sábado, 3 de octubre de 2009

Cuarto escrito. Cuarta parte. Los clientes.

No negaré que me encontraba algo ansioso. Mas la tarea no parecía tan difícil. Ser amable, tomar el pedido, anotarlo o memorizarlo, pedirlo y servirlo. Podía sentir el dulce sabor de la victoria, Selena las pagaría bien caras. Qué podría pedirle.
Era temprano aún, las gemelas me explicaron que los fines de semana se llenaba. Aquellas chicas son sensuales, ambas pelirrojas, con ojos verdes, pequeñas pecas por todo el rostro y un busto enorme pero perfectamente proporcionado con sus delgados cuerpos curvilíneos. De todos modos mi rubia elfa las opacaba un millón de veces.
De pronto entró el primer cliente, un hombre que de inmediato se sentó en la barra pidió una botella de cerveza y se puso a conversar con Lumen quien fingía interés por lo que extraño contaba.
Luego entró una joven pareja, el muchacho del que antes les hablé los ubicó en una mesa cercana a la ventana y tomó sus pedidos. Lo observé detalladamente, nada daba indicios de que se tratase de una tarea difícil.
El cuarto cliente fue un joven, me acerqué a él, pidió mesa para dos, ya que esperaba a su novia. Le ofrecí un café mientras esperaba, aceptó de buena gana y no ocurrió nada más. Minutos después llegó la dama, pidieron unos fideos, les serví y todo salió bien. Era un trabajo muy sencillo después de todo.
Alrededor de media hora después, entró una dulce ancianita y se sentó donde quiso.
-Buenas noches, señorita ¿qué le sirvo?
-No, yo no soy de virgo, soy de sagitario.
O esa señora estaba medio sorda o medio loca, lo que dijo no tenía ningún sentido. Probablemente estaba distraída.
-¿Qué va a pedir?- insistí nuevamente.
-Bueno te voy a pedir algo.
Pero no dijo nada. Parecía pensativa.
-Uy no sé ¿qué me recomienda, jovencito?- dijo de pronto.
-Puede pedir la especialidad de la casa.
-No no, yo quiero en vaso no en taza. Pero ¿qué me recomienda?
-A mí me gusta el pato a la naranja.
-¿Quien se calló a la zanja? Pobre... ¿Cuando sucedió? ¿Está bien?
Quise salir a la calle y darme la cabeza contra el farol. Selena notó de inmediato que me estaba tardando demasiado con la señora y se dedicó a observarme desde la barra donde ya había tres hombres. Respiré hondo.
-¿Qué tal ensalada y carne de conejo?- propuse.
-¿Cangrejo? No, no me gustan los mariscos. Me dan impresión, parece que te miran desde el plato- dijo como si le hubiese propuesto comer una cabeza humana.
-Dije si quiere conejo¡¡CO-NE-JO!!
-¿Qué sucede, Selvheen?- dijo de pronto Selena detrás de mí con tono algo enojado- ¿Por qué le gritas a los clientes?
-¡¡Es que la vieja está sorda!!
-¿¿Qué estoy gorda?? Cómo se atreve, insolente.
Y sin decir una palabra más se levantó de su asiento y se fue indignada. Selena se cruzó de brazos. Iba a defenderme pero la elfa atacó primero.
-No es así, Selvheen. Este no es el clan donde puedes andar gritándole a todo el mundo.
-¡Pero...
-Pero nada, no le voy a decir a papá porque la mujer de veras estaba sorda. Cuidado con la próxima- interrumpió para luego darse media vuelta y volver a sus labores.
Maldita sea... Fui un rato a la barra a ver si conseguía relajarme. El joven mozo apoyó su mano sobre mi hombro de repente. "Vamos, ánimos, te acostumbrarás a los gritos de Selena y Don Jorge. No es para tanto" me dijo cariñosamente. Me sentí mejor, hasta sonreí, era como si el alma de Diomedes, mi asistente y consejero de ZARPA, estuviese allí para consolarme y apoyarme como siempre lo hacía.
Mike, el joven mozo, atendió la siguiente mesa dándome así un momento de paz. Mas fue breve porque un hombre, su mujer e hijita entraron al bar y de inmediato tomaron asiento. Estaba cansado de todo esto, quise irme en ese mismo momento. No me importaba la maldita apuesta. Pero entonces recordé lo mal que me trató Selena con la anciana y supe que no podría estar una semana entera a sus ordenes. No me quedaba otra que resistir.
-Buenas noches ¿qué les sirvo?- pregunté con la mejor sonrisa que pude.
-Dos jugos de naranja para las chicas y una cerveza para mí-dijo el hombre.
-Bien ¿y para comer?
-No estamos seguros, ahora te decimos- dijo el hombre sin siquiera mirarme.
Tan mal se sentía hacer el mejor esfuerzo para complacer al otro y ni siquiera ser observado... Pensar que doy tan por sentada la obediencia de la gente del clan que nunca la agradezco con sinceridad me revolvió un poco el estómago ¿Podría ser que Selena tenía razón?
Volví minutos después con las bebidas, la bandeja no resultaba problema, tengo un excelente equilibro, podría llevarla con un solo dedo.
-¿Ya decidieron?
-Para mí costillas de cerdo de la casa. Para la nena pollo con papas- dijo la mujer sonriéndome mientras yo anotaba.- ¿Y tu, querido? ¿Qué vas a pedir?
-Creo que costillas de cerdo también- dijo todavía sin mirarme.
-Bueno entonces, dos costillas de cerdo de la casa y pollo con papas- repetí antes de darme vuelta.
-No, pará pará, mejor tráeme pollo, el cerdo me cae pesado.
-Bueno, pollo para el señor- corregí en mi libreta.
-No, esperá... comí pollo la vez pasada ¿tienen ternera con batatas?
-Si, señor.
-Adelante, entonces tráeme ternera con batatas.
-Bueno...-contesté mientras tachaba y anotaba de nuevo.
-Ahy no sabés qué, mejor tráeme pastas que nunca probé.
-Aja... - me contuve.
Esperé unos segundos por si el hombre decidía cambiar de opinión.
-¿Qué estás esperando? Tenemos hambre- dijo frunciendo un poco el ceño pero no del todo furioso.
De mala gana me di vuelta y fui a buscar su pedido pero...
-Sabés que... mejor tráeme las costillas de cerdo que pedí al principio.
Decir que casi lo mato era poco, iba a mandarlo al demonio pero recordé la mirada de Selena y me detuve. Corregí nuevamente la libreta y me dirigí hacia la cocina. Pero a medio camino escuché que alguien me llamaba casi gritando. "Hey, Mozo, Mozo" decía. Volteé la mirada y vi al hombre llamándome "rápido, por favor" continuaba diciendo sin mirarme a los ojos. Como si yo no valiese ser observado. Volví sobre mis pasos y pregunté.
-¿Si, señor?
-Ah, no deja, no era nada.
Con todo el enojo del mundo fui nuevamente con el cocinero, Selena me interceptó en el camino.
-Si la estás pasando mal, puedes rendirte.
-¡Jamás!- contesté.
-Bueno entonces, apúrese, Lord de ZARPA, tiene una mesa que servir.
Me sentí humillado, completamente humillado. Llamarme Lord en aquella situación, mandarme de ese modo... Selena no era mala, pero intentaría todo para hacerme renunciar. No le daría el gusto, lo único que lograba con aquello es que planificase más mi venganza.
Finalmente serví la comida de aquella familia y no hubo más problemas. Comieron, conversaron, pagaron y se fueron. Fui a la barra con Lumen y le pedí un trago, pero me lo negó. Parece que a Don Jorge no le gusta que los empleados beban en el trabajo. Me senté un instante en un banquito para descansar los pies.
-Si no estás haciendo nada, anda a lavar las cosas- ordenó Don Jorge.
Quise decirle que sólo me senté un segundo pero terminé en la cocina, arremangado, lavando platos sucios de sobras de la comida de los demás. Sólo quise irme a casa.
Pasaron las horas y el bar se llenó, debo haber atendido como quince mesas cuando de pronto algo sucedió. Acomodaba un centro de mesa cuando vi cincuenta zen abandonados.
-¿Qué es esto?- pregunté a una de las gemelas.
-Felicitaciones, tu primera propina- me sonrió- Qué afortunado eres, te dejaron mucha.
Uy si... saldría a comprarme mi armadura Anubis ya mismo...
Traté de no darle demasiada importancia y continué atendiendo. Me costaba sonreír, tenía sueño y estaba fastidiado. Los pies y la espalda me dolían y si me quejaba, alguno vendría a darme un sermón sobre la buena actitud.
Luego un sujeto de apariencia apesadumbrada entró al bar y se sentó en una mesa. Me acerqué a él.
-Buenas noches ¿qué le sirvo?
-No me hable, quiero estar solo...- dijo evadiendo mi mirada, casi llorando.
-Está bien...
Cuando me alejé de la mesa Don Jorge me interceptó.
-¿Y ese hombre? Es una bebida, mínimo. Atiéndelo- refunfuñó casi con hastío de mí.
-Pero... el hombre está deprimido, no quiere nada.
-Pídele cortésmente que se retire, si ocupa la mesa perderemos clientes ¿tengo que explicarte todo?
-No... Señor...
-No te pago para hacer de terapeuta- dijo mientras se iba.
Miré hacia el individuo. Este luchaba por no llorar, se lo veía demasiado triste. Fui a la barra y pedí un café. Volví a la mesa y se lo ofrecí al hombre.
-Tenga.
-No pedí esto, no tengo dinero.
-No se preocupe, la casa invita.
Me miró a los ojos se secó las lágrimas con el puño de su camisa y me sonrió.
-Gracias, muchacho.
Y así, gastando toda mi recién lograda propina, la única de la noche, terminó mi primer día de trabajo. Cuando no quedó nadie, acomodamos todo rápidamente, cerramos las puertas, apagamos los faroles y al fin pude ir a descansar.
Selena no pareció preocupada por estar a punto de perder la apuesta, se veía sumamente segura. Sólo al día siguiente sabría lo que aquella elfa malvada tenía en mente...

2 comentarios:

  1. man sigue asi ...ya quiero leer la continuacion
    cada ves se pone mas interesante

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  2. DE:VpLe0nX
    que es esto selvh :D por que no me dijistes XD

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