esa basura no quería prenderse. Apoyé mi mano donde se suponía que debería estar el fuego y usando un hechizo sencillo conseguí la llama que para mi sorpresa no se apagó. Rápidamente supe que la perillita era para regular el fuego y, tras comparar mi obra con la de mi compañera, vi que no lo había hecho nada mal.
Luego la elfa tomó una escoba y un balde con agua. Me preguntó si prefería lavar el vidrio o barrer. Y como barrer me parece demasiado denigrante, tomé el balde. Limpié los vidrios utilizando magia desde luego, moderando un poco mi rayo de agua no resultó una tarea difícil.
Una vez que terminamos nuestras tareas, el bar abrió sus puertas. Selena me miró entonces de tal manera que supe que debía tener miedo, mucho miedo...