lunes, 21 de junio de 2010

Quinto escrito. Novena parte. El encargo de Sevina.

Perdido en sus profundos ojos azules permanecí embobado unos instantes. Finalmente había dado con la joven pero qué debía hacer ahora no lo sabía puesto que lo único que me habían encomendado era encontrarla.
-Sevina, estuve buscándote.
-¿En serio?- sonrió.- ¿Qué necesitas de mí?
-No lo sé- fue mi torpe respuesta.
Sevina dejó escapar una simpática risita cubriéndose su pequeña boca de cereza con la punta de sus largos, blancos y femeninos dedos. La observé de pies a cabeza, tratando de no perderme un solo detalle de su persona, y llegué a la conclusión de que aquella sacerdotisa era muy pero muy bonita.
-Quítate el casco- me indicó dulcemente.
Obedecí sin protestar, ella entre sus manos tibias tomó suavemente mi rostro, acercó de a poco y cada vez más sus ojos de mar a los míos, se detuvo a contemplarlos un instante y finalmente dijo:
-El alma del hechicero y el pergamino del emperador...
-¿Como?
-Ve con Kiire y tu clan y trame el alma del hechicero y el pergamino del emperador- explicó.
-¿Cómo sabes de Kiire?- pregunté con genuina curiosidad.
Con una sonrisa pícara en su carita aniñada guiñándome un ojo contestó:
-Qué poco sabes de mí, Selvheen. Además de sacerdotisa soy vidente- hizo una pausa.-Una muy poderosa por cierto.
Aquella chiquilla resultó ser una caja de sorpresas después de todo, tanto por sus habilidades como por su belleza. Aclaro que chiquilla es un decir, la joven debía tener alrededor de veinte años. Si algún chiquillo se encontraba allí en aquel momento, entre las viejas paredes de oscura madera de la iglesia, ese era yo.
-Ven, Selvheen, te mostraré donde puedes ponerte cómodo para descansar.
Y extendiéndome su delicada mano me llevó a conocer aquel lugar que se trataba prácticamente de toda la iglesia puesto que esta se encontraba completamente vacía en ese momento. Cuando al fin estuve a solas, la recorrí un poco y terminé por decidir que dormiría en una de las tres sillas de madera oscura situadas a la derecha del corredor central. No parecían incomodas, al menos tenían apoyabrazos. La del medio sin duda fue la que más me gustó. Hasta el día de la fecha continuo eligiéndola cada vez que por alguna que otra razón termino buscando refugio en aquella acogedora iglesia.
Como dije antes, estuve a solas, Sevina no pasó la noche conmigo, me explicó sin dar mayores rodeos que su familia la estaba esperando. También me explicó que, por razones de seguridad, tendría que dejarme encerrado bajo llave hasta la mañana siguiente pero que no me preocupase ya que ella vendría a primera hora de la mañana, antes que nadie, a abrirme las puertas.
No pasar la noche con ella me pareció una pena, me resultó una joven de lo más simpática con la cual probablemente habría pasado una grata noche hablando de mil cosas. Al menos al despertar lo primero que verían mis verdes ojos sería su pequeño rostro angelical.
Obviando el hecho de que dormiría solo, dormí mucho más cómodo que la noche anterior bajo el demacrado pinito de porquería que si bien hizo todo lo que pudo para protegerme de los elementos no logro nada.

-¡Zoutah, Zoutah! ¡Selvheen volvió!- llamaba Sifin muy contenta a su enamorado mientras corría hacia donde me encontraba.
Al alcanzarme la elfa me abrazó con la fuerza de una boa constrictora y comenzó a llenarme las mejillas de coloridos besos debidos probablemente a su nuevo tono labial, mientras yo simplemente trataba de lograr que mi cerebro asimilase que aquella espantosa y solitaria travesía de un mes al fin había concluido.
El Battle Master Dragón también hizo su aparición y tras dar una firme palmada en mi espalda dijo en tono apremiante "bien hecho, muchacho" lo cual me hizo sentir muy orgulloso. Mas aún faltaba alguien, a mi criterio el más importante.
-¿Dónde est...
Unas plumas blancas fueron de pronto lo único que vi, un fuerte abrazo oprimiendo mi cuerpo con firmeza y dulzura lo único que sentí, y el sonido casi imperceptible de unos sollozos lo único que oí.
-Selvheen, mi Selvheen...
Y sin mediar ninguna otra palabra comenzó a llorar desconsoladamente sobre mí. No me gustaba verlo, oírlo ni sentirlo llorar, sus lágrimas eran mi culpa y me sentí terrible por ello. Tímidamente, tanto por necesidad como por el deseo de calmarlo, fui rodeándolo con mis brazos sintiendo que en cualquier momento las lágrimas también cobrarían vida bajo mis ojos color esmeralda.
Estuvimos abrazados así alrededor de un minuto, fue Zoutah, a quien no parecían agradarle mucho ese tipo de escenas melosas entre hombres, quien nos devolvió a la realidad tomando por el hombro a Kiire y apartándolo lentamente de mí.
-Vamos, Kiire, el muchacho tiene que descansar.
Mi maestro asintió con la cabeza secándose las lágrimas con la mano y dulcemente me soltó.
-Estoy feliz de verte de nuevo sano y salvo- dijo entonces mirándome a los ojos.-Esta noche, antes de dormir, me contarás todo.
-Sí, Kiire- sonreí muy contento de estar nuevamente junto a mi maestro en un lugar del cual comenzaba al fin a sentirme parte.

Las estrellas brillaban hermosas bajo el oscuro firmamento que aquella noche se encontraba completamente despejado. Kiire me citó a un kilómetro del campamento, no sabía porqué tan lejos pero quien era yo para cuestionar al Asistente del Lord. Fue el aullido de unos lobos lo que interrumpió mis pensamientos. Escruté la noche en busca de aquellos posibles puntitos ambarinos que de existir se hallarían muy probablemente fijos en mi, pero no encontré nada así que decidí avanzar hacia la luz proveniente de una pequeña fogata en la distancia cuyas llamas el viento no conseguía doblegar ya que estas se encontraban protegidas por unos pocos árboles secos.
Al llegar vi a Kiire sentado frente al fuego sobre una pequeña roca acompañado por dos hermosos lobos de oscuro y largo pelaje gris. A su espalda una clase de viejo trineo con algunas espadas, un desgastado escudo y un barril encima, reposaba indiferente sobre la nieve. Otras tres rocas rodeaban el fuego así que, tras saludar a mi maestro, me senté en una de ellas. Inmediatamente después ambos lobos se me acercaron con cautela, los dos traían las orejas hacia atrás y la mirada desconfiada.
-Me gustan tus lobos, Kiire- dije extendiendo mi mano para acariciar la cabeza de uno de los animales.
La fiera en cambio no pareció contenta con mi buena intención y, en el transcurso de un parpadeo, lanzó sus fauces sobre mi muñeca y comenzó a sacudirla violentamente con fuerza sobrenatural de lado al otro como si en vez de lobo el animal fuese un enorme tiburón blanco. Por su parte el segundo monstruo, que no podía ser menos que su compañero, se abalanzó también sobre mí arrojándome al suelo dispuesto a abrirme el cuello de un solo mordisco.
-¡Hey!- fue lo único que dijo mi maestro antes de que, sin protestar siquiera, ambas fieras se apartasen se mí como si nada hubiese ocurrido.
-¿Qué sucedió? Pensé que eran buenos- dije desde el suelo.
Como Kiire tardó en responder me incorporé y volví a tomar asiento, fue entonces cuando noté como el Soul Master dorado acariciaba a sus peludos compañeros caninos quienes sacaban la lengua y movían la cola cual cachorros que sin duda alguna no eran. Sentí algo de cólera, de haber tenido una piedra más pequeña cerca se las habría arrojado, lo cual no era una idea muy brillante puesto que los animales habían demostrado ser perfectamente capaces de defenderse de mí.
-No son malos, simplemente los acariciaste incorrectamente- dijo finalmente haciendo luego una pausa.-Pusiste tu mano encima de la cabeza del lobo cuando debías ponerla debajo. El animal pensó que querías dominarlo. Inténtalo de nuevo.
No me moví, sentía que debía pensarlo al menos dos veces.
-Vamos- insistió afirmando el tono.
Despacio me incorporé de mi asiento, me acerqué al animal y cuando estuve cerca me arrodillé ante él. Hubo un instante de silencio en el cual nos miramos a los ojos, sus piedras color ámbar casi me hipnotizaron y al parecer mis esmeraldas casi lo hechizaron a él. Este con su largo hocico me olfateó de pronto quebrando la magia, cuando se detuvo volví a extender temeroso la mano hacia él, esta vez por debajo de su cabeza, y cariñosamente le rasqué la barbilla lo cual, para mi grata sorpresa, le agradó.

Tras jugar varios minutos con los lobos, que no tenían nombre, la conversación con mi maestro dio comienzo. Me apresuré a relatarle todo lo ocurrido desde el momento de mi partida, alterando algún que otro detallito en la parte de mi encuentro con la bruja de las nieves para no preocuparlo innecesariamente o quizás para no verme tan Noob. Por otra parte no quería que se enterase que había perdido a Chester. Salvando esos detalles le conté sobre el clima, los diamantes rosados, los monstruos en el recorrido, la comida, los guardias en la entrada de Devias, el granizo, los dos pinitos, la bella Sevina, la iglesia y el retorno al Clan.
-Con que el alma del hechicero y el pergamino del emperador...
Mi maestro reflexionaba sobre aquellas palabras frente a las llamas danzantes que parecían dar vida a cada parte su armadura, a cada uno de sus cabellos, a cada una de sus facciones y a todo cuanto había a nuestro alrededor, mientras yo luchaba por contener la intriga que me generaban aquellas reflexiones.
-¿Dónde consigo esas cosas?- pregunté algo impaciente por tantas pausas, silencios y misterios.
-Vamos por partes- dijo haciendo otro silencio.- ¿Sabes para qué debes encontrar esos objetos?
Negué con la cabeza, no tenía ni la más remota de las ideas.
-Para dejar de ser un Dark Wizard y convertirte en un Soul Master.
-¡¡¿¿Queeee??!!
El corazón se me paralizó y casi me fui de espaldas al suelo ¡¿Soul Master yo?! No se si de nervios o de emoción me atraganté y comencé a toser, Kiire rió sin disimulo mientras yo realizaba arduos y complejos ejercicios de respiración para recuperar la compostura.
-Bien, esos objetos se encuentran en...
-¡Espera, espera! ¡¿Me estás hablando en serio?!- me señalé.- ¡¿Me hablás a mí?! ¡¿Soul Master yo?!
-Basta, Selvheen o te golpearé por idiota.
Respiré hondo y entonces, a duras penas, pude dejarlo continuar.
-Como te decía, esos objetos, el pergamino y el alma, los encontrarás en Lost Tower.
Lost Tower... Kiire pasó la noche diciéndome lo peligrosa que era aquella gigantesca torre negra de siete pisos, perdida en algún lugar recóndito de Devias, repleta de demonios mucho más poderosos que los vistos por mí hasta ese entonces. Mi nueva misión sería derrotar a dichos demonios hasta dar con los portadores de los dos objetos. El primero, el alma del hechicero, era una gema azul con tres puntas, mientras que el segundo, el pergamino del emperador, a diferencia de lo que su nombre indica, no era un pergamino sino un pequeño libro azul violáceo con detalles dorados.
Admito que, esa noche, puse en duda varias veces la cordura de Kiire, me preguntaba cómo esperaba que yo, Selvheen, ex pelador oficial de papas, derrotase siquiera a uno de esos demonios que para colmo nunca atacaban solos. La respuesta no tardo en llegar. Sifin iría conmigo. Por un lado eso me generó un gran alivio pero por otro dañó un poco mi orgullo y, por más que Kiire me explicase una y mil veces que a todo el mundo alguna vez una elfa tuvo que tenderle una mano, no podía evitar sentirme un pobre novato.

Amaneció nuevamente en Devias, Kiire, Zoutah, Sifin y yo nos encontrábamos a pocos metros del campamento ese día, haciendo qué, aún no lo sabía. Hacía un clima fabuloso, no nevaba y el sol lo cubría todo con su fino manto de luz y calor mientras los pájaros cantaban sin cesar.
-Bien, Selvheen, como te dije anoche, hoy cuando se oculte el sol irás con Sifin a Lost Tower en busca del alma del hechicero y el pergamino del emperador- mi maestro hizo una pausa.-Pero antes practicaremos un poco el modo en que lucharás ahí dentro- continuó diciendo mientras se acomodaba el cabello.-Zoutah representará el papel de demonio Mob.
-¡Pero peleará jugando y bien despacito!-acotó rápidamente la elfa al ver mi cara de espanto.
-Es indispensable que estés acostumbrado a los poderes de Sifin antes de entrar a la torre- dijo el Soul Master haciendo nuevamente un silencio para pensar.-Bien, creo que no hay más que decir, así que comencemos.
Mi maestro se frotó las manos, miró a Zoutah y le indicó prepararse, luego me miró y me indicó confiar en Sifin ciegamente, lo que significaba luchar creyéndome el Dark Wizard más poderoso del mundo.
"¡¡Ponte alerta, Selv!!" fue la frase que me devolvió a la realidad. Al parecer mis pensamientos se encontraban dispersos ya que aquellas palabras casi me asustaron. Digo "casi" porque lo que me asustó realmente fue ver como el guerrero corría hacia mí y daba un gigantesco salto con la espada en el aire dispuesto a caer sobre mí. Por reflejo cubrí mi rostro con el brazo sólo para escuchar los regaños de Kiire.
-¡No! ¡Selvheen, no! ¡Teleport! Por los Dioses, Teleport.
Lentamente fui abriendo los ojos sólo para toparme con la gran espada del Dragón a escasos dos centímetros de mi antebrazo. A la orden de "vamos de nuevo" el guerrero se apartó y tendiéndome una mano me ayudó a ponerme nuevamente en pie. Un poco avergonzado por lo recién sucedido, sacudí un poco el cuerpo para quitarme la nieve de encima y de paso conectarme un poco mejor con la realidad. Entonces pude notar que mi persona estaba rodeada por dos auras luminosas, una verde y la otra naranja. Según la Battle Master, la primera de estas dos aumentaba mi defensa mientras que la segunda aumentaba de manera asombrosa la fuerza de mis ataques.
-¡¡Demonios, Selvheen, no te distraigas!!
Esta vez la espada del Dragón terminó junto a mi cuello. Kiire estaba rabioso, Zoutah fastidiado y Sifin como siempre muy entretenida. De todas formas, enojados, fastidiados o como fuere, nos preparamos nuevamente para el tercer intento.
El Dragón corrió hacia mí como un tigre hambriento y dio un gran salto con la espada en alto sobre su cabeza. Esa vez conseguí teletransportarme justo detrás de él mas el guerrero hizo girar la espada alrededor de su cuerpo consiguiendo asestarme un duro golpe que me arrojó con fuerza al suelo sin causarme, para mi gran sorpresa, ningún dolor.
-¡Que no te distraigas!
Aquel grito logró hacerme reaccionar a tiempo para esquivar varios espadazos que llovieron inclementes sobre mí. Tan rápidos eran que me resultó imposible ponerme en pie, así que me teletransporté lo más lejos que pude de mi rival.
-¡Atácalo, Selvhi!-alentaba Sifin como si mi mastodóntico adversario no fuese lo suficientemente aterrador.
Pude ver y sentir como Zoutah me clavaba sus ojos de fiera desde su posición. Temí por un segundo que el guerrero se estuviese tomando las cosas muy enserio. Luego de estudiarme detenidamente con aquella mirada penetrante el Dragón dio un saltó en el lugar con su espada en alto y al caer y tocar su arma el suelo una ola de hielo se abrió paso por entre la nieve hacia donde yo estaba y apresó mis piernas congelándolas por completo. Intenté zafarme pero el hielo me llegaba a las rodillas imposibilitándome cualquier movimiento. El Battle Master sonrió y corrió hacia mí dispuesto a darme la estocada definitiva en medio del estomago.
-¡Twister!-invoqué extendiendo mi brazo y cubriéndome el rostro con el otro en espera de lo peor.
-¡¡Maldición, Selvheen, no te cubras el rostro!!-gritaba Kiire enfurecido.
Abrí los ojos y vi que un pequeño tornado de aire y nieve hacía girar a mi rival sobre su eje.
-¡Lighting!-me apresuré a continuar.
De mi mano derecha brotó como una serpiente eléctrica aquel rayo de luz que enroscó la espada de Zoutah y se la arrancó de las manos en fuerte y repentino tirón. El arma no cayó muy lejos del guerrero y vi que si no inventaba algo pronto este la recobraría sin mayores dificultades.
-¡Ice!
De la blanca nieve, justo bajo los pies del Dragón, brotaron unas largas estacas de hielo que, como había sucedido conmigo, le apresaron las piernas contra el suelo. Zoutah estaba cada vez más furioso, un error sería fatal.
-¡Poison!
Como pequeños tentáculos verdes unas seis o siete raíces no muy gruesas pero resistentes surgieron del blanco suelo invernal envolviendo la espada y comenzando a hundirla bajo la nieve.
-¡Flame!
Una poderosa columna de fuego nació hacia el cielo con tanta fuerza que pareció catapultada justo bajo el Dragón quien soltó un alarido desgarrador. Sin embargo, cubierto de fuego, gritando entre las llamas, Zoutah consiguió liberar sus piernas de la amarra de hielo que lo inmovilizaba ya que el calor de mi ataque la había debilitado.
La mirada inyectada de sangre y fuego, llena de furia, del Battle Master me inspiró un profundo terror que recorrió en un escalofrío hasta la ultima célula de mi cuerpo. Si aquel monstruo se liberaba no podría contarlo al día siguiente. Debía actuar y pronto.
-¡Vengan a mi Evil Spirits!
El cielo comenzó a oscurecer aunque ninguna nube cubriese el sol. Sin motivo aparente, el viento dejo de soplar y un silencio lúgubre lo abarcó todo. Durante los quince segundos que transcurrieron luego, nada ocurrió. De pronto y de todas partes comenzaron a llegar centenares de espíritus negros, compuestos sólo por el rostro, aullando lastimeramente como suelen hacerlo las almas en pena. Los espíritus, seguidos por sus largas y traslucidas estelas negras, rodearon a Zoutah quien, privado de su espada, intentaba inútilmente entre palabras blasfemas espantarlos con sus manos.
-Terminamos- dijo Kiire.
Sin decir más el Soul Master extendió su brazo hacia Zoutah, cerró los ojos y al abrirlos el guerrero fue teletransportado a su lado. Sifin corrió hacia su amado y lo abrazó con fuerza, luego le apoyo la mano en la frente, una luz plateada rodeo al Dragón y todas las heridas de este sanaron por completo.
-Zoutah ¿estás bien?- pregunté al guerrero tímidamente pero con sincera preocupación.
Este respondió dando una palmada en mi hombro y sonriéndome.
-Tienes talento, muchacho. Cuando no necesites de una elfa quiero un verdadero duelo contigo.
Sifin me guiñó un ojo y, tomada del brazo de su amado, comenzó el retorno al campamento.
Miré a mi maestro quien guardaba silencio. Quise tener el poder de leer su mente para saber que pensaba de mí, por supuesto que sabía que haber tenido semejante oportunidad contra Zoutah se debía únicamente al impresionante poder de Sifin. Jamás hasta el día de la fecha he vuelto a presenciar tal magnificencia en los poderes de una elfa de energía. Continué observando al Soul Master dorado, sus profundos ojos celestes cual zafiros deslumbrantes ahora me miraban con dulzura y serenidad.
-Estoy muy orgulloso de ti.
Y sin decir una palabra más Kiire me dio la espalda y siguió los pasos de los Battle Master mientras yo apresuraba la marcha para seguir los suyos.

4 comentarios:

  1. Pobre pinito, a pesar de haber hecho todo lo que pudo y dar parte de su vida lo insultas T__T

    Kayrumi

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  2. man ,espero espero con ansias tu nuevo relato,esta muy bueno =)

    Hector

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  3. Volví a entrar a la página despues de meses de ausencia haber si habías vuelto... y con que me encuentro? con 3 nuevos capítulos ES-PEC-TA-CU-LA-RES, la verdad, un genio escribiendo vos. Te felicito.
    Atte. Nak ^^ (Espero que me recuerdes u.u)

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  4. Hola Selvheen, bueno lei todas tus historias y me parecieron de los mas interesantes, te cautivan desde el principio, sigue asi, de paso me ayudas con el Mu, recien lo empiezo a jugar xD.Saludos y estare esperando tu proxima historia

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