Como si mi vida estuviese en juego, y así era, invoqué altísimas columnas de fuego que brotaron de la piedra cual dragones. Los aros de fuego aún me envolvían y, al ver que las columnas resultaban inútiles, decidí concentrar toda mi energía en ellos.
Sircancer embestía como un toro a la imponente puerta mas esta no se movía un ápice. Pude sentir algo de desesperación en el aura de aquel guerrero que, de pronto, tomó distancia de la puerta y, luego de respirar profundamente, arremetió contra ella con sus dos brillantes espadas.
El Blade Knight abrió los ojos para contemplar si había conseguido algo con su arremetida. De inmediato notó una tercera espada, mucho más ancha que las suyas, incrustada también en la madera. Se trataba del sujeto pelirrojo que vimos en la entrada. A penas pude verlos ya que me encontraba luchando mano a mano con las criaturas a la vez que Blanie sanaba una y otra vez mis heridas.
El pelirrojo Magic Gladiador y Sircancer continuaron abalanzándose sobre la desgraciada puerta. Ambos bañados en sudor y con la mente fija en aquel inmenso montón de madera. Hasta que de pronto el puente tembló...
Blanie y yo nos sobresaltamos ante el estruendo que acompañó al temblor, volteamos y vimos que la puerta había sido derribada.
El misterioso sujeto de armadura violeta se escabulló entré las criaturas tras la puerta desapareciendo tan rápido como apareció.
-¡Vamos!- ordenó Sircancer internándose entre unos enormes seres negros con largos brazos y manos enormes.
Aquellas nuevas criaturas negras, sin ojos y de apariencia animal corrían encorvadas pero veloces tras Sircancer y el desaparecido Gladiador. Con la elfa avanzamos nuevamente como pudimos tratando de seguirle el paso a nuestro guía. El tiempo y las fuerzas se nos agotaban y aún no encontrábamos la espada. Para colmo ignorábamos cuantas criaturas nos faltaba matar para volver a nuestra época.
Luego de unos metros se mostró ante nosotros una pequeña escalera y a su final un pequeño altar donde la espada del Arcángel relucía. Pero quedamos atónitos al ver que el Magic Gladiador se nos había adelantado y era él quien la esgrimía.
-Maldición- dijo por lo bajo Sircancer mientras el pelirrojo volvía hacia el puente cortando cabezas de demonios con toda la facilidad del mundo gracias a su nueva espada.
El sonido poderoso y abrasador de unas campanas nos recordó de pronto que no nos quedaba tiempo.
-Olvídalo, Sircancer. Tenemos que regresar - dije intentando lograr que el guerrero entrase en razones.
Dando un último resoplido el master de Cancer se resignó y me siguió de regreso. La puerta caída no estaba lejos así que rápidamente estuvimos de nuevo en la entrada del castillo. El Gladiador nos sonrió de manera burlona desde allí.
-¿De qué te ríes, desgraciado? Jamás llegarás al comienzo a tiempo. No podrás matar a tantos- atacó Sircancer.
-¿Ah, no? - sonrió mientras desaparecía ante nosotros mágicamente y rodeado por una luz azul claro.
-¿Cómo ray... - dije mientras esquivaba los espadazos de los demonios.
En ese momento lo recordé. Los malditos Dark Lords de la entrada... Ellos muy probablemente estaban aliados con él y lo habían teletransportado al inicio junto a ellos con su hechizo Summon. Tramposos, desgraciados, egoístas. Mas de nada sirvió quejarme.
Para nuestra fortuna, fue más fácil el camino de regreso que el de ida. Las criaturas, conmocionadas por el robo de la espada, parecieron perder el interés en nosotros haciendo más fácil la tarea de arrojarlas del puente.
Luego de mucho dolor y varios golpes pudimos distinguir el comienzo del puente. Allí se encontraban los dos Dark Lords, en sus caballos, matando criaturas desde la seguridad de la tierra firme. Todo quedó claro... mientras el Gladiador buscaba la espada los caballeros de verdiazul se encargaron de matar las criaturas necesarias para el retorno.
-¡AAAAAAAAAAH!
Un segundo de distracción y una de las criaturas lanzó a Blanie al abismo de un espadazo salpicando mi armadura con su sangre. Y, aunque reaccioné, no pude sostener a mi amiga a tiempo.
-¡¡¡BLANIE!!!- grité con el corazón paralizado a medida que el grito de mi elfa se perdía en la oscuridad.
-No te preocupes, Selvheen, estará bien. Debemos regresar- dijo Sircancer de manera firme pero comprendiendo mi dolor.
Intenté avanzar para poner un pie en tierra firme.
-¿A dónde crees que vas, maguito de cuarta?
No tuve tiempo de reaccionar, la sorpresa fue tal que cuando entré en razón supe que la enorme espada del Gladiador había atravesado mi estómago de lado a lado. Comenzó a nublárseme la visión y, antes de poder hacer nada, una de las criaturas me arrojó del puente. Lo último que vi mientras caía fue al master de mi alianza peleando a muerte con un Magic Gladiador y dos Dark Lords.
Una lengua babosa me empapó la cara. Curiosamente mi cara era lo único que sentía. Abrí los ojos y vi a Chester casi sonriente ante mí.
-Despertaste, pájaro - dijo una voz familiar.
Me senté y pude ver que me encontraba en algún lugar perdido de Devias donde los vientos eran medianamente controlados por pequeños pinos. Blanie y Sircancer estaban frente a una pequeña fogata cuyas llamas hacían relucir sus armaduras de manera vivaz. Sacudí la nieve de mi set, me puse de pie y me senté junto a ellos. La herida en mi vientre se había esfumado.
-¿Sircancer, qué sucedió?- me aventuré a preguntar segundos después.
Blanie me susurró al oído que el guerrero no se encontraba de humor. La proximidad sus cálidos labios a mi oreja y el cosquilleo que me produjeron cuando habló resultaron interesantemente placenteros.
Hablamos poco y no pasó media hora hasta que nos despedimos. Blanie montó conmigo a Chester y abrazados partimos de regreso a casa. Sircancer, prometiendo que estaría bien, se aventuró solo entre la nieve y la ventisca.
Luego de varias horas de viaje llegamos a la ciudad y nos detuvimos frente a una acogedora casita de madera de roble cuya ventana superior aún se encontraba abierta. El sol amenazaba con salir y el rocío de la mañana cubría las calles.
Un último beso en la mejilla, varias risitas y con la agilidad de un leopardo Blanie trepó a su habitación.
La calle quedó en silencio y, a hurtadillas como vine, a hurtadillas me retiré.
esta re piola :D!!!!
ResponderEliminarSELV TE LA COMISTE DEBERIAS SER ESCRITOR DE PELICULAS ESTA COMO PARA EDITARLA.(SIRCANCER)
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